Desarrollo económico como factor disgregatorio de la proxemia en América Latina

La denominación Proxemia es un tipo de comunicación No Verbal que es asumida como el arte de manejar las distancias correctas entre los humanos en todos los contextos y la cual alude a las relaciones de significado cultural del espacio. Ahora bien, para expresar una definición original y concreta sobre el término Proxemia se debe hacer referencia al antropólogo Edward T. Hall quien creó la Teoría del Espacio que implica la existencia de un lenguaje silencioso, la presencia de una dimensión oculta. Una fuerza comunicativa tan poderosa como la palabra o nuestro lenguaje corporal, y de una importancia tan grande cuanto más permanece invisible a nuestros ojos. Donde se plantean los criterios para describir las distancias medibles entre la gente mientras interactúa, sirviéndose de éstas como elementos que pueden expresar concepciones, pensamientos o ideas del ser humano según su cultura, clase social o interés particular.

Sin embargo, todos los elementos relacionados con la Proxemia y su análisis desde mi perspectiva requieren un marco etnológico. Las interacciones de significado en el espacio y la temporalidad contienen referentes básicos de la identidad humana. Dentro del desarrollo económico y las diversas teorías que lo sustentan pienso necesario conocer las significancias y concepciones que la ciudadanía confiere a su cotidianidad. Ello según la conexión y efectos que desde la modernidad se han derivado, donde el ser humano recibe efectos de los cuales quizás hasta desconozca el origen y la intencionalidad.

En contraste con lo anterior, se debe señalar que el desarrollo económico es una concepción que refiere a la capacidad que tiene una Nación de generar riquezas y según se debería reflejar en la calidad de vida de sus habitantes. De igual forma, se relaciona dicho desarrollo con la capacidad productiva del país. Sin embargo, desde la modernidad hasta la postmodernidad la expresión sobre desarrollo económico sigue sumando vertientes que engrosan las acepciones para alinear su significancia. Pues, los críticos e investigadores plantean saber y reconocer lo que es la calidad de vida para cada ciudadano respetando su cultura. Es por ello, que para algunos por ejemplo fomentar la migración que emerge de buscar mejores condiciones de vida ha significado la lejanía de sus afectos y la proximidad a otros sin medir las consecuencias positivas o negativas en la estabilidad psíquica del ciudadano.

En tal sentido, dentro de las políticas públicas de cada Nación se persiste en referir el desarrollo económico quizás con superficialidad. Ante estas posturas subyacen idearios muy genéricos acerca de un contiguo de políticas sociales, económicas, académicas, energéticas, ambientales, entre otras, que buscan direccionar a nuestros países por la vía del crecimiento económico y la distribución del mejoramiento del bienestar general desde sus limitadas visiones o peor aún desde sus visiones programadas como limitadas. Y, ¿qué ha sucedido en nuestra América Latina? ¿Han respetado los modelos de desarrollo económico adoptados la identidad de sus pueblos? No resulta fácil responder a esas dos interrogantes y similares por muchas razones e intereses egoístas que se fortalecen con la ignorancia supina de los responsables que han impulsado teorías sin el más mínimo pudor de probar o considerar si resultan adaptables o no a la identidad de sus pueblos.

Desde otro estadio, considero también respetuoso y honesto referir a los que han creído según la temporalidad de los eventos históricos y sus realidades en implementar modelos basados por ejemplo en las importaciones. Tal fue el caso de América Latina durante un lapso del siglo XIX e inicios del siglo XX, donde el modelo económico estuvo apoyado en la exportación de productos primarios relacionados con la minería, la agricultura, la ganadería, entre otros. Y, a pesar de que se generó un aparente crecimiento económico finalmente no resultó estable demostrando su fragilidad en la crisis de 1929. Tras esta crisis nace una vez más replantearse los modelos de desarrollo económico como el basado en el pensamiento cepalino impulsado por Prebisch quien delineó una estrategia pensada desde el sur y muy particularmente desde América Latina, el cual fue aplicado en casi todos los países, es decir, la sustitución de importaciones basadas en políticas de promoción del sector secundario de la economía a través de la sustitución de producción industrial importada por la nacional. Aunque este modelo logró generar crecimiento y desarrollo al sector industrial, no involucró superar las barreras del sub-desarrollo demostrando no poder sobrellevar las repetidas crisis económicas que terminaron por hacerlo insostenible.

Al meditar en cada modelo de desarrollo e intentos de progreso en lo económico sería ingenuo pensar que análogamente no surgían otras teorías concernientes al desarrollo, pero centradas en el ser humano como base para el desarrollo general, su adaptación a cada contexto, la conexión de este con la estabilidad del ánimo, con la forma de aprender y de asimilarse socialmente. Como hice mención al inicio del artículo acerca del antropólogo Hall y su teoría, otras áreas afines del saber se encargaban de dilucidar y comprender cómo las categorías humanas relacionadas con el lenguaje no verbal llevan implícita un carga de emotividad que condicionan la productividad y comportamiento de una población que resulta clave en la estabilidad de las sociedades. Ello constituye un arma poderosa, pues, si desestabilizo al ser, se desestabilizan las sociedades, y si controlo al ser, controlo las sociedades. Y, los responsables de conducirlas llevan el timón de todo lo que implica desarrollo. Se disgrega el pilar de del mundo, es decir, el ser humano y su humanidad. Se crean proximidades convenientes y otras se alteran por la creencia de solo producir para el poseer entes materiales.

Es ineludible no mencionar un elemento fundamental expresado por algunos pensadores y críticos como la globalización, quienes la describen como una metáfora que enuncia la ruptura de lo local y la mundialización de todas las esferas de la acción humana enlazada a intereses de desarrollo; otros la consagran como el triunfo del capitalismo. No obstante, desde mi perspectiva y lejos de críticas sobre sus bondades o no, es bueno fijarse en los resultados que hemos visto, es decir, a través de los medios masivos de comunicación se observan los mismos ídolos del deporte en casi todos los rincones del mundo, los más famosos videoclips, la ropa de moda, consumimos las mismas hamburguesas por las franquicias y los mismos refrescos, somos inducidos a comprar determinados tipos de jeans o distinguirnos en su momento con ciertas tarjetas de crédito.

Lo descrito contribuye a la adopción de culturas ajenas quizás menospreciando las locales o en el peor escenario ni siquiera las conozcamos. Este estilo de comunicación ha sido adoptado como fundamento para el desarrollo económico de unas minorías y disgregatorio de elementos comunicativos que emergen de las significancias dadas por los ciudadanos cónsonos con su identidad y tradiciones. Y si se hace un análisis más profundo de la globalización nos encontramos que se nos orienta fundamentalmente a maximizar la producción, la rentabilidad y el lucro, ovacionando lo pragmático. Es decir, que todo aquello que no produzca un beneficio inmediato pareciera no tener ningún sentido ni valor. Quedando relegadas las acciones como la solidaridad, el servicio y la reflexión; aparecen como desprovistas de sentido. De forma avasallante desprendernos de nuestras costumbres y conexiones entre los espacios y las personas fomenta una alabanza al individualismo. Los modelos de desarrollo se han centrado en fomentar al Dios mercado y la rentabilidad, nos han direccionado al egoísmo ignorando o pisoteando las diferentes realidades sociales, económicas y culturales desde la modernidad hasta la post-modernidad, donde la Proxemia comercial es la clave solo para incentivar el consumo.

 

raizagalindez@gmail.com



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