Reflexionando sobre la Historia de las Doctrinas Económicas desde nuestra docencia universitaria

"La leyenda de los conejos" como introducción al estudio de la plusvalía, la industrialización y la propiedad privada en el capitalismo

Quise desentrañar para mis estudiantes, un asunto fundamental en la economía política y motivo primordial de las desigualdades sociales que por miles de años han perturbado a la humanidad.

Por esto, desde la cátedra universitaria y procurando una forma pedagógica para explicar el tema de cómo el empresario se apodera de los valores generados por los trabajadores, fue que recurrí al relato de los conejos y de este modo ilustrar con ejemplos muy claros que los grandes problemas de la sociedad comenzaron a partir de que las personas dejaron de vivir del producto del trabajo propio y desarrollaron relaciones que les permitieron apropiarse del trabajo de los demás.

Desde la perspectiva de la historia de las doctrinas económicas, asignatura que involucra a abogados, internacionalistas, sociólogos, politólogos, economistas e investigadores en general, habida cuenta que su fin principal es identificar los modos y relaciones de producción que han existido en el mundo; todo comienza con el comunismo primitivo, vale decir, aquella sociedad precaria donde cada quien resolvía su subsistencia mediante la caza, la pesca y la recolección de frutas. Años más tarde, como resultado del razonamiento y la experimentación, la especie humana comprendió que aquellas actividades podían efectuarse con mayor eficacia y eficiencia si se adoptaba un esquema de asociación, verbigracia, un grupo de treinta cazadores que actuando en unión, lograban capturar más animales en el bosque, en comparación a la caza individual, donde más de una vez un cazador terminaba su faena con las manos vacías.

De esta primera fase de la historia se deduce la explicación científica de la industrialización, como el mejor modelo posible para la producción de bienes; pues entre más fuerza humana de trabajo se incorpore a un mismo proceso productivo, mayor será la cuantía de lo generado, menor será el esfuerzo que requerirá desplegar cada individuo en el proceso, se reducirán los gastos de tiempo y de recursos en la realización de los productos, y se fortalecerá la destreza de la técnica industrial pues siempre la concertación entre muchos es más provechosa que el despliegue individual de sujetos dispersos o separados.

Hasta este punto, la concertación, mancomunidad y asociación entre cazadores elevó la calidad de vida de la comunidad de aquella remota época; y los conflictos sociales irrumpen en la escena a partir de la modificación de las relaciones de propiedad. Es entonces cuando aparece la leyenda de los conejos, cuando en una comunidad de cazadores donde en principio regía una fraternal asociación entre seres humanos con iguales derechos y obligaciones, ocurrió que un cazador procedente de una comunidad vecina ofreció a sus colegas el uso de unas lanzas que les facilitarían la caza de conejos muy escurridizos.

Lo más perverso de esta historia se devela en la propuesta del cazador forastero a los miembros de la comunidad: "Yo presto 30 lanzas a 30 cazadores, mis lanzas les garantizarán que cada vez que salgan a cazar, cada uno de ustedes vendrá con su conejo y nunca más pasarán un día sin comer ni malgastarán esfuerzos en el bosque durante horas persiguiendo a esos escurridizos y veloces animales". Al instante todos aplaudieron de alegría, agradeciendo el "favor" que este forastero aparentemente le hacía a la comunidad. Durante los primeros meses de la cacería con lanzas, todos fueron felices, todos lograban satisfacer sus necesidades de manera relativamente fácil debido a este valioso aporte tecnológico; sin embargo en una tarde imprevisible, un "desadaptado social" (bajo el nombre de revolucionarios, socialistas o comunistas, los hubo y los habrá siempre en la historia humana) protestó: "Ustedes andan felices porque ahora trabajan menos y comen más desde que este hombre forastero les trajo estas lanzas, sin embargo no se dan cuenta que diariamente por cada conejo cazado, ustedes aceptan entregarle la mitad de cada conejo (medio conejo). Dicen que esto está bien porque las lanzas le pertenecen a él y se han comprometido a agradecerle por el resto de sus vidas el supuesto favor que este hombre les ha hecho. Lo que ocurre es que vuestros estómagos estando llenos les impiden razonar que ustedes mantienen a este hombre que no trabaja, no practica nunca la cacería, y mediante el engaño de las lanzas él se ha vuelto el eterno dueño de ustedes y de su fuerza de trabajo. Les pregunto: ¿Es que acaso solamente las lanzas de este reyezuelo tienen valor y vuestro trabajo en la diaria cacería no vale nada; Cuántos centenares más de conejos deberán ustedes cazar para pagar el valor de las lanzas que este hombre les ha dado, es que ese precio es infinito. Están ustedes dispuestos a renunciar para siempre a vuestro derecho de ser los propietarios de la suma total de sus esfuerzos?"

Al final de mi narración, aconteció lo más interesante. Uno de mis estudiantes cuyo nombre no revelaré (por petición de él mismo) se me acercó para decirme: "Profesor, no me gusta el gobierno de Chávez, sin embargo creo que la historia de los conejos es aplicable a la situación actual, esto que usted narra sucede en las empresas, porque los dueños son los jefes y los empleados son sólo asalariados. ¿Es esto lo que usted llama la explotación del hombre por el hombre? ¿Es esto lo que ha calificado como el abuso de la propiedad privada?

Constitucionalista y penalista. Profesor universitario.

http://jesusmanuelsilva.blogspot.com

jesussilva2001@cantv.net


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Jesús Silva R.

Doctor en Derecho Constitucional. Abogado penalista. Escritor marxista. Profesor de estudios políticos e internacionales en UCV. http://jesusmanuelsilva.blogspot.com

 jesussilva2001@gmail.com      @Jesus_Silva_R

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