Juventud estudiosa, alerta

No ha sido suficiente todo lo que hemos hecho y escrito en reconocimiento a esa muchachada, quienes son los verdaderos dueños del futuro de la patria. No ha sido suficiente, decimos, porque históricamente los avaros, incrustados en la humanidad sin que hayan sido invitados, han pretendido matar las ideas revolucionarias que la sabia naturaleza dispuso, como refuerzo orgánico, para los jóvenes y las jóvenes del mundo. Ojo, que quede claro que con esta juventud de la que hablamos y que es la casi totalidad del universo, no podemos mezclar a los fundadores de la Universidad de Yale, por ejemplo, donde pasanteó el abuelito de doblev Bush, compinche secuestrador y profano de los restos del valiente indio, descendiente de los originarios, como lo fue el defensor de los hermanos indígenas, el combatiente Gerónimo.

Otros avaros de la misma calaña camuflajeados como el zorro de la caperuza; brujas de la ciencia antropológica, ni siquiera desean que vengan al mundo los inocentes. No porque “…vendrá el Mesías” a desplazarlos del trono que ya no existe; sí por aquello de evitar la proliferación de las bocas hambrientas amotinables contra “mi” derecho a la propiedad. Pero como ellos, los avaros, no han podido acabar con la parte del mundo que es mayoría joven para quedarse solos con los tesoros acumulados, se han dado a la tarea de inventar unas cuantas monsergas para confundir; o unos cuantos subterfugios sublimes para embelesar. Con las patrañas, estos últimos son los más dañinos pues, con los embelesos, han logrado envenenar la mente de muchos valores jóvenes hasta convertirlos en cadáveres ambulantes esclavos del señuelo de los estupefacientes. Esta maldad la ponen en práctica cuando no pueden “lavar” cerebros con el otro señuelo, el del dinero, para someterlo a sus diabólicos designios.

De todo esto, sacamos como conclusión que uno, ya viejo, no ha dicho ni hecho todo en defensa de la juventud, de esos jóvenes siempre blanco mortal de la jauría al servicio del imperio acaparador de los bienes de la humanidad. Pero nos llevaremos la convicción y satisfacción en cuanto a que, de la reprimida alerta ya los jóvenes del mundo pueden estar seguros que surgirán los hombres y las mujeres que seguirán el ejemplo bolivariano reencarnado en un hombre como Hugo Rafael Chávez Frías, ejemplo de redención (por Dios, reiteramos, redención no comparación) como la que nos trajo nuestro señor Jesucristo. Léase bien, el hijo legítimo, no “putativo”, del ebanista José y la Madre María Santificada; jóvenes ambos (ella 19, él 21 años) nacidos y criados en el centro del universo, como lo fue el antiguo Nazareth.

Entonces muchachos y muchachas; jóvenes y estudiantes que hoy lo son todos, no abandonen su propia utopía, como lo dijo la periodista Vanessa Davis, la joven perseguida a finales de los `80 y no en 1999, como erróneamente anotamos en el artículo anterior a éste. Jóvenes venezolanos, acompañen y apoyen las políticas humanistas de ese hombre nuevo y con ideas nuevas, para reimplantar la justicia milenaria, quien nos trajo la reivindicación de La Palabra, acompañada de los buenos hechos para despejar caminos a la verdadera revolución, señalada por los descendientes cercanos de los originarios de la tierra.

Son ustedes los portadores de la bandera del precursor Miranda, tal como lo propuso el Libertador Simón Bolívar para que flameara con ocho estrellas. No se la dejen arrebatar con los sempiternos de la calumnia que lo fueron contra los primeros habitantes de la tierra, a quienes degradaron verbalmente (hasta lo escribieron después) para justificar lo injustificable como fue desplazarlos del vergel que les fue asignado por el Creador.

No crean en arrepentimiento de esos sujetos que se espantan hasta de la cruz de los caminos, porque en esos brazos polvorientos ven la imagen combatiente de Simón Bolívar, de quien jamás perderán los miedos. Pero por lo traicioneros que son, no dejan de ser peligrosos. Se ensañan contra el hombre nuevo cuando éste los pierde de vista. Amplíen el instinto juvenil para detectar malas intenciones, y la fuerza de voluntad para mantenerlos a raya. Sólo esto, por cuanto no somos asesinos como ellos y sus ángeles sicarios.

pedromendez_bna@yahoo.es


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Pedro Méndez


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