El Surrealismo: Entre André Bretón y Motta Domínguez

Me desperté de golpe, sudoroso, con la sensación de haber vivido una horrenda pesadilla y cagándome en la madre da cada uno de los ministros del área económica. El apagón de la tarde me dejó sin nevera y sin poder terminar un artículo que debía haber entregado en la mañana. A pesar de lo irregular del sueño, nada reparador por cierto, me levanté dispuesto a todo. Después de afeitarme y de darme un baño con el agua helada de un balde -desde hace varios días no hay agua en las tuberías y hace más de cuatro meses que en la urbanización no sabemos lo que es tener gas ni para cocinar ni para el calentador-, escogí con tranquilidad lo que me iba a poner. Debía dar una muy buena impresión puesto que quizá no tendría nunca más una oportunidad de repetir esta entrevista.

Decidí ponerme el traje azul marino de finísimas rayas con el que me gradué de postgrado. Con la pérdida de peso que hemos experimentado en este último tiempo me queda a la medida, "como dedo en chuta" dirían en San Felipe. Una camisa azul claro y una corbata rojo cardenal complementaron mi atuendo. Demás está repetir lo que me decía el espejo; el aspecto de ministro, el aire de "bolichico", la seguridad de empresario exitoso, el talante de "enchufado" exhalaban de mi cuerpo con cada uno de mis movimientos junto con las notas amaderadas entre sándalo, cedro y caoba con pinceladas de vainilla y canela de mi fragancia favorita y de la cual había impregnado prolijamente mi pañuelo. Me puse el reloj de esfera índigo con caja y correa de acero inoxidable y emprendí decidido el camino hacia aquel encuentro inaudito.

El taxi me dejó en la avenida Vollmer de San Bernardino, frente una edificación que en tonos de gris se elevaba con la modesta pretensión de rascarle la barriga a las nubes. En la fachada, grandes letras metálicas, anunciaban claramente CORPOELEC. Y allí entré con aire de quién recorre un lugar que le pertenece. Tomé el ascensor junto a un nutrido grupo de visitantes que fueron desapareciendo pausadamente en cada una de las paradas que hizo el elevador, y allí me quedé, solo con el ascensorista, hasta llegar al piso en donde se aloja la oficina de presidencia.

-¡Buenos días! pronuncié firme pero pausado, al tiempo que mostraba mi mejor sonrisa, la Colt 45 cañón largo.

La chica de la recepción -una morena clara, de cabellera larga lisa y de un negro profundo con iridiscencias azuladas similares al de las alas de los pájaros negros que vi cuando entraba, cantando y pavoneándose sobre la hilera de palmeras que custodiaban un costado de la edificación-, levantó su rostro de unos papeles que ordenaba con cierta brusquedad y al ver mi cara suavizó las facciones y respondió con una tenue sonrisa:

-Buenos días, ¿en qué le puedo servir?

-Vengo a hablar con el ministro, tengo una entrevista concertada con él para esta hora.

-¿Me puede indicar quién lo solicita?

-Por supuesto, dígale que es Carlos Pérez, el Dr. Carlos Pérez Mujica.

Abrió una de las gavetas del escritorio y extrajo una agenda con tapa de cuero marrón colonial y letras repujadas en dorado, la hojeó hasta encontrar el día preciso y luego de revisar alzó la mirada y la dirigió hacia mi mientras mi corazón se aceleraba de tal manera que parecía que había terminado de competir contra el velocista jamaiquino Usain Bolt en una final de los 100 metro planos.

-Lo lamento Dr., usted no aparece "agendado" para hoy.

"¡Coño e’ la madre, que manía esta de querer convertir en verbos todas las palabras que se le ponen por delante!", pensé mientras sin despeinarme ni exteriorizar mi nerviosismo preparaba una respuesta.

-Disculpe señorita, probablemente usted o alguien más haya olvidado anotarlo, pero hace días que el presidente de la empresa concertó esta entrevista con el ministro y yo vengo en su representación para finiquitar los términos en los cuales suministraremos todo el material de reposición para las reparaciones que se deben efectuar en el tendido eléctrico del Zulia. Yo sé que no es su problema, pero acabo de llegar a Maiquetía luego de un vuelo algo complicado, pues por la premura del encuentro, hubo algunos problemas para que la torre de control del aeropuerto nos autorizara aterrizar.

Mentí descarada y convincentemente, al punto de que la muchacha intimidada por mi seguridad se excusó y me mandó a sentar.

-Por favor tome asiento mientras verificamos todo lo concerniente a su audiencia.

Sin pensarlo dos veces, me dirigí hacia unos mullidos muebles tapizados con una piel de la misma tonalidad que exhibía la agenda en que momentos antes había consultado la chica.

-¿Desea tomar algo mientras espera?, ¿Un tecito, café, agua? Dijo la muchacha que se había detenido frente a mí mientras yo absorto miraba la pantalla del celular.

"Querida imaginación, lo que más amo sobre todo en ti es que jamás perdonas" fue el único pensamiento que llenó mi mente en ese instante. La mujer estaba buenísima, sus piernas torneadas, sus muslos potentes, su trasero prodigioso denotaban de inmediato el entrenamiento que escaleras arriba y abajo había tenido antes de coronar con aquel puesto en la administración pública y de encontrar a alguien que financiara los implantes que enmarcaban su maravilloso rostro. Con displicencia -como si no me hubiese impactado su exótica belleza-, le contesté sin apenas elevar el rostro:

-Café, negro y sin azúcar por favor, y le agradecería que agilizara la consulta con el señor ministro porque además de esta entrevista tengo otras reuniones en Miraflores a las que, como usted comprenderá, no puedo llegar retardado. Usted se imaginará lo difícil que resulta reunirse con el Presidente Maduro (le dejé caer esa frasecita como la carnada más apetitosa que encontré en el repertorio para enganchar a Motta Domínguez).

La recepcionista o secretaria no sé cuál era su ocupación real, desapareció detrás de una inmensa puerta de caoba que a pesar de la frialdad de la iluminación que proporcionaban los bombillos ahorradores, emitía unos reflejos broncíneos que transmitían un dejo de calidez al recinto.

Por la misma puerta apareció una asistente con una bandeja en donde venía el café como lo había solicitado, acompañado de una pequeña fuente con galletitas holandesas de mantequilla. "¡Qué bolas tienen en este ministerio!" pensé "¡Llega cualquier bolsa emperifollado y se van de nalgas completicos!".

Al instante apareció de nuevo la recepcionista-secretaria y me anunció:

-Hablé con el señor ministro, tiene algunas cosas pendientes, pero dentro de un momento lo va a recibir. Remató la frase con una sonrisa corporativa, hizo una leve inclinación y se dirigió a su puesto -llevándose mis ojos-, en el mostrador donde la había encontrado al entrar.

Pasaron unos interminables quince minutos en los cuales me entretuve fingiendo que atendía llamadas al celular, yendo y viniendo de la poltrona en la que me había instalado al gran ventanal que iluminaba la oficina para luego deshacer mis pasos y volver a comenzar. En esa vaina me la pasé hasta que, luego de responder un inalámbrico, la chica de la cabellera azabache me indicó que la siguiera.

Me fui detrás de ella, persiguiendo el oleaje de su cintura. Pasamos de la informal oficina a una amplia estancia de lujosa decoración y luego a otra cuya magnificencia envolvía a un carajo que de lentes y gorrita con el logo de CORPOELEC se entretenía leyendo algunas vainas sin levantar la mirada para ver quién había llegado. "Todos los actos del hombre carecerán de altura, todas sus ideas, de profundidad" ¡Qué verga Bretón, salte de mi cabeza! "No hay que cargar nuestros pensamientos con el peso de nuestros zapatos".

-Buenos días señor ministro. Le dije con voz neutra, anónima, sin sentimiento de ninguna clase. A lo que él respondió levantándose de su asiento y extendiéndome la mano.

-¡Caramba doctor, adelante, tome asiento!, y dígame ¿Cómo estuvo su viaje?. Me dijo Yusmary que tuvo algunos contratiempos. Espero que eso no le vaya a hacer pensar que acá en Venezuela no lo tenemos todo controlado.

-No se preocupe señor ministro, las eventualidades típicas de estos viajes por supuesto no serán las causantes de estropear las ideas que en cuanto a su gestión tenemos en el holding.

-Y dígame doctor… -vaciló por un instante, miró hacia el escritorio y siguió- Pérez, ¿A qué debo el honor de su visita? Generalmente mis viceministros son los que se encargan de finiquitar todo lo referente a compras, adquisición de materiales, firma de contratos o ejecución y supervisión de obras de envergadura como las que pensamos ejecutar en el Zulia. ¡Claro de todo eso yo estoy al tanto y cuando hay que salir a poner el pecho… por supuesto que yo estoy delante, dándole la cara a las cámaras, jajajajaja (sonrió socarronamente)!.

-A ver ministro, esta visita es a título personal…

-Pero mi asistente me dijo…

-Sí, sé perfectamente lo que le dijo, pero realmente lo que vengo a conversar con usted no tiene nada que ver con ningún tipo de contrato. Esta visita es a título particular -repetí-.

El semblante de Motta cambió en instantes, los surcos que nacían a ambos lados de su nariz se hicieron más profundos, sus pupilas se dilataron enormemente detrás de los cristales miopes de sus anteojos y tragó saliva ruidosamente mientras su mano izquierda se dirigía hacia el teléfono inalámbrico que descansaba sobre unas carpetas. "¡Anarquía! ¡Oh portadora de luz! ¡Expulsa la noche! ¡Aniquila los gusanos!" vociferó Bretón en mi mente.

-¡Ni se le ocurra ministro, deje sus manos en donde las tiene!. ¡Debajo del saco cargo un chaleco relleno de C4 que estoy dispuesto a hacer estallar al menor sobresalto y como usted sabe la ciclonita no se está con vainas para explotar!.

¡Qué buen actor resulté yo caramba!. ¡Con esta actuación en verdad me gradué de mentiroso y con honores!. La cara del tipo era un poema, se levantó un poco la cachucha ridícula y fuera de contexto que lo unía a sus orígenes en el campo de softbol calcinado y tembloroso de algún pueblito perdido en medio de la llanura, en donde él jamás soñó con tener una oficina con aire acondicionado y se arremolinó los escasos cabellos blancos.

-¿Qué es lo que quiere de mí?, ¿Qué le he hecho yo mi hermano?, ¡yo sólo soy un humilde combatiente al servicio de la Revolución!

A este hombre le iba a dar algo. En cualquier momento se me desmallaba y entonces de nada habría servido el correr tantos riesgos. "Los locos son, en cierta medida, víctimas de su imaginación, en el sentido que ésta les induce a quebrantar ciertas reglas, reglas cuya transgresión define la calidad de loco"

-Cálmese Motta, fundamentalmente vengo aquí para conversar.

-¿Qué quiere que le diga?, ¡Yo no manejo dinero!, soy cuentadante es cierto, pero las órdenes de pago salen de administración, ¡Yo no tengo nada que ver con eso!

-Ya le dije, cálmese ministro, vengo aquí en son de paz.

No había manera. Dijera lo que le dijera, el hombre estaba chorreado. Entonces tomé la iniciativa para controlar un poco la cosa. ¡Recuerda: "Prohibido prohibir" hermano!

-¡Siéntese! -le ordené con cierta severidad, a lo que respondió cayendo desplomado sobre su asiento-. Mire ministro, ¿de verdad usted piensa que los venezolanos somos idiotas?, ¿sabe usted cuántos apagones ocurren a diario?

-¡Pero si ya se los dije, esos cortes son producto de las iguanas que hacen contacto con los cables y se electrocutan dejándolos a ustedes sin servicio eléctrico! -se apresuró a contestar-.

-¡Coño si eso fuera cierto, tendríamos a las iguanas, a los rabipelados y a los zamuros en "El libro rojo de la fauna venezolana"!, ¡Todos estarían en la lista de especies en peligro extinción, no jada!

Me di cuenta que con la arrechera había subido exageradamente el tono y podría haber sobresaltado a la secretaria-asistente-recepcionista que no sé dónde estaría a todas estas. Me acomodé el saco como si de verdad debajo de él hubiese una gran cantidad de explosivos, pasé mi mano derecha por la crisma acomodándome un mechón renuente que se había venido hacia mi frente y continué.

-¿Usted sabe ministro, cuantas personas han perdido sus electrodomésticos a causa de las fluctuaciones eléctricas, usted sabe cuánto cuesta una nevera, cuánto cuesta una lavadora, cuánto cuesta un televisor?, ¡Qué carajos va a saber si usted se aprovisiona con "Mi casa bien equipada"!. ¿Tiene idea de cuánta gente se ha quedado a las puertas del quirófano de alguno de nuestros hospitales porque justo en el momento en el que lo iban a operar se fue la luz?

-¡Mi hermano querido, para resolver eso tenemos las misiones!, ¡si a la gente se le queman los aparatos les damos unos nuevos, bien bonitos, modernos, chinos!, ¡si en los hospitales no los operan tenemos otra misión, no sé, los mandamos a Cuba, les traemos al buque-hospital de los chinos, pero cálmese mi amigo!, ¡yo al igual que usted tengo familia y me preocupo por ellos, por todos los venezolanos!

-¿Cómo nos va a venir con la excusa del sabotaje si usted mismo señor ministro es militar, qué le cuesta mandar a sus subalternos que están "tan interesados" y prestos a cumplir otras actividades que no sean las de defensa de la nación ante ataques extranjeros y ponerlos a custodiar las instalaciones eléctricas?, ¿Tú no me vas a decir a mí que el conflicto del cable sublacustre no se podía prever y poner un par de recluticas, de allá mismo del Zulia, guajiritos, a cuidar la entrada y la salida del cable que va -¡tú mismo lo dijiste no joda!-, por debajo del puente?, ¿y entonces cómo carajos es que si el peo del cable robado es llegando a Maracaibo, todos los días nos quedamos dos y tres veces, cuatro, ocho, doce horas sin electricidad en Barinas, en Guanare, en Mérida, en San Cristóbal, en San Carlos?, ¿es que acaso el Sistema Interconectado Nacional llega primero al Zulia para luego devolverse para el centro del país?, ¡No me jodas "ministro"!. ¿Escuchaste el tonito burlón con que te dije "ministro"?, ¡eso es porque pienso que te quedó grande la cartera!, "Tanta fe se tiene en la vida, en la vida en su aspecto más precario, en la vida real, naturalmente, que la fe acaba por desaparecer". ¿Sabes quién dijo eso "ministro"?, ¡André Bretón, surrealista de pura cepa!, Tú estás haciendo añicos la fe del pueblo!, ¿No te parece hora de renunciar, de reconocer tú incompetencia?

El tipo estaba que lloraba, le temblaba la barbilla, le temblaba todo el cuerpo. Una capa de finas gotas le pringaba la cara y dos arepas oscuras manchaban la camisa de kaki desde las axilas hasta donde debería tener las tetillas. Pero ya no podía parar. Tenía el tiempo en mi contra y muchas preguntas que hacer. Yusnavy, Yusmary, la secretaria no tardaría en volver a entrar, a ver si se nos ofrecía algo y este tipo con lo nervioso que estaba me iba a delatar.

-¡Desde 2015 pana estás tú en este cargo!, ¿y es ahora cuando vienes a "reconocer" que hubo desinversión?, ¡No me jodas!, ¿qué piensas hacer, vas a mandar a realizar una misa como Quevedo?, ¿así es que piensas resolver este peo, con la ayuda de Dios?, ¡qué bonito vale!. ¿Tú no te acuerdas chico de un tal Mathias Rust, un alemancito de apenas 19 años que aterrizó una avioneta en plena Plaza Roja de Moscú?. Bueno, te cuento que para esa época Mijaíl Gorbachov que era el presidente de la Unión Soviética, se echó al coleto a todo el alto mando militar por no hacer bien su trabajo. ¡El chamo no mató a nadie, no quemó ninguna lavadora, no hizo perder reales a ningún comerciante, no echó a perder nada y sin embargo a Seguéi Sokolov y a Alexander Koldunov -ambos héroes de la Segunda Guerra Mundial- se los pegaron!. Hace sólo unos días un ministro británico, Michael Bates se llama, renunció a su cargo avergonzado por que llegó dos minutos tarde al Parlamento. ¿Entonces, qué me dices tú en tu defensa?. Yo no dudo que haya sabotaje, pero ¡por favor "señor ministro" no nos creas idiotas!. A cada rato chico, nos sales con el cuento de que se electrocutó un carajo que estaba cortando los cables de algún sector del tendido eléctrico, pero ¿cómo justificas tú que con lo amarillistas que son los periodicuchos regionales, en ningún momento salgan las fotos de los tipos rostizados en las últimas páginas de esos pasquines?

-Pero bueno camarada ¿usted no entiende que tenemos encima una guerra económica, que el Imperio nos bloquea, que los enemigos internos están siempre saboteando?, ¿es que usted no tiene espíritu nacionalista?

-"Amo demasiado a mi país para ser nacionalista", ¿sabes quién dijo eso Motta? ¡Albert Camus, compadre!. ¡Tú no me vas a venir a mí con el cuentico ese de que todo lo malo que nos ha caído encima es sólo producto de la guerra económica!. Ahí tienes tú al loco de Valencia, ¿cómo hizo ese tipo para comprar ese carajazo de buses en Estados Unidos -en el Imperio mismo-, en medio de un bloqueo?, ¿cuánto del presupuesto anual de la nación se está evaporando por obra y gracia de la corrupción?. ¡Tú eres tan arrecho, tan de comiquitas vale, que te vas a una represa disfrazado de submarinista para convencernos de que estaba seca!, coño chico, ¿pero si estaba seca la vaina qué tenías tú que hacer vestido a lo Jacques Cousteau?, ¡tenías que haberte ido a recorrer en moto la vaina, en un jeep, en helicóptero, para que vieran los efectos de la sequía, pero nadando, tú si tienes bolas de verdad!

De pronto se abrió la puerta bruscamente. Apenas tuve tiempo de hacerme a un lado, vi a varios tipos uniformados de verde con pasamontañas cubriéndoles el rostro y armados hasta los dientes que saltaron como fieras sobre mí. Sentí un fuerte dolor en la nuca y otro más en el costado. "La rebelión y sólo la rebelión es creadora de luz, y esa luz no puede tomar más que tres caminos: la poesía, la libertad y el amor".

Cuando desperté estaba tirado en el piso. Tenía la garganta seca y el corazón aún agitado. Sentía adoloridas las costillas. Me había caído de la cama, me golpee la cabeza hacia la nuca con la mesita de noche. La luz del cuarto estaba encendida. La electricidad había llegado.



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Carlos Pérez Mujica


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