Cuanto pagar por la gasolina

Después de muchos años de subsidio al consumo de la gasolina en el transporte automotor venezolano, de pronto despertamos a la realidad de que cuesta menos que un vaso de agua; evaluamos las considerables pérdidas por encima de las grandes ganancias que proveen nuestras ventajas petrolíferas, nos alarmamos con la realidad de que el contrabando es culpa del bajo precio de nuestra gasolina y comenzamos a discutir sobre cuanto se debería cobrar por litro en las estaciones de servicio.

Sabemos que el contrabando exacerbado y no solo de gasolina no es más que una nueva arma en la guerra contra la estabilidad de la Revolución Bolivariana, disparada por los enemigos del socialismo desde la dirección del imperio y seguido inmediatamente, por inclinación vocacional, por monopolistas, comerciantes, vividores, tracaleros, arribistas, buhoneros de muy amplio espectro y todo cuanto bicho de uña considera que siempre es mejor el sistema “sálvese quien pueda”, o sea, la filosofía de la piñata: el que da más codazos coge más caramelos y definitivamente no creo que el contrabando sea una buena justificación para impedir al Gobierno Revolucionario otorgar subsidios selectivos para ir regulando la distribución de bienes y servicios en función de los niveles de poder adquisitivo, colocándolos al alcance de muchos venezolanos a precios menores al de los mercados internacionales.

El precio de la gasolina no podrá ser ajustado a precios internacionales de un tirón por cuanto sería “un gran pretexto” para el enemigo, en su apátrida lucha contra el país. Subirían cuanto precio se les antojara “por culpa del alto costo del transporte” y de no ser igualada a los precios en el exterior, por mucho tiempo seguiría justificándose el contrabando. Esta contradicción nos sugiere darle la vuelta al problema por otro lado.

Yo prefiero preguntarme si es oportuno en este momento hacer ajustes significativos en ese sentido y creo que es más importante considerar todos los aspectos de la cruenta guerra económica con la cual nos ataca el enemigo por todos los flancos y la efectividad que hemos logrado en cada campo de batalla.

Ciertamente, antes de alimentar el desconcierto que en efecto logra la malintencionada y criminal guerra económica, añadiendo el tema del incremento de costo de la gasolina, convendría terminar de aplicar toda la fuerza represiva contra los criminales de guerra con aplicación de leyes cónsonas con la traición a la patria, mientras alistamos tropas, armadas hasta los dientes con instrumentos industriales para comenzar de inmediato a producir en grande lo que a medias y como instrumento de sometimiento y extorsión producen los cuatro monopolistas que hoy mantienen en jaque la revolución.

El Socialismo del Siglo XXI y la Revolución Bolivariana se consolidan si vencemos la dependencia económica de importaciones y monopolios ya inexplicables a estas alturas… y la gasolina, mientras tanto, la podemos ir ajustando con incrementos equivalentes y coincidentes con el incremento del salario mínimo, hasta que pueda llevarse al precio natural, costo mas ganancia, sin traumas ni convulsiones.


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José Claudio Laya Mimó

Profesor Universitario

 joseclaudiolaya@hotmail.com

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