Entre la Universidad Central de Venezuela y el Fuerte Tiuna, ¿Con quién están los venezolanos?

Nuestro país es una nación cuya realidad está completamente trastocada hoy día. Lo que debería ser no es lo que es, y por ser así, la tragedia ha pasado a ser la normalidad. Un país patas arriba es la Venezuela de los tiempos presentes. Ha ocurrido en nuestro suelo una revolución en negativo causante de una hecatombe de dimensiones cataclísmicas. Es un país con una realidad distorsionada, con rostro desfigurado, que se muestra al mundo con un semblante deformado, horrible, espantoso. En su interior la población remanente, la que no ha podido huir del territorio, vive en estado de sufrimiento, sobrevive, mejor, y en su mayoría lo que hace es esperar la muerte por inanición o enfermedad, las dos cosas más seguras que el gobierno actual les garantiza.

Es que la historia venezolana está atravesada por una fatalidad de la que no hemos podido desprendernos a pesar de haber transcurrido casi doscientos años de vida republicana. Se trata del caudillismo y su derivado directo, el caudillo, el Hombre Providencial, el Jefe, el General empistolado, el Gendarme Necesario, el Déspota conduciendo los destinos de la nación. Aquí reside el origen de esta tragedia recurrente en nuestro país, que ha impuesto como norma política el uso desproporcionado de la fuerza para dirimir las diferencias, el predominio de los uniformados en los puestos de decisión política, la prevalencia de los gobiernos de facto sobre la democracia, el imperio de los golpes de estado sobre los procesos electorales, el señorío de los coroneles y generales por sobre el resto de los profesionales y grupos sociales del país. Por tal dislate vemos en estos momentos, en la segunda década del siglo XXI, a los uniformados repartidos por la geografía política de la nación, ocupando los puestos más disímiles respecto a su formación; los vemos en las direcciones de los hospitales del país, en las rectorías universitarias, en las gerencias de las empresas públicas, en las embajadas y consulados, a la cabeza de todos los ministerios, en las gobernaciones, en la Asamblea Nacional, en las alcaldías, en las Asambleas Legislativas regionales, en los Concejos Municipales, en fin, en todos los espacios de poder político nacional. Nada escapa a las pretensiones de los uniformados verde olivo. Para todos los cargos se sienten competentes. El resultado es la avasallante presencia de ellos en todos los rincones del país, la gerencia verde olivo por doquier haciendo de las suyas.

Otra vez se repite esta historia, tal como fue con Gómez y Pérez Jiménez. Otra vez la clase militar gobierna la nación, y lo hace siguiendo lo que aprendieron en su Academia: apuntando sus armas hacia los civiles, inundando las carreteras del país de alcabalas con uniformados armados como si estuvieran en guerra, abordando a los transeúntes y pasajeros, reprimiendo a ancianos, enfermeras, profesores, trabajadores, estudiantes; encarcelando y matando venezolanos.

Es que esta gente no aprendió casi nada del Libertador Simón Bolívar ni mucho menos sigue su ejemplo, el ejemplo del más excelso militar parido por estas tierras, del más fervoroso republicano, del más egregio demócrata. Cierto, Bolívar a pesar de que todos sus triunfos, méritos y reconocimientos los ganó en la guerra, se sentía, antes que militar, ciudadano y como tal colocaba por delante siempre al hombre educado en las virtudes ciudadanas. Y de ahí su interés por la educación, por la formación espiritual de las personas. Veamos algunas frases salidas de la pluma del Libertador, y nuestra aspiración al recordarlas es que las mismas sirvan de lecciones a cumplir por los militares honestos que aún deben existir en las Fuerzas Armadas venezolanas:

  1. "Maldito el soldado que apunta las armas de la república contra el pueblo".

  2. "Cuando la Tiranía se hace ley la rebelión es un derecho".

  3. "Si un hombre fuese necesario para sostener el Estado, ese Estado no debería existir; y al fin no existiría".

  4. "Huid del país donde uno solo ejerce todos los poderes: es un país de esclavos".

  5. "El que manda debe escuchar aunque sean las más duras verdades y, después de oídas, debe aprovecharse de ellas para corregir los males que produzcan los errores".

  6. "Todos los pueblos del mundo que han lidiado por la libertad han exterminado al fin a sus tiranos".

  7. "Las buenas costumbres, y no la fuerza, son las columnas de las leyes; y el ejercicio de la justicia es el ejercicio de la libertad".

  8. "La dictadura es el escollo de las Repúblicas".

  9. "Es insoportable el espíritu militar en el mando civil".

  10. "El sistema militar es el de la fuerza, pero la fuerza no hace gobierno.

  11. "Un gobierno Republicano ha sido, es, y debe ser el de Venezuela; sus bases deben ser la Soberanía del Pueblo; la división de los Poderes, la libertad civil, la proscripción de la esclavitud, la abolición de la Monarquía, y de los Privilegios".

  12. "El sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social, y mayor suma de estabilidad política".

  13. "Hombres virtuosos, hombres patriotas, hombres ilustrados son los que constituyen las Repúblicas".

  14. "Las dos más grandes palancas de la prosperidad nacional son el trabajo y el saber".

  15. "Yo no conozco más partido de salud, que el de devolver al pueblo su soberanía primitiva para que rehaga su pacto social".

  16. "No son los hombres vulgares los que pueden calcular el valor eminente del reino de la libertad, para que lo prefieran a la ciega ambición y a la vil codicia".

  17. "El modo de gobernar bien es el emplear los hombres honrados, aunque sean enemigos".

Tales sentencias del Padre de la Patria, tienen plena vigencia hoy cuando nuestro país se encuentra sometido a un régimen autocrático, personalista, caudillesco, militarizado. Esa doctrina Bolivariana, expresada en los pensamientos anteriores, ha sido echada por la borda por el Ejército Nacional, mismo que se mienta, sin serlo, heredero del Libertador. Todo lo contrario, pues la verdad es que tal Ejército se muestra en sus ejecutorias de hoy día heredero del sistema militar practicado por el Tirano Juan Vicente Gómez y sus Chácharos.

Por tal deformación de la realidad venezolana, por tal trastocamiento del sistema republicano, vemos que hoy día el Fuerte Tiuna, refugio de los uniformados empistolados, recibe un trato preferencial del funcionariado gubernamental, es la tazita de oro del régimen, su lugar consentido, a cuyos integrantes se les complace cualquier antojo, se les otorga toda clase de beneficios y privilegios, mientras que no pasa lo mismo con una institución con una historia de casi tres siglos de existencia, como es la Universidad Central de Venezuela, la más antigua institución de educación superior del país, el centro de formación profesional con mayor número de egresados, la institución universitaria venezolana mejor calificada por el baremo internacional, el Alma Mater Nacional, cuyos borlados: médicos, ingenieros, arquitectos, filósofos, historiadores, geógrafos, economistas, sociólogos, educadores, literatos, químicos, Biólogos, Físicos, Matemáticos, enfermeros, distribuidos en toda la geografía nacional, han contribuido a forjar esta patria, como nadie, brindándole conocimientos y experticias, ofreciéndole sus bondadosos y pertinentes servicios. Pero en este caso el trato gubernamental es displicente, ofensivo, despreciativo, mezquino. Se le recorta al máximo su presupuesto para quebrarla, doblegarla, humillarla. A sus profesores y empleados se les somete a salarios de hambre, a sus alumnos se les persigue y encarcela cada vez que hacen críticas al régimen; la Ciudad Universitaria, Patrimonio de nuestra Nación, sufre progresivo deterioro por falta de recursos económicos para su mantenimiento; la delincuencia hace de las suyas a cualquier hora y lugar del recinto universitario. Total: este gobierno ha desamparado la Universidad que Bolívar cobijó, prohijó y protegió. Para ésta ningún regalo, ninguna concesión, ningún beneficio, ninguna complacencia, ningún privilegio, ni siquiera se respetan sus derechos constitucionales. Es que es un centro de saberes y aquí esta su pecado, pues el saber es peligroso cuando quienes gobiernan son unos bárbaros. Lo mismo pasó antes con otro tirano, Juan Vicente Gómez, quien la cerró varias veces y encarceló a sus estudiantes en la espantosa cárcel de la Rotunda.

Con tan perturbado comportamiento muestran los integrantes de la nueva clase gobernante la verdadera enjundia de la que están hechos, la pasta tiranoide que los constituye, su preferencia por las pistolas y su menosprecio por la sabiduría. Nada que ver éstos, según hemos visto, con El Libertador, el protector de la Universidad en 1827, el modernizador de nuestra Alma Mater, el creador de la Universidad Republicana, el hombre que dotó a la UCV del más abundante patrimonio económico, otorgado con la intención de liberarla del irregular y esmirriado presupuesto gubernamental, y para que lograra así su verdadera autonomía. Muy diferente es la mezquindad de los presentes ocupantes de Miraflores, con el buen trato e inmenso aprecio que prodigaba Bolívar a la Universidad Central. Fue éste un Libertador completo, Libertador porque liberó nuestro territorio del colonialismo español y en su lugar levantó La República de Venezuela; y Libertador también porque liberó a la Universidad de sus amarras coloniales y de su dependencia de los escasos presupuestos gubernamentales.

Hacen falta ahora en nuestro país Magistrados de vuelo alto, inteligentes y sabios, como Simón Bolívar, que otorguen a la educación la importancia que merece. Es lo mínimo que reclamamos, como asimismo repudiamos la recurrente presencia en las instancias gubernativas de nuestro país de magistrados empistolados, déspotas, autócratas, caudillos. De estos está saturada nuestra historia y por eso mismo la tragedia económico-social reiterada en nuestro territorio, tal como ocurre ahora cuando de nuevo otro déspota primitivo trae consigo un piélago de calamidades que se abaten hirientes sobre todo nuestro suelo y sus habitantes.

Regresen militares a sus cuarteles para siempre. Entiendan de una vez por todas que la fuerza no es el instrumento de la política ni es el medio para ejercer buenos gobiernos. El espíritu militar es insoportable en el mundo civil, como sentenció El Libertador. E igualmente entiendan que los gobiernos republicanos democráticos han de ser ejercidos por civiles, por gente ilustrada, bien formada, doctos, virtuosos, cultivados para ejercer y aceptar la disidencia, para respetar la soberanía ciudadana, para cumplir el ordenamiento jurídico y las leyes de la República; y para garantizar la mayor suma de felicidad a sus habitantes y la mayor suma de prosperidad para su país. Los militares venezolanos han demostrado por demás en nuestro país que para responder a este cometido son unos incompetentes. Aquí está nuestra calamitosa Venezuela, hoy en sus manos, para demostrarlo. Así que, entre La Universidad y el Fuerte Tiuna, el país prefiere a su Alma Mater, con sus docentes, estudiantes y egresados, con sus libros y revistas.



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Sigfrido Lanz Delgado


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