Ruralidades

Los estudiantes y su utopía

No son palabras filosóficas de este escribidor de la altivejez. Pero a uno lo complace registrarlas para hacer comparación con los tiempos de notables desesperanzas; como cuando los oligarcas lograron silenciar el grito de rebeldía contra las injusticias. Grito hecho eco desde la casa que vence las sombras. Como cuando los usurpadores de la mal utilizada democracia, anidados en el puntofijismo gobiernero, utilizaron las espadas para el desalojo y, simultáneamente, llenar el vacío con sus niñitos, hijos de papá monetarizados, custodiados los oportunistas con barreras de bayonetas pero que, en tiempos nuevos y de revolución, esas bayonetas ya se están quebrando.

Reaparecen nuestros muchachos cuando uno hace remembranza de larga juventud. Juventud la nuestra que fue truncada por los mismos que destruyeron la rebeldía de una parte considerable de aquella juventud, por no ser de la raza de “…los escogidos”. A los abuelos de hoy nos marginaron, nos mataron. A nuestros hijos también los mataron, pero, además, los alucinaron. Pero nos satisface que nuestros nietos, que es esa juventud revolucionaria actual, esté en la primera fila de la valentía de donde nunca más los reemplazarán, por cuanto con esa misma muchachada cuidando esta revolución, liderizada por Hugo Chávez Frías, los de la canalla no volverán.

A uno, viejo pero con altivez, le vienen aunque sea ñinguitas de aquellos impulsos revolucionarios contra los tiranos, para gritar, sin maltratar oídos de nuestros muchachos, que estudien y luchen; que las condiciones, a nosotros negadas, están expeditas con ésta revolución camino al socialismo. Estudien y luchen. Aprovechen la solidaridad existente en este siglo XXI, para que también ayuden a rescatar a sus coetáneos que no pudieron resistir la tentación de la droga, inducida por los alucinadores y lacayos del imperialismo norteamericano, a quienes no les gustan los gritos de redención. Estudien y luchen para que ayuden a parar a los caídos, hoy doblegados por los golpes de los enviados por la canalla, con “mensajes” de maletines llenos de estupefacientes en manos de extranjeros. Extranjeros aquellos casi imberbes también y enfluxados que llegaban hasta bien adentro de nuestros barrios, con el apoyo de los gobiernos de turno.

No permitan, muchachos, que a esta altivejez, que luchó contra las férreas dictaduras perezjimenistas y adecopeyanas, baje intranquilo al sueño eterno sin ver completa la reivindicación en ustedes. Refuercen la garantía de la indoblegabilidad de Hugo Chávez, con la firmeza de esa juventud estudiosa y revolucionaria que uno añora y que ustedes llevan en sus macundales de lucha.

Por eso fue que en el introito de este testamento les dije que lo de “…utopía” no es de este escribidor de la altivejez. Lo dijo esa joven y gran periodista, la misma que cuando estudiante, la sacaron por la fuerza, al estilo “pirujo” Escobar Salom, de la redacción del periódico del Partido Comunista de Venezuela (Tribuna Popular) para llevarla a los calabozos de la tenebrosa DISIP allá en Las Brisas. Todavía una niña entonces, muchachos y muchachas, esa misma mujer es Vanessa Davis, quien en Venezolana de Televisión (20-11-2006) dijo: “felicito a los estudiantes en su día. Especialmente a los que todavía llevan su utopía en el corazón”. Oigan como lo dijo y denle un abrazo de puro amor.

Es Vanessa la misma periodista que se paró erguida sobre los escombros de Vargas a denunciar los fusilamientos de personas inocentes, hechos por el mismo grupo policial de Carlos Andrés Pérez que quiso encarcelarle su verdad. El mismo grupo de asesinos de aquella era, que indujo a los militares bisoños a la masacre del año 1999, cuando bajaron los cerros con el pecho abierto.

A esa valiente mujer, camaradas estudiantes, como a nuestro presidente Hugo Chávez Frías (de segundo él porque primero las damas) hay que cuidarla. Y a ustedes muchachos y muchachas, uno le paga con el mismo amor de la revolución bolivariana y, con Violeta Parra: “QUE VIVAN LOS ESTUDIANTES, jardín de nuestra alegría, son aves que no se asustan de animal ni policías y no le asustan las balas ni el ladrar de la jauría…”. Y uno dice mucho menos ahora que la jauría está amarrada. ¡Qué vivan los estudiantes!.

*pedromendez_bna@yahoo.es


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Pedro Méndez


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