La educación

¿Cuál es objeto de los sistemas educativos en cualquier sistema social? El objeto de la educación consiste en enseñar (mostrar) a las diferentes castas y clases sociales cómo producir bajo las relaciones de producción imperante es ese sistema; así como, fijar en el subconsciente de los niños, y niñas, hombres y mujeres cual es el papel de cada casta o clase social en esas relaciones de producción. Para lograrlo el sistema educativo crea una distorsión (intelectual, sicológica y espiritual) de la realidad que permite justificar (hacer “lógico, natural e invisibles”), ante los ojos humanos, las relaciones de dominio de una casta, de una clase social, inclusive de un pueblo por otro: aunque eso sea la causa de la desgracia de la humanidad. Luego de este proceso educativo las castas o clases sociales dominadas asumen con “naturalidad y racionalidad” su papel en las relaciones de producción y en la sociedad. En sociedades capitalistas la educación enseña como reproducir las relaciones de producción capitalista; enseña cual es el papel de clase dominada de las clases obreras y campesinas frente a la burguesía o el imperialismo: enseña la “lógica, natural, invisible e inmanente” de quién explota a quién “por los siglos de los siglos”. Y es ese mismo sistema de enseñanzas el pretende enseñarle sumisión (y en algunos casos admiración) a la clase obrera frente a la burguesía o el imperialismo. Admiración y sumisión que logran engañando a la clase obrera alegando impartir unos conocimientos “neutrales, desideologizados y racionales”, que resultan en que los obreros y campesinos sientan un desapego por su propia clase social, por sus intereses y por el contrario abracen con fervor los intereses de la burguesía y el imperialismo. Ese engaño hace que los obreros y campesinos sueñen con explotar a los de su clase para tener la vida, los carros, las casas y los viajes de que los explotan. Este es el caso de la llamada pequeña burguesía conformada por trabajadores que cobran salario (son dependientes) pero no se reconocen como parte de la clase obrera, aún niegan todo parentesco con ella y se presentan sumisamente frente a la burguesía y el imperialismo como instrumento para lograr la explotación de la clase obrera.

La Bajo esta perspectiva se impone la necesidad de establecer cuáles son esas relaciones de producción que reproduce la educación capitalista. Para luego, a partir de allí, ¿determinar si la educación está cumpliendo o no con su papel?

Por otra parte, para que este trabajo tenga un sentido práctico se hace imprescindible conocer cómo la educación en países como Venezuela, poseedor de importantes recursos naturales explotados por los imperialismos existentes, reproducen el modelo neocolonial de sus economías. Esto es, se educa para que la clase obrera y campesina ignore, acepte, mantenga y reproduzca las relaciones de producción neocolonial.

En una economía capitalista el obrero (el trabajador profesionalizado o no) tiene la función de producir valor, principalmente, para el capitalista. El capitalista se apropia de la mayor cantidad de valor alegando ser el dueño de los medios de producción (máquinas, materia prima, e inmuebles) y el que paga la mano de obra. Sin embargo, con toda la automatización de la producción la falta del obrero (operario o administrativo) hace imposible la generación de mercancías. Por otra parte, en las relaciones de producción capitalistas la división del trabajo entre trabajo físico e intelectual; entre obreros no calificados, semi –calificados o calificados y los obreros gerentes no sólo se pretende organizar mejor el trabajo para hacerlo más productivo sino que sirve para dividir y enfrentar a la propia clase obrera. A partir de esa división se impone el espejismo según el cual el obrero no calificado es visto en forma despectiva, como escoria o poca cosa, que vive del uso de la fuerza bruta, del trabajo manual, bajo condiciones económicas y sociales casi inhumana. Y, por otra parte, los que el sistema capitalista califica de Empleados (técnicos y profesionales u obreros semi calificados y calificados), de Funcionarios Públicos (igualmente, técnicos o profesionales) o de personal de dirección o de confianza (Presidentes, Directivos o Gerentes) son aquellos que utilizan en mayor proporción su capacidad intelectual para producir valor. Estos últimos, asumidos por el sistema capitalista como seres humanos de otra raza viven bajo condiciones económicas y sociales privilegiadas. Aunque, dentro de la categoría de los obreros calificados no todos tienen los mismos privilegios (condiciones de vida).

En la cúspide de la escala se encuentran los Directivos y Gerentes (el personal de confianza) que por su función de organizar la producción y aumentar la productividad del trabajo, o mejor dicho, por organizar y hacer más eficiente la explotación del trabajador, los capitalistas los benefician con mayores privilegios e inclusive tratan de hacerles creer que son propietarios. Por su parte, el resto de los Empleados (técnicos y profesionales) y Funcionarios Públicos tienen muchísimo menos privilegios que estos últimos; pero, muy por encima de los que el capitalista califica como obreros. Aunque, dicho sea de paso, los empleados, funcionarios públicos u obreros no calificados sean calificados por igual como gente del monto por sistema capitalista: esencialmente piezas sustituibles dentro de la maquinaria productiva o administrativa.

Como se ve la división del trabajo no tiene una función esencialmente productiva como nos quieren hacer ver los capitalistas sino que tiene como fin dividir a la clase obrera, colocar a una parte de ella (los Empleados y Funcionarios Públicos) en contra de la otra (el resto de los obreros) y a los obreros gerentes y funcionarios directivos como enemigos de las primeras dos. Utilizar a los propios obreros para organizar y hacer más eficiente y brutal su propia explotación.

En esta tarea de explotación, el proceso educativo juega un papel importantísimo en el mantenimiento de estas relaciones de producción capitalistas. La razón es que da “lógica y naturalidad” a la alienación (el extrañamiento) de la clase obrera respecto a lo que produce, eliminando cualquier sentido de pertenencia respecto a lo que produce e inclusive respecto a su propia clase y a sus propios intereses como persona. El sistema educativo cambia y entrena la mente (el conciente y particularmente el subconsciente) de los obreros para que no identifiquen o abandonen sus intereses de clase para abrazar los intereses de la burguesía y el imperio. La educación capitalista contribuyen de manera destacada (al igual que superestructuras como la religión, la política y el aparato policíaco- militar por nombra tres) a que la inmensa mayoría de los trabajadores abandonen su derecho a beneficiarse de su propio trabajo para privilegiar el derecho de los pocos burgueses e imperialistas (parásitos dueños de los medios de producción) que se apropian de la mayor cantidad de riqueza producida por los trabajadores. De aquí que el culto al tecnicismo, al desarrollo de una cultura de obediencia acrítica, admiradora sumisa de las culturas imperiales y eliminadora de todo sentido de pertenencia de clase y de patria contribuyen muy bien a este cometido.

En ese sentido una cultura de obediencia acrítica que elimine la capacidad para reflexionar la realidad y permita identificar sus intereses de clase; borra cualquier sentido de pertenencia o de intereses comunes dentro de la clase obrera efectivamente beneficia profundamente al capitalista y al imperialista en sus relaciones de producción de explotación del obrero. En la medida en que los obreros no reconozcan sus intereses comunes y sean más sumiso, estos es, que tenga una baja autoestima (que les impida creer en sí mismo), en esa misma medida, es fácil presa de explotación capitalista.

Para cumplir con este objetivo de explotación, el sistema educativo capitalista va clasificando y descartando a los futuros obreros en función de su grado de sumisión, acriticidad, capacidad intelectual, falta de sentido de pertenencia y admiración a la cultura imperial. Bajo esta clasificación va incluyendo o descartando los que se desempeñen mejor en el manejo de las herramientas productivas que sirven a las relaciones de producción capitalista. En este sentido, los estudiantes menos hábiles, menos sumisos o con mayor sentido de pertenencia, respecto a su clase y su entorno, son rápidamente descartados del sistema educativo e, igualmente, rápidamente incorporados al sistema capitalistas como obreros no calificados. Estos obreros tienen una iniciación temprana en su proceso de explotación y embrutecimiento, básicamente, a través del uso de su fuerza física.

Posteriormente, los estudiantes más hábiles en el manejo de herramientas o más sumisos, con menor sentido de pertenencia o más admiradores de la cultura imperial son descartados del sistema educativo en función de las necesidades técnicas del sistema productivo capitalista o de acuerdo al alto grado de habilidad, acriticidad, sumisión o admiración de la cultura imperial. Los futuros obreros que realizan estudios universitarios reciben una dosis adicional de sumisión y de baja auto estima junto a una profundización de acriticidad, de falta de reflexión respecto a su realidad, de adoración a la cultura imperial y de eliminación de todo sentido de pertenencia; así como, un culto exacerbado al individualismo. Esta carga ideológica del sistema educativo propicia la entrega dócil y entrenada de los obreros a las relaciones de producción capitalista.

El uso intensivo de la ideología capitalista en las Universidades se produce en razón de que dichos obreros deben aprender allí herramientas más sofisticadas para la explotación de la clase obrera y ello lleva a que su enajenación mental deba estar más asegurada; deba ser asumida por todos estos obreros como más “lógica y natural”. Muchos de ellos servirán al capitalista y al imperialista a organizar mejor y más eficientemente la explotación de los otros obreros y la extracción de la riqueza de sus propios países.

El desarrollo de habilidades técnicas “asépticas y neutras” se constituyen en una suerte de idealización en manos de los penúltimos instructores del sistema capitalista: los profesores universitarios. Su aislamiento de la economía productiva capitalista les permite realizar mejor su papel de adormecedores de la conciencia y de la capacidad crítica de los futuros obreros. Condición que se ve completada exacerbada con el carácter que tienen los profesores universitarios de ser admiradores a rabiar de la cultura imperial y de su individualismo capitalista. Lo profesores universitarios, en cuanto seres acomplejados y acomodaticios, desde el punto de vista productivo, cumplen a la perfección su papel de bajarle la autoestima a los futuros obrero de profundizar la sumisión, la acriticidad y la falta de sentido de pertenencia. Estos instructores del capitalismo requieren de todas estas minusvalía en los estudiantes para “demostrar”, por todos los medios, que el manejo de los conocimientos teóricos sobre las herramientas imperiales (que ellos imparten) son muy difíciles y en todo caso son pocos y hasta privilegiados los que pueden conocerlos. Eventualmente, trabajan la autoestima de los estudiantes universitarios, mediante este método capitalista castrante, para llevarla a sus niveles más bajos. A tal grado, que el estudiante no pueda reconocer sus intereses de clase, de país e inclusive como individuo, aunque actúe en forma individualista. Los estudiantes universitarios están a merced de las frustraciones de quienes se justifican a sí mismo bajo un manto de sabiduría, que no es tal; por cuanto, si de algo se caracteriza, una importante cantidad de dichos profesores, es por su incapacidad o flojera para pensar y por su poquísima capacidad para producir conocimiento nuevo. Ni que decir de su individualismo exacerbado, su culto al conocimiento imperial y su bajísima autoestima. Estos instructores son meros loros repetidores de las alienantes herramientas, formas de pensar e ideología de los centros imperiales.

Este adormecimiento de la conciencia que se da en la Universidades y en general en todo el sistema educativo sólo se ve complementado y aún superado por los medios de comunicación capitalista con sus modelos de consumo y manipulación mental, por la droga que idiotiza, por los audífonos que se colocan en los oídos para escuchar música todo el día y, principalmente, por sus “inocentes” juegos de video, que están diseñados para que desde temprana edad (5 años o menos hasta los 80 años) le roben la paz a las mentes de nuestros hijos y la sustituyan por un ritmo mental frenético, ocioso y violento que elimina toda conciencia, sentido de pertenencia o reflexión y los prepara como obreros inconcientes para las relaciones de producción capitalista. Todos estos elementos educativos (los formales e informales) profundizan la labor de anular la conciencia de los obreros para su posterior explotación capitalista.

Lo contrario a este sistema educativo capitalista, sería un sistema educativo que estimulara una buena autoestima en los estudiantes, que estimulara la capacidad de análisis de los trabajadores respecto a su realidad y permitiera identificar sus verdaderos intereses de clase. Un sistema educativo que desarrollaría un sentido fuerte de pertenencia a su clase, a su país, a su familia y a su grupo de amigos. Sería un sistema educativo que resaltaría la cultura patria y utilizaría las herramientas y las técnicas productivas para la redistribución comunista de la riqueza en el seno de la clase obrera. Este sistema educativo no toleraría que el adiestramiento en determinadas herramientas se convierta en algo alienante y frustrante, en la que técnica sustituye la capacidad de raciocinio de los obreros. Finalmente, la buena autoestima que generaría este sistema educativo aclararía los intereses de clase de los obreros e impediría su sumisión al capitalista y a las relaciones de producción capitalistas. Todos estos elementos están negados en la universidad y, en general, en todo el sistema educativo capitalista.

Un rápido paseo por nuestros educadores de preescolar, primaria y secundaria dan cuenta de su baja autoestima, su poca confianza en sí mismo, su alto grado de sumisión a los ideales del sistema capitalista, su admiración por la cultura imperial, su falta de sentido de pertenencia a un clase y a una patria, su nulo sentido histórico y su carencia o auto limitación casi absoluta para pensar. Los educadores en cuanto repetidores desmemoriados e irreflexivos de las ideas de la sociedad capitalista e imperial hacen una inmensa contribución al sometimiento de los obreros en su explotación por los capitalista.

Los educadores de todos los niveles son simple instrumentos de la enajenación capitalista. Son simple reproductores de su propio ser social. Por ello no pueden enseñar otra cosa que no sea baja auto estima, sumisión, espíritu acrítico, conformismo, individualismo, carencia de sentido de pertenencia, admiración a las formas de consumo y la cultura imperial; y en general, docilidad frente a las relaciones de producción capitalista e inconciencia de clase obrera y campesina respecto a sus intereses.

Pero, la educación no se termina en el sistema educativo formal, su profundización ocurre y encuentra todo su sentido en las mismas relaciones de producción capitalista. En las empresas la sumisión se profundiza ya no por razones “morales”, “éticas” (ideológicas) como en el sistema educativo sino por razones de carácter económico (lucha de clase abierta y sin tapujos). Aquí, las habilidades para organizar la explotación del obrero y la sumisión al capitalista determinan el grado de ascensos y privilegios de los obreros. Ascensos que el propio capitalista califica de éxitos y que consiste en salvarse o ascender a costa de la explotación de los otros trabajadores.

Visto así, la educación capitalista en cuanto superestructura que propicia y promueve la baja autoestima del obrero, limita y niega sus capacidades pensantes, profundiza su sumisión psicológica, entrena al obrero en el manejo de las herramientas para la producción y lo prepara para su explotación en las relaciones de producción capitalista cumple cabalmente con su cometido. De aquí que sus instructores (los maestros y profesores) prediquen con el ejemplo todas las virtudes de la explotación capitalista.

Terminado este punto, seguidamente, abordaremos el papel de la educación en una economía neocolonizada como la venezolana. Las relaciones de producción neocolonialistas se basan en la extracción intensiva de las riquezas naturales (materia prima) de los países colonizados por los capitales transnacionales. Situación que logran las más de las veces a través de la captura que hacen de los actores o instituciones gobernantes de esos países. Esta extracción de riquezas naturales viene complementada con una política de mercado en la que los países colonialistas o imperiales obligan a los países neocolonizados a comprar sus productos con las migajas que les dejaron las transnacionales por la extracción de sus riquezas. Por otra parte, muchos de estos productos que adquieren los países neocolonizados son el resultado de la valorización de las materias primas extraídas a estas mismas naciones.

El modelo neocolonialista castra productivamente a la burguesía nacional (dados los amarres con el capital extranjero) y la convierte en simple revendedora de la mercadería importada; sin sentido de pertenencia a ningún país que no sea el que admiran: el que los castró, el país imperial. Así logra el imperio la fidelidad de las burguesías nacional; así logran que traicionen a su pueblo para beneficio de las transnacionales neocolonizadoras. La Admiración de la burguesía nacional por la forma de consumo y la cultura imperial; junto a su incapacidad para producir riqueza que no provenga de la compra en el país neocolonizador y venta en sus países de origen la convierte en un instrumento de dominación del imperio en sus países de origen. Las burguesías nacionales no reproducen relaciones de producción capitalistas sino relaciones de producción neocolonialistas. En estas relaciones de producción las burguesías nacionales son parásitas de los Estado y países neocolonizados ya que no explotan a la clase obrera y campesina para la acumulación capitalista; sino que luchan con el Estado (los políticos de turno) por su cuota de participación en las migajas que dejaron las transnacionales extractoras, alegando la importancia de su actividad importadora para cubrir las necesidades del país. Esta política antinacional de las burguesías se produce independientemente de que los Estados de estos países neocolonizados eleven los aranceles de importación o le otorguen crediticios blandos con años de gracia para que produzcan en el país. Independientemente que el Estado cree condiciones económica ideales para que exploten mano de obra en sus países.

Frente a esa política de desarrollo industrial, de sustitución de importaciones, la respuesta de las burguesías nacionales (y sus imperialismos) ha sido siempre estimular la corrupción, no pagar los créditos, sacar el dinero del país y colocarlos en los países colonizadores, mantener la moneda del país fuerte para estimular la importación, reducir los aranceles de importación, imponer el modelo de consumo del país colonizador e impedir todo desarrollo productivo en el país; con el fin de profundizar la extracción de las riquezas de sus países de origen como única o más importante fuente de divisas: como único modelo económico. No son burguesías nacionales son “nacionales” “trabajando” o parasitando para sus amos imperiales, para salvaguardar sus intereses. Las burguesía nacionales no se reconocen como originaria de los países que parasitan, por ello su poco sentido de pertenencia para defender los intereses patrios. El esquema de extracción de riquezas naturales e importación de los países neocolonizados forma parte de la división internacional de trabajo y de la lucha de clase mundial. El modelo neocolonial ha sido impuesto y obligatorio (a sangre y fuego) a los pueblos neocolonizados, no como lo presentan los eruditos nacionales pagados por el imperio; esto es, como aptitud corrupta y parásita intrínseca de sus pobladores.

De otra manera, una inversión productiva, por más ínfimas que sea, se traduciría en la independencia económica de esos países (que ya dejarían de ser neocolonizados). Un mayor auto abastecimiento de sus propias necesidades, un rompimiento de los patrones de consumos con los modelos de los países colonizadores se traduciría en relaciones más soberanas frente a los países neocolonizadores (y sus transnacionales) en cuanto a sus riquezas naturales. Sin embargo, esto en un esquema neocolonial es inaceptable, de allí la captura de sus líderes e instituciones; de allí el estímulo de una burguesía importadora antinacional y corrompida, de allí el trabajo para que la clase obrera y campesina no reconozca sus intereses y los intereses del país, de allí la profundización de la corrupción en toda la estructura Estatal, de allí la falta de sentido de pertenencia de la clase obrera y campesina, de allí el estímulo al modelo de consumo imperial con sus mercancía importada (de marca), de allí la ignorancia, acriticidad y embrutecimiento en que han sometido a los obreros y campesinos de esos países respecto a sus riquezas y capacidades, de allí su baja autoestima, su poca creencia en sí mismo, su negación como factor productivo y emprendedor, de allí, finalmente, su formación como futuros empleados públicos.

En este punto el sistema educativo rinde sus mayores contribuciones al capital neocolonialista. En este caso la labor de la educación neocolonialista procura profundizar la ignorancia de las clases obrera y campesinas de esos países en cuanto a sus riquezas naturales, a la forma de extracción de esa riqueza y a la relación de dominio que existe con motivo de ella, principalmente si los recursos son petroleros y mineras. Pero, para profundizar la ignorancia la educación neocolonizadora trabaja la baja autoestima de los obreros y campesinos, trabaja su falta de sentido de pertenencia a su clase y a su país, trabaja su acriticidad y sumisión. En este sentido, el sistema educativo neocolonial elimina del curriculum cualquier conocimiento que la clase obrera, campesina e inclusive que la propia burguesa pueda adquirir respecto a las riquezas de su país, a la forma de extracción, a quien realiza esa extracción (las transnacionales colonialistas), y en cuanto a lo que obtiene el país de esa extracción, en comparación con lo que se lleva la transnacional. La educación neocolonialista elimina todo conocimiento respecto al porque el país no realizar la extracción de su riqueza por el contrario se le enseña y se le convence que esa es una actividad para el cual no está capacitado intelectualmente. La educación neocolonial tergiversa la forma en que se distribuye la riqueza entre las diferentes clases sociales y porque se distribuye de esa forma. El tema de la extracción de las riquezas naturales es un tema vedado, oculto en la educación neocolonialista e incluso es calificado por los “intelectuales” colonizados como “complejo” para el entendimiento del pueblo y por supuesto “natural y lógico” que no se imparta conocimiento a los obreros y campesinos de esos países.

Para los países imperiales o neocolonizadores es de fundamental importancia estimular la baja autoestima de los obreros y campesinos de los países colonizados para que no desarrollen una lucha de clase por sus intereses. Por otro lado, una baja autoestima propicia en la clase obrera y campesina su propia negación como factor productivo para extraer y explotar sus propias riquezas. Cuando no se cree en sí mismo no se reconocen las capacidades ni la riqueza natural que se posee como país, ni se visualizan los intereses de los obreros y campesinos; ni los intereses del país. Cuando se educa en la docilidad acrítica se manipula mejor y se niega sin ninguna conmiseración la realidad que se tiene enfrente; así como, se escamotean los intereses y la historia de las clases obreras y campesinas de esos países.

El sistema educativo neocolonial oculta las riquezas naturales del país (en el caso venezolano nuestro carácter de país petrolero y minero). Al borrar de la realidad las riquezas naturales del país desaparecen las personas (el capital extranjero) que la extrae y que se la lleva del país. El sistema educativo que reproduce el neocolonialismo castra toda visión emprendedora y productiva de la clase obrera y campesina, alaba a la burguesía importadora y, aún más, justifica y hace culto de la productividad del capital extranjero de las transnacionales. La educación neocolonizadora convierte (educa) a los obreros y campesinos en una suerte de vividores del Estado y en el mejor de los casos en funcionaros públicos. Hecho al que se llega cuando la burguesía parásita no explota la mano de obra obrera y campesina y la educación neocolonial castra la capacidad productiva de dichas clases. Sin embargo, esta educación neocolonial no solo castra la capacidad productiva de la clase obrera y campesina sino que los ideologiza para que piensen y reproduzcan este modelo. La educación neocolonialista reproduce la cultura de viveza corrupta y del empleado público dado que de esa forma se niega la posibilidad de una inversión productiva de lo obtenido por la extracción de nuestros recursos. Es tener dinero y no saber que hacer con él que no sea gastarlo en comprar mercancías importadas.

La educación neocolonialista niega la historia o la convierte en una historia de fechas donde la lucha contra el capital transnacional, que extrae la riqueza del país, no aparece. Oculta que la lucha de clase no es con la burguesía nacional parásita y traidora sino con su amo, el imperio neocolonizador. Y oculta que la capacidad de los países neocolonizados para desarrollarse industrialmente no depende exclusivamente de la clase obrera y campesina sino de su lucha con los países neocolonizadores.

La educación neocolonialista enseña, manipula la mente de la clase obrera, para que admire e imite la cultura imperial, su forma de consumo. La educación neocolonial entrena al obrero y al campesino para que elimine todo raciocinio que lo lleven a reconocer sus intereses de clase y de país. En los países neocolonizados como Venezuela la historia de lucha contra las transnacionales (expoliadoras de nuestra riqueza petrolera y minera) nunca han aparecido en el currículo de primaria, secundaria y universitaria. Y si había una referencia era casual y desconectada de tal forma de la realidad cotidiana que era y es rápidamente desechada de nuestros pensamientos. La educación neocolonizadora niega el interés nacional (el sentido de pertenencia patrio) y privilegia el interés extranjero al que le hace culto. El interés individual y traidor de la burguesía importadora se privilegia sobre lo colectivo (el país). El desarrollo productivo nacional se califica como atrasado y falto de calidad. La educación neocolonial está diseñada para no llegar a ningún lado que no sea la dispersión de los intereses de la clase obrera y campesina; su falta de conciencia, su falta de sentido de pertenencia de clase, de país: donde el obrero no se siente que se pertenece a nada. La educación neocolonizadora privilegia la cultura de los estados colonizadores por encima de lo nacional y estimula el consumismo de mercancías provienen del extranjero. La educación neocolonial se ajusta perfectamente a las relaciones de producción neocolonial.

En la educación neocolonialista se niega la existencia del neocolonialismo, para que no se conozca como nos dominan los países colonizadores: nadie habla de ello en estos países. La educación neocolonialista procura sumirnos en la ignorancia y en la sumisión, en la baja auto estima, en la corrupción y en la idiotez para que seamos presa fácil del modelo neocolonizador que nos tiene condenados a la neoesclavitud de un Estado y un burguesía que permite nuestro empobrecimiento a cambio de una botella de aguardiente (embrutecedor) y un espejito (importado).

Los maestros y profesores son los artífices de la implementación de este sistema educativo neocolonial. De aquí que modelen todas las características descritas del modelo neocolonial en su forma de vida (baja autoestima, acriticidad, falta de pertenencia, culto a los extranjero, incapacidad para pensar e idiotez) y con ella eduquen a los obreros y campesinos de estos países.

En definitiva el modelo educativo de países como Venezuela reproducen perfectamente el modelo neocolonizador que nos impusieron países como Estados Unidos e Inglaterra. Por eso nuestra lucha es de liberación nacional y nuestra tarea reconocer nuestros intereses como clase obrera y campesina. Nuestra misión en materia educativa consiste en eliminar la educación neocolonizadora que se imparte en países como Venezuela y sustituirla por una educación liberadora que invite a pensar, a conocer nuestra lucha con las transnacionales por la extracción de nuestros recursos naturales, a reconocer nuestros intereses de clase (obrera y campesina) y de país, y a luchar por ellos, a producir con nuestras propias manos todo lo que necesitamos y, finalmente, luchemos por una educación liberadora que nos enseñe a querernos a nosotros mismo y a romper con el esquema neocolonial que domina nuestras relaciones de producción.


15-07-2009
nestoraponte310@hotmail.com


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Néstor Aponte


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