Ministro César Trómpiz páguenos las prestaciones sociales

No sé exactamente cuántos profesores universitarios nos hemos jubilado desde 2015, 2016, 2017, 2018 y 2019 en la UDO, ULA, LUZ, UCV, UC, USB, UNEG, UNELLEZ, UNERG, UNEXPO y UCLA, entre otras Alma mater de Venezuela. Sí sé que son varios miles, y que padecen, sin hacerlo público (tal vez por orgullo, impotencia, miedo, pena o resignación), tanto hambre como enfermedades, deudas y limitaciones, penurias de todo orden y frustración.

El desdén nos carcome y el llanto nos oprime. Sé de colegas de más de setenta años, jubilados, con los bolsillos limpios, enfermos de cáncer, hipertensión severa, deficiencias renales, problemas de la vista, osteoporosis y laberintitis, entre otros males del cuerpo y de la mente; viviendo un cuadro de desnutrición y desamparo absoluto, sin que eso le duela a ministro alguno para la educación universitaria durante los últimos cinco años.

Lo más lamentable es que muchos de esos colegas ya ancianos se fregaron el pellejo en su juventud, como estudiantes, en las guerrillas urbanas y armadas, en las luchas de izquierda, en las revueltas de calle y en las batallas campales que hubo que fraguar para poder aspirar a una democracia representativa y protagónica, como esa que hoy aparece dibujada en el Preámbulo de nuestra Constitución Bolivariana.

Colega profesores que lo dieron todo por esta revolución "bonita", bolivariana, robinsoniana, zamorana, chavista y pare usted de agregar epítetos y adjetivos, y después váyase al valle a llorar; por cuanto no tenemos zapatos que ponernos, ni cepillos dentales, ni tensiómetros, ni una aspirina, ni seguro médico, muchos menos HCM (porque ese parapeto llamado Sismeu es un bodrio, una burla burocrática más); y porque en todas partes nos humillan y nos llaman "profesores pelabolas".

Colegas profesores que han tenido que vender sus carros, sus computadoras, sus lavadoras, sus herramientas de trabajo doméstico, sus terrenos y cuanto bien sea preciable para poder alimentarse a medias. Nunca fuimos ricos, es la verdad, excepto aquellas cuartetas rectorales de estirpe adeco-copeyanas que hicieron fortunas con nuestras cajas de ahorro, fondos de pensionados, con presupuestos abultados, con nóminas paralelas, con inversiones tras bastidores en dólares con recursos de las instituciones que aparentemente "gerenciaban", y con el financiamiento que hicieron a muchos políticos del puntofijismo a cambio de obtener después prebendas y privilegios.

Toda esa podrición la sabemos, por más que nuestras rectoras sifrinas se nos presenten hoy como monjas, y los rectores sinvergüenzas pongan caras de corderos. Hipócritas que también son culpables de nuestras calamidades y desgracias. Sin embargo, no se explica que una revolución, que se precie de ser tal, con el alto nombre de Simón Bolívar como bandera ideológica y doctrinaria, trate taaan mal al preciado recurso humano de sus trabajadores universitarios.

Sólo fíjese en Japón, esa gran nación asiática, cómo levantó su pequeño país con el recurso humano de sus universidades, generando inventos tecnológicos, productivos, creativos, innovadores, de vanguardia. Hagamos un ensayo, un juego, una prueba: Camarada Presidente Nicolás Maduro, dígale a su ministro del poder popular para la educación superior que le presente en cadena nacional diez inventos patentados en la República Bolivariana de Venezuela desde que él asumió el cargo, producidos por los trabajadores y trabajadoras universitarios para levantar nuestra maltrecha economía, para superar la dependencia tecnológica, para mejorar los rebaños porcinos, bovinos, y demás especies de cría; la acuicultura, la agroindustria, manufacturas, construcción, limpieza urbana y de suelos; mejoramiento de la calidad del agua, control de plagas, desarrollos industriales de todo tipo, fortalecimiento de fábricas, "etcétera etcétera", como usted mismo dice.

Seguro el ministro César Trómpiz le va presentar una carpeta vacía. Él no tiene ni la más remota idea de dónde se fabrica en Venezuela una alpargata, mucho menos botas de seguridad y chalecos contra incendios para la industria petrolera, o para el cuerpo de bomberos desnutridos de la patria. Ni sabe qué técnicas de cultivos de arroz se aplican en Calabozo, ni cómo se cultiva la cebolla en Quíbor, en Clarines o El Sombrero. Mucho menos conoce la Tabla Periódica de los Elementos Químicos, porque con ser abogado ya le dicen doctor (sin serlo), y con haber sido rector interino de la UBV ya se hizo ministro.

Ojo, ministro, no tengo nada personal contra usted como ciudadano. Como camarada que es, lo imagino haciendo el trabajo político que debe hacer todo camarada por la revolución, pero sí tengo muchas reservas contra usted frente el cargo que ostenta, porque es más de los mismo; como su antecesor, el ilustrísimo camarada Hugbel Roa, cuyo único mérito que recuerdo fue el posgrado que hizo en torno a todo lo que se llame Petro. Después dejó el cargo como Petro por su casa, como dice el refrán.

A ver camarada ministro César Trómpiz, usted tiene 34 años edad y yo tengo 54 años. Le puedo mencionar a un ilustrísimo colega —que tiene 25 años más que yo, y 46 años más que usted—, a quien esta revolución le debe mucho de lo mejor que aparece en el texto de nuestra Constitución Nacional, para preguntarle lo siguiente: ¿Sabe usted, como joven eminente que ocupa ese gran cargo, ese cargo estratégico para el desarrollo nacional, cómo dormimos nosotros? Pues bien, sépalo: sin aire acondicionado porque se nos dañó hace mucho tiempo, y diez dólares mensuales no nos alcanzan para comprar un aire de 12.000 BTU, cuyo costo actual es de 375$. ¿Sabe usted como salimos a la calle a comprar un mísero kilo de arroz para comérnoslo con un blanco y pálido huevo sancochado? Salimos en el carro de Fernando, porque el otro carro no tiene cauchos ni batería (eso cuesta alrededor de 400$), y le falta gasolina, frenos y bujías. Tampoco el sueldo nos alcanza para comprar una bicicleta usada, porque cuestan 100$; de paso una tripa cuesta 5$ y un caucho cuesta 20$; de modo que ni las tripas de perro que tenemos en el estómago le podríamos poner a una bicicleta de pobres. Por otro lado, nuestra tv y la nevera se quemaron con los apagones, y aquel plan Equipamiento del Hogar se lo tragó el olvido, y se olvidaron de los pendejos. Muchos vivos sí aprovecharon, pero los profesores universitarios no nos merecemos tanta bondad revolucionaria, aunque seamos rodilla en tierra. Será por eso que nos tienen de rodilla con el hambre, las enfermedades y las penurias.

Le podría poner muchos más ejemplos de nuestras carencias, pero apunto el lápiz hacia lo que me atañe en concreto. Me disculpa el ego, pero empecé a dar clases en la Universidad de Oriente el 1º de mayo de 1991, a la edad de 24 años, para jubilarme joven, en torno a los 49 años; para dedicarme a esa otra gran pasión que llevo en mis venas desde los cuatro años: la agricultura. Ya perdí cuatro años de mi vida útil, esperando que usted o quien se monte en ese cargo de ministro, me pague las prestaciones sociales y los pasivos laborales que me corresponden por aquellos 25 años de servicio docente a dedicación exclusiva, calándome a los adecos y a las políticas estúpidas de CAP II, Ramón J. Velásquez y Caldera II.

¿Un mérito de nuestro comandante Chávez?, sí, habernos pagado con Vebonos las deudas de cinco aumentos salariales devaluados de 20% c/u, decretados por el moribundo Rafael Caldera hasta 1998, hasta que abandonó Miraflores con la cabuya en la pata. Esos Vebonos 2001, 2002, 2003, 2004 y 2005 nos permitieron pagar deudas y respirar un par de años. Desde entonces andamos otra vez con esta pata coja, y nadie desde su ministerio nos para bolas.

Sólo durante la revolución bolivariana de Venezuela han pasado por su despacho diez ministros y con usted once, y aún no le vemos el queso a la tostada de nuestras reivindicaciones salariales, sino que nos hemos hundido en este estercolero de la desidia y la pobreza extrema. Han pasado por su despacho Héctor Navarro (2002-2004), Fabio Quijada (2004), Samuel Moncada (2004-2006), Luis Acuña (2006-2010), Edgardo Ramírez (2010-2011), Yadira Córdoba (2011-2013), Pedro Calzadilla (2013.2014, siempre un buen ministro), Ricardo Meléndez (2014), Jheyson Guzmán (2014) y Hugbel Roa (2017-2019). Y nos preguntamos:

¿Cuál ha sido el salto cualitativo que ha dado nuestra educación universitaria durante estos 20 años de revolución? Se habla del salto cualitativo, pues pasamos de 700 mil estudiantes matriculados a más de dos millones, pero con la masiva deserción escolar universitaria reciente, estimo que esa cifra bajó sensiblemente al millón y medio. Tal vez menos. Eso es muy grave. Por otra parte, hasta los gremios están sumidos en esta desidia, puesto que ni siquiera sabemos si se va a discutir la nueva Contratación Colectiva Única 2020, porque eso se lo tragó la tierra. O dicho de otro modo, le echaron tierra para olvidarlo.

¿Usted, como joven curioso, trabajador, inteligente y revolucionario ha visitado las universidades públicas? ¿O se ha quedado metido ahí en Caracas como un burócrata más? ¿Ha visto cómo el hampa ha desmantelado laboratorios, dependencias, autobuses, comedores, cubículos y oficinas administrativas? ¿Sabes cuantos aires acondicionados, bombas de agua, lámparas, cableado, computadores, equipos de laboratorio, reactivos, cauchos, baterías y piezas de autobuses y lencería de los comedores se han llevado los delincuentes, a veces con complicidad interna, para usted tener a mano un plan de recuperación de esa situación; o al menos para dar la cara por ello? ¿Ha declarado al menos algo ante el país o se ha echo el paisa? ¿Quién lo ha visto a usted en un pasillo de nuestras universidades? ¿Para eso es que a un profesor universitario lo nombran ministro?

Gracias a Dios, a mí nunca me gustó la cochina política. Me he refugiado, para mal o para bien, en la literatura, la poesía, donde he encontrado gente noble, honesta, patriota de verdad, venezolanos que sí hacen algo por la patria, aunque sus modestos aportes no sean mediáticos. Poetas de la dignidad y el bien, de la humildad y de la esperanza, aunque hay muchos poetas rabo de cochino, como es natural.

Ese mundo de la poesía también surte sus entrañas con la vanidad, los vicios y el ocio. Tienen sus misterios y sus ministerios en la vida. Qué se le puede hacer. Pero créame que desde la literatura hay muchas posibilidades de impulsar cosas útiles para la patria y para la humanidad; siempre que se actúe con la conciencia sensible.

De manera menos lapidaria, o tal vez si de manera lapidaria, voy a lo concreto, como dije arriba. Me preocupa, ministro César Trómpiz, que usted deje el cargo cualquier tarde de estas que el camarada Presidente Nicolás Maduro aprovecha para rociarnos la cara con las nuevas cifras del Covid-19, y usted también se vaya con la cabuya en la pata, y no me pague mis prestaciones sociales.

Fíjese camarada, ministro, que a pesar de toda esta grave crisis económica, este bloqueo miserable de los yanquis y toda la caída de la industria petrolera, durante los últimos 24 meses el camarada Presidente Nicolás Maduro ha despachado sendos cheques de cuarenta millones de euros a los ministerios de cultura, vivienda y salud, entre otros; y yo no he visto que usted ni su ilustrísimo antecesor llore en cadena nacional diciendo: "Presidente, aquí le entrego mi solicitud de 40.000.000 € para empezar a pagar las prestaciones sociales de los jubilados universitarios".

La palabra APROBADO retumba en toda Miraflores menos para esta cuerda de pelabolas que somos nosotros, los olvidados, los caras de perros de las universidades. ¿Usted cree que esto le puede levantar la moral a un país, a un ministro, a una revolución? Usted tiene 20 años menos de edad que yo, y estoy seguro que también mucha más sabiduría, pero usted a mí no me convence de nada mientras esté en ese cargo, muy cómodo, como un burócrata más, sin hacer algo sensato por nosotros.

Se la voy a poner fácil. Mientras los camaradas que de menudo me insultan por correo electrónico llamándome pitiyanqui, salta-talanquera, "etcétera etcétera" (Maduro dixit), por ser sincero y redondo en mi opiniones y señalamientos; hacen lo propio con sus insultos a mi persona, (aunque yo saco mis tapones de revolucionario, y me los pongo en mis grandes orejas —entienda que es en los oídos); usted saque una cuenta muy sencilla:

Considere lo que tenga que considerar con la hiperinflación, la pérdida de las tablas salariales, aquellas "normas de homologación" de otrora, la dolarización de la economía, y lo que usted quiera añadir a eso, pero considere pagarnos al menos cinco mil euros (€ 5.000) a cada profesor jubilado, titular, con estudios de doctorado y 25 años de servicio, para ayudar a solventar la histórica e inmerecida injusticia. El aberrante olvido. La ignominia más rancia.

Eso compensaría la causa perdida de nuestras garantías laborales para enfrentar la vejez, devaluados como estamos, sumergidos día a día en una hiperinflación ascendente, incontrolable. En la Opsu reposan todos los expedientes de los jubilados pendientes de pago. Mi RC es el número 0182, de agosto de 2016. Ahí están otros colegas. Usted multiplica esos cinco mil euros por el cambio oficial del euro, según tasa del día del Banco Central de Venezuela, y nos lo deposita en nómina. Por lo menos ocho mil profesores cobrarán sus beneficios, y de seguro ayuda usted a sumar unos cuantos votos a favor de la revolución en las venideras elecciones para la nueva Asamblea Nacional.

En un plazo no mayor de sesenta días, solicite otros fondos en euros y páguele a los empleados administrativos. Sesenta días después páguele a los obreros jubilados. La gente entenderá que lo haga en ese orden, porque al menos usted estaría dando la cara por las obligaciones del Estado.

Ahora bien, si usted ve que como ministro no puede solucionar nada, no puede hacer nada útil por la patria y por su pueblo, ponga ese cargo a la orden, y ayude a la revolución desde otra trinchera. Tengamos en cuenta que, más pronto que tarde, vamos a tener que tomar las armas otra vez para defender a nuestro Territorio del Esequibo, o para contener a los gringos criminales que están con las fauces hambrientas en la tierra colombiana, con ganas de echarnos una vaina para quitarnos nuestros recursos naturales y nuestras libertades. Que se atrevan, que aquí los esperamos.

Bueno, ministro César Trómpiz, más claro no canta un gallo. ¿Ha visto usted alguna vez, en su corta juventud, un gallo rojo rojito, cantar? Póngase las pilas camarada. Aproveche que con la cuarentena de la pandemia usted no ha ejecutado el 50% del presupuesto 2020, y que lo poco que se ha gastado ha sido para pagar las pírricas quincenas de la nómina, y utilice esos recursos para dignificar a los trabajadores y trabajadoras universitarias, y para potenciar las instituciones universitarias desbalijadas y en absoluto abandono. Demuestre que usted puede hacer algo digno por la patria más allá del cacareo partidista y la burocracia ministerial tan pasmosa como inútil y anti revolucionaria.

PD. Camarada Presidente Nicolás Maduro, más allá de todo rencor político y todo extremismo ideológico, piense que durante más de 120 años nuestras primeras universidades han formado a profesionales de todas las razas, credos religiosos y orientaciones políticas, y que no tiene ningún sentido ensañarse con nuestras instituciones. Del mismo modo que usted apoya a nuestras universidades bolivarianas (UPEL, UNEM, UBV, UNA, UNEARTE, UNEFA, UMBV, UNEY, UNESUR, UNEXCA, UNETR, IUTJAA, IULA "Paulo Freire", UDS, Universidad Nacional Experimental Indígena del Tauca, entre otras) apoye a las universidades públicas tradicionales.

Este país es de todos, y nuestro preciado recurso humano necesita de sus políticos acciones constructivas no destructivas; inclusivas no clasistas, complementarias no discriminatorias. Bastante sufrimiento hemos acumulado durante tantos años, soportando colas para comprar comida y pelearse con los bachaqueros, enfrentar las guarimbas y saboteos, la especulación y el acaparamiento, el sobreprecio y la hiperinflación, la dolarización y los salarios de hambre. Aparte de este bloqueo yanqui tan miserable como perverso, programado por los criminales de la derecha terrorista venezolana, lo sabemos. Pero debemos avanzar, no retroceder.

Hemos sumado mucho dolor al alma, mucha rabia e impotencia, ya es hora de merecernos un poco de consideración. No se trata de piedad sino de justicia social, de justicia laboral, de derechos humanos fundamentales como la salud física y mental, y el derecho a la vida. No es un ruego, es un clamor popular de nuestro pueblo universitario venezolano. Mis palabras van por todos.

Condenar a nuestros estudiantes universitarios al ostracismo es el peor error de una revolución que se precie de ser tal, pues no tendremos profesionales durante la próxima década. Y aunque usted llene el país de cubanos, eso no va servir para nada. Si ama a la Patria de Bolívar, apoye y dignifique a sus universidades. Usted, como no tuvo estudios universitarios, no sabe lo que esto nos duele. Tenga mesura, camarada, y deje a un lado los rencores y la indiferencia. La patria de Bolívar os lo agradecerá. Si no, os condenará.



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José Pérez

Profesor Universitario. Investigador, poeta y narrador. Licenciado en Letras. Doctor en Filología Hispánica. Columnista de opinión y articulista de prensa desde 1983. Autor de los libros Cosmovisión del somari, Pájaro de mar por tiera, Como ojo de pez, En canto de Guanipa, Páginas de abordo, Fombona rugido de tigre, entre otros. Galardonado en 14 certámenes literarios.

 elpoetajotape@gmail.com

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