Deuda externa y bonanza petrolera en Venezuela

Un fenómeno aparentemente paradójico y difícil de explicar en Venezuela es que en épocas de bonanza la economía incrementa sus niveles de endeudamiento. Como se observa en la Figura 1, entre 2004 y 2012 aumentaron los ingresos petroleros, pero al mismo tiempo se expandió la deuda externa en 233,3%. El mismo hecho ocurrió en la gran bonanza anterior, entre 1974 y 1980, los compromisos con el extranjero aumentaron en 979,1%.

En los periodos de boom la deuda se nos presenta como manejable, dado que la sobrevaluación cambiaria, genera la apariencia de que el peso de la misma en el PIB es sostenible en el tiempo. Sin embargo, cuando los ingresos caen, se pone de manifiesto la imposibilidad de sostener la deuda, por lo que para sanear las finanzas públicas se hacen necesarias medidas de ajuste, cuya finalidad es hacer frente a las obligaciones adquiridas. Pero lejos de cancelar la deuda externa, lo que termina sucediendo es que se busca negociar financiamientos con organismos multilaterales, para pagar parte del monto adeudado, es decir: obtener más deuda.

A este fenómeno le han aparecido distintas explicaciones: la más difundida en el establishment político y económico, argumenta que la expansión del gasto público es de tal magnitud, que los ingresos fiscales y petroleros se quedan cortos ante semejante gasto. Esta explicación pone énfasis en las políticas de los gobiernos “populistas”, que elevan el gasto y no ahorran lo suficiente en épocas de auge, para luego invertir en épocas de recesión. Así, la deuda aparece como la voluntad subjetiva de los políticos “irresponsables”. Por otra parte están los análisis de la izquierda, que colocan la deuda como un saqueo de las grandes potencias a Venezuela, piensan el endeudamiento como un mecanismo de dominación neocolonial, y por lo tanto, el no pagar la misma lo ven como una medida soberana.

A nuestro juicio, estos enfoques cometen el error de olvidar los cambios ocurridos a escala internacional y el impacto que estos tienen en la industria local, ya que el proceso de desarrollo capitalista aunque se presenta en su forma nacional, es esencialmente global en su contenido. Por ello para comprender el desarrollo capitalista en Venezuela, es necesario entender los cambios ocurridos a escala internacional en las formas de producción a través de la robotización y computarización del proceso productivo. Durante la segunda mitad del siglo XX, en el mundo capitalista desarrollado, se producen una serie de cambios tecnológicos que trajeron giros en el curso de la acumulación de capital.

La microelectrónica que permitió la robotización de la línea de montaje, la computarización del proceso de ajuste de la maquinaria y el desarrollo de las telecomunicaciones, generaron un aumento importante de la productividad. Este proceso en un primer momento se da en Japón, pero luego en los años 60’, se incorporan al mercado mundial Taiwán, Corea del Sur, Hong Kong y Singapur. A fines de los 70’ se unen Tailandia, Malasia, Filipinas e Indonesia. Mientras que a finales de los 80’ se acoplan países como Bangladesh y Sri Lanka y durante la década de los 90’, dados el tamaño de su población y los bajos salarios, aparece China.

Las consecuencias para Venezuela de estos cambios ocurridos a nivel global, son dos: La primera, es el rezago competitivo de los capitales industriales locales. Los países del este asiático al potenciar su industria y disminuir los costos de producción pueden tomar los mercados mundiales con sus mercancías abaratadas, la industria venezolana al no ser competitiva se ve imposibilitada de exportar, quedando atada a tener que producir para el mercado interno. La segunda, es que el país solo puede exportar mercancías portadoras de renta diferencial de la tierra, es decir: petróleo.

Entre los países capitalistas desarrollados se forma un eje de competencia para abastecerse de materias primas baratas y proveer de insumos a su industria, por lo que deben poner en funcionamiento territorios dónde la productividad se encuentra subordinada a condiciones naturales no controlables por el capital medio. Por lo tanto, Venezuela al tener capitales de baja competitividad, no tiene otra alternativa que insertarse en el mercado mundial como proveedor de materias primas.

A esta altura cabe hacerse una pregunta: si las empresas locales son ineficientes ¿Por qué no quiebran? Es aquí donde entra el tema de la deuda externa. Al no poder insertarse en el mercado mundial, los capitales que operan para el mercado interno deben obtener una fuente de riqueza que compense el rezago industrial. Esa fuente de riqueza es la renta petrolera captada en el mercado mundial, en tanto propietario de los pozos que no poseen los mayores costos de producción, pero cuando la renta petrolera no alcanza, el Estado Venezolano debe recurrir al endeudamiento externo.

El principal mecanismo de transmisión de dicha riqueza es la sobrevaluación cambiaria. Para entender cómo actúa la sobrevaluación del tipo de cambio como mecanismo de transferencia de riqueza veamos un ejemplo:

Si el tipo de cambio a la paridad es de 100 Bs/$, con 100 Bs el sector importador obtendría un dólar, pero si el Estado decide sobrevaluar la moneda fijando el tipo de cambio por debajo del de paridad, supongamos 10 Bs/$, ahora el sector importador podrá obtener 10 dólares. El que compra los dólares abaratados se beneficia porque obtiene una cantidad mayor de divisas. Los 9 dólares excedentes, son una transferencia de riqueza del sector generador de divisas al el sector importador. En el caso venezolano el sector que provee 96 de cada 100 dólares que ingresa a la economía, es el petrolero, que está en manos del Estado, de forma que desde el sector público opera una transferencia de renta petrolera hacia el sector privado.

La deuda externa de Venezuela se incrementa durante el periodo 1975-1980 en 1182,8%, este incremento significativo coincide con los planes estatales de industrialización por sustitución de importaciones, que en principio estuvieron dirigidos a fomentar las exportaciones e insertar el capital local en el ámbito internacional. Este intento se llevó a cabo por medio de una política de promoción del sector automotriz, cuyo objetivo era fabricar en el país el 90% del vehículo, incluyendo el tren de conducción.

La elevada magnitud de la renta petrolera, generó la ilusión de que el Estado Venezolano podía promover la modernización del país y modificar así el curso de la acumulación de capital. Esta ilusión se alimentó con las estrategias locales de los fabricantes de autos que necesitaban abastecerse de materias primas baratas, lo que llevo apoyar los programas nacionales de desarrollo de la industria automotriz llevados a cabo en América latina.

El aumento del stock de deuda que se da durante este periodo de bonanza tuvo como finalidad, sostener un proceso de industrialización atrofiado que se mantenía mediante el abaratamiento de los bienes de capital con la moneda sobrevaluada. Otra función de la deuda era la de generar la capacidad de compra interna para realizar la plusvalía de los capitales industriales ineficientes que operan para el mercado nacional, luego que esta deuda pública es convertida en gasto público.

En el período de 2004 a 2014, caracterizado por una bonanza petrolera, la deuda se incrementó en 246,4%, pasando de 39.193 millones de dólares a 135.738 millones de dólares, según datos del Banco Mundial. Pero la diferencia de este periodo con respecto al descrito anteriormente es que el endeudamiento no es para apalancar un proceso de industrialización sino que por el contrario la acumulación de capital avanza liquidando al capital industrial aceleradamente en beneficio de los capitales más concentrados y los capitales comerciales (que es uno de los más favorecidos en la apropiación de la renta). En este período el capital industrial se ve marcadamente desplazado por el capital comercial ya que los bienes manufacturados nacionalmente son sustituidos directamente por la producción importada.

Al mismo tiempo durante este lapso, la posición de la inversión internacional del sector privado pasó de 70.264 millones de dólares a 170.264 millones de dólares. Esto significa que el sector privado incapaz de competir en el mercado mundial, logro aumentar sus activos en el extranjero en 142,32%. Esto es, las empresas privadas posean en sus cuentas del extranjero diecisiete veces las reservas internacionales de Venezuela.

Este drenaje de divisas del sector privado impone la necesidad al Estado de aumentar el endeudamiento externo para poder sostener las reservas en divisas que respaldan el tipo de cambio sobrevaluado. Durante este período la acción política del Estado estuvo orientada a reponer constantemente las reservas internacionales mediante el endeudamiento público, que se magnificaba con el elevado riesgo país y las correspondientes altas tasas de interés que debía cancelar por contraer deuda.

Así, queda claro que el incremento de la deuda externa no se debe al incremento del gasto de los políticos populistas, sino que la economía venezolana se encuentra ante un ciclo nocivo en el cual la renta no alcanza para sostener a los capitales industriales ineficientes, lo que obliga a buscar en la deuda externa un flujo de riqueza que permita sostener el proceso de acumulación de capital por demás agotado. El drenaje de dicha riqueza por parte del sector privado obliga al Estado venezolano a aumentar sus compromisos en moneda extranjera para sostener un nivel de reservas adecuado, pero que a la vez no generan rendimiento alguno para la economía, ni tampoco la plusvalía necesaria para hacer frente a dichas obligaciones.

La evidencia empírica pone de manifiesto que la deuda externa se convirtió en una masa de riqueza ingresada a la Nación en beneficio de los capitales locales, para no volver a salir de él, por más que el sentido común izquierdista piense que los servicios de la deuda externa pública han constituido un saqueo a la economía. Al contrario, el Estado ha ido ampliando su endeudamiento por encima de los intereses devengados, poniendo de manifiesto los limites particulares a los que se enfrenta la forma específica que toma la acumulación de capital en Venezuela

Figura1. Exportaciones totales per cápita y deuda externa acumulada 1970-2015

Elaboración propia a partir del Banco mundial y BCV

1 Pedro Delgado González. Economista egresado de la universidad Central de Venezuela. Maestrando en Teoría y Política Económica por la misma casa de estudio. Investigador independiente correo: pedroe.zam@gmail.com

 



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