El Sufragio en Venezuela

Las recurrentes y largas intervenciones del presidente Nicolás Maduro en cadenas de radio y tv, recuerdan la admirable síntesis que hizo de la historia política nacional el escritor venezolano Mario Briceño Iragorri: "La revolución de octubre de 1945, afanosa de componer lo corrompido anterior, habló hasta de una segunda independencia. Lo mismo habían hecho todos los movimientos precedentes cuando tomaron el gobierno. Si leemos los discursos inaugurales de los ejercitantes del poder, hallaremos que Venezuela ha nacido tantas veces como regímenes personalistas ha soportado. Nuestros gobernantes nos han dicho, como Luis XV, después de mi, el diluvio. Sin sentirse responsables de lo que siga como consecuencia histórica de sus actos, han visto el pasado para justificar su ascenso a los nuevos comandos, entonces, en tono de augurios y comparando el escaso puchero de ayer con el opulento banquete de hoy, han declarado: Antes de mi era el caos". (Obra, Mensaje sin Destino)

Sin dudas que encontrar otra referencia histórica tan semejante a nuestro presente político, es bastante difícil; y si alguien quiere corroborarlo, sólo necesita revisar cada discurso del actual jefe de Estado y allí encontrará los mismos ofrecimientos que en el pasado hicieron sus antecesores: acabar con la pobreza y convertir al país en una nación desarrollada (potencia) y próspera.

Con esa misma orientación y en medio de una realidad marcada por la incertidumbre ideológica, liderazgo personalista, control absoluto del poder y situación de miseria casi total de la población, el presidente Maduro y la nueva directiva del Consejo Nacional Electoral, hace apenas un mes hicieron sendos anuncios según los cuales el próximo 6 de diciembre se realizarán elecciones para escoger los diputados a la Asamblea Nacional venezolana.

Las declaraciones llamaban a todos los sectores políticos a participar y les prometía, para atajar la creciente desconfianza que desmotiva a millones de electores a ejercer ese derecho, que en ese evento los aspirantes tendrían garantizadas todas las condiciones de igualdad prescritas en la Constitución y la Ley de Procesos Electorales y que se respetaría plenamente la voluntad popular expresada en los resultados arrojados por las máquinas.

Sin embargo, ante tan atractivas ofertas, en un país donde en años recientes hemos visto a políticos del gobierno y oposición andar en esas lides valiéndose de todo tipo de artimañas y manipulaciones jurídicas, es inevitable preguntarse:



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