La gasolina y el tiempo histórico

El aumento del precio de la gasolina tradicionalmente se ha considerado como un tabú. Las lecciones históricas que las políticas neoliberales implementadas en torno al tema, todavía tienen consecuencias muy recientes. Pero esto no debe convertirse en obstáculo para la necesaria sinceración, que permita un ajuste real y equilibrado, que se adecue a las exigencias de nuestra economía y que no produzca desequilibrios ni anomalías al interior de la sociedad.

El bajo precio histórico del combustible en Venezuela ha sido una pesada carga para los gobiernos. La reminiscencia más actual nos sitúa en 1989 cuando los tecnócratas de la representatividad democrática inducidos por recetas neoliberales impusieron un indiscriminado aumento del 100%, sin generar un programa alternativo para reducir el impacto social. Sabemos las nefastas consecuencias que esto tuvo para nuestra sociedad. De allí en adelante se produce un acelerado proceso de descomposición social y se resquebrajan las bases de los acuerdos políticos que permitían la alternancia bipartidista en el poder. Sin embargo 5 años después con nuestra economía golpeada duramente por la crisis bancaria de 1994, llevaron al último gobierno de la IV república a imponer un aumento en 300% dentro de lo que se denominó la “Agenda Venezuela” impulsada por el FMI.

La revolución bolivariana, antes de someterse a cualquier dictamen de organismos financieros o crediticos internacionales, tomo un camino distinto. Para el comandante Chávez la prioridad no eran los recursos extras que un aumento del combustible aportaría al fisco. La prioridad era recuperar la soberanía sobre nuestro principal recurso energético. En el último tramo de la representatividad democrática los gobiernos de Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera habían adelantado el desmantelamiento de nuestra principal empresa bajo la máscara de la llamada “Apertura Petrolera”. Pero no sería hasta 2002-2003 posterior al “Paro Petrolero”, artero intento de parar totalmente la producción por parte de los gerentes de la antigua PDVSA, que se generaron las condiciones para la recuperación definitiva de nuestra industria.

Se inició entonces una verdadera etapa de reconstrucción nacional. El producto del petróleo se invirtió en la sociedad, en los históricamente excluidos. Pero nuevamente como un reflejo recurrente se presenta la necesidad de adecuar el precio del combustible destinado para el consumo interno.

Para poder darnos una idea del tema es necesario recurrir a las cifras. Así tenemos por ejemplo que un litro de gasolina cuesta actualmente 0,097 BsF, mientras que en las bombas internacionales del Servicio de Abastecimiento Fronterizo Especial de Combustible, propiedad de PDVSA se vende en 20 Bsf el litro. Así llenar un tanque de un auto promedio de 40 litros en Venezuela equivale a 3,88 Bsf, mientras que en las bombas internacionales 800Bsf. La diferencia en este caso es de 796,12 Bsf. El precio promedio mundial aproximado de la gasolina es de 1.35 dólares por litro. 40 litros es igual 54 dólares, es decir 2698,92 Bsf (a tasa SICAD 2). El precio del litro de gasolina en los EEUU, la UE o Japón está alrededor de 0,90 dólares. 40 litros cuestan 36 dólares, es decir 1799,28 Bsf. En el país existen 2.684 unidades de distribución (cisternas). Un cisterna de capacidad de 38.000 litros cuesta con el precio actual 3686 Bsf. En cifras de la Agencia Internacional de Energía, Venezuela subsidia el 75,3% del costo de todo el combustible para consumo interno, lo que representa el 5,1% del PIB. Tenemos un consumo interno de 299 MDB. Cada venezolano consume aproximadamente 540 litros de gasolina en promedio cada año, en contraste con los 80 litros en Colombia, los 115 litros en Brasil y los 215 litros de Chile. La conclusión lógica es que en Venezuela no se paga por la gasolina, se paga es por el servicio en las estaciones.

Vemos como este subsidio genera una distorsión económica importante. No se ajusta a la realidad mundial ni al hecho de que el petróleo es un recurso natural no renovable. Por otro lado está el impacto ecológico (el medio ambiente, el calentamiento global, las emisiones de CO2 a la atmosfera) que determinan un nuevo enfoque en cuanto a los combustibles fósiles se refiere. En estos momentos una botella de 1,5 litros de agua cuesta 15 Bsf es decir casi 150% más que un litro de gasolina y estamos ante una sequía mundial.

Ante este panorama es de trascendencia el llamado nacional para debatir el tema, hecho por el presidente Nicolás Maduro. Pero no faltan las voces agoreras que buscan politizar y manipular el tema. Los que se oponen a una sinceración de los precios en el presente, son los mismos que doblaron su cerviz ante el FMI en el pasado. Debemos ser responsables con este recurso. De lo contrario serán las generaciones futuras las que sufran las consecuencias.


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Hugbel Roa

Ministro para Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología

 @hugbelpsuv

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