No basta la renta petrolera. Debemos producir lo que necesitamos

Durante los últimos ochenta años, Venezuela ha dependido exclusivamente de la renta petrolera y ha descuidado completamente las otras aéreas de la economía como la agricultura, la producción de alimentos primarios y la elaboración productos derivados, tanto los de la agricultura, como los de la infinita cantidad de materias primas que nos ha brindado la naturaleza. Nos hemos dedicado a exportar exclusivamente petróleo crudo a sabiendas de que del petróleo se pueden obtener más de seiscientos mil productos derivados. Hemos convertido nuestra economía en una actividad netamente portuaria, que consiste en que exportamos petróleo crudo e importamos todo lo demás. Esto nos ha convertido en un país importador, tanto de productos básicos, como productos suntuarios. Igualmente importamos todo tipo de bienes de producción, sean estos bienes de fácil fabricación, como también aquellos cuya elaboración es muy sofisticada.

Las microempresas y las mini empresas productivas han sido marginadas y olvidadas por todos los gobiernos y gobernantes que ha tenido Venezuela, a diferencia de lo que sucede en la mayoría de los países desarrollados en el resto del mundo.

La enorme crisis multidimensional que estamos padeciendo actualmente los venezolanos no es casual: la pobreza, la miseria, el hambre, la desnutrición, la falta de medicamentos, la escasez, el desabastecimiento, la hiperinflación, son consecuencia directa de la falta de previsión, de la improvisación, de la ineptitud y falta de proyectos de nuestra clase dirigente, tanto en el siglo pasado como en el gobierno "dizque revolucionario y socialista" del presente siglo y la "dizque oposición democrática" actual. La vulnerabilidad actual de Venezuela, la denominada "guerra económica" y el "bloqueo" a que está sometido el país, por parte de EUA, sin duda alguna se deben fundamentalmente a la enorme corrupción imperante en todas las instituciones del Estado venezolano y a nuestra dependencia de las empresas extranjeras para producir los más elementales bienes de consumo.

La agricultura está abandonada, las industrias básicas no producen ni el 20% de su capacidad, la industria petroquímica está en su mínima actividad. La producción de alimentos, medicinas y productos de primera necesidad es prácticamente nula. No existen empresas venezolanas procesadoras, aguas abajo, del petróleo, del hierro, del aluminio, de la madera, etc. La industria automotriz que tiene más de setenta años en Venezuela, no pasa de ser meramente ensambladora, sin casi ningún valor agregado. La industria de alimentos y artículos de aseo personal está casi en su totalidad controlada por empresas transnacionales como Kraft, Heinz, Oscar Mayer, Kellogg’s, Procter & Gamble, Colgate-Palmolive, Nestlé, Coca-cola, Polar, etc. Hemos dependido de las empresas extranjeras para producir en Venezuela los alimentos y productos de primera necesidad que deberíamos producir nosotros en todos los municipios del país: productos como pan, aceites, mantequillas, lácteos, jugos de frutas, galletas, caramelos, salchichas, refrescos, licores, vinos y bebidas de todo tipo, alimentos balanceados para animales, pasta dental, jabones, detergentes, papel higiénico, desodorantes, toallas sanitarias, ropas, herramientas, baterías, cauchos, repuestos, etc.

Carecemos de una marca nacional para casi todos nuestros productos básicos. Dependemos totalmente de las empresas extranjeras para nuestra alimentación, salud e higiene o aseo personal. Por tanto, no es necesario que el presidente de EUA ordene un bloqueo económico a Venezuela. En realidad, cualquier empresa transnacional puede bloquearnos escondiendo sus productos cuando quieran. Estas empresas, de hecho, tienen bloqueado al país.

Sin embargo el gobierno, en vez de promover la producción nacional y estimular la creación de microempresas de alimentos y bienes esenciales, se mantiene engañando al pueblo con ocasionales y miserables bonos en dinero y vergonzosas cajas clap que solo sirven para generar parásitos sociales, aumentar la inflación, empeorar, más que mejorar la calidad de vida del pueblo venezolano y causar enorme daño a la economía nacional.

La manera como el gobierno intenta solucionar la nula producción nacional consiste en importar alimentos vencidos y productos básicos de los lugares más insólitos y lejanos como Turquía, India, Grecia, México, etc., pero además lo hace entregando a cambio oro no certificado, o comprando, no precisamente a productores sino a intermediarios ocasionales, ya que esto representa un mejor negocio para los burócratas venezolanos.

¡Pero en Venezuela lo que ¡necesitamos urgentemente es sembrar vida, pues el tiempo se agota!

¡El pueblo venezolano se está muriendo de hambre, mengua, desnutrición y abandono en medio de tanta riqueza!

Y sin embargo, ni el gobierno, ningún dirigente, intelectual, periodista, ninguna asociación o grupo político presenta una denuncia, una propuesta, un plan o un proyecto de país, ni a corto, mediano o largo plazo.

Nicolás Maduro e Iván Duque hablan de soberanía nacional, apoyados respectivamente por los ejércitos de Rusia y EUA mientras aumentan las tensiones militares entre Venezuela y Colombia. Los mencionados gobernantes, de esta manera se comportan como tontos útiles, mientras sus pueblos sufren las desastrosas consecuencias. Obviamente el objetivo principal de los dos gobiernos es desviar la atención de sus pueblos y de sus fuerzas armadas para que se olviden de sus pésimas gestiones, mientras el propósito de Rusia y EUA es vender armas y mantener la región dividida para el fácil saqueo de nuestros recursos naturales, así como también impedir que la población de lado y lado logre organizar un gran movimiento popular que permitiría realizar pacíficamente una gran Transformación en los dos paises.

Olvidan dichos gobernantes que el primer paso para alcanzar la soberanía nacional consiste en lograr la soberanía alimentaria y para esto debemos producir lo que necesitamos consumir.

En vez del enorme gasto militar realizado por el gobierno de Venezuela en aviones Sukhoi, tanques de guerra, sistema de misiles y otras armas para destruir, junto con el adiestramiento de nuestros soldados para la guerra, se ha debido utilizar todo ese dinero para modernizar totalmente la agricultura venezolana, la agroindustria, la agricoindustria, las Pymis, y el aparato productivo en general, además de los hospitales, las escuelas, etc. y no estaríamos padeciendo esta horrible pobreza y escasez de alimentos, medicinas y todo tipo de productos básicos.

En Venezuela, ni el gobierno "dizque revolucionario y socialista", ni la "dizque oposición democrática", tienen una propuesta sensata y coherente para el pueblo que no sea el fracaso del pasado: falso dialogo entre cúpulas sin participación del pueblo, intimidación a la disidencia, insultos y amenazas reciprocas, inútil control de precios o precios acordados, alianza con los capitalistas, tema del Petro, inflacionarios aumentos del salario mínimo, manipulación con el carnet de la patria, chantaje de las cajas clap chimbas, regaladera de miserables bonos, etc. Paradójicamente, lo único que tienen para enfrentar y entretener al pueblo es el poder económico de los recursos naturales, que pertenecen a todo pueblo venezolano y el poder mediático de los medios públicos y privados que también debería estar en las manos del pueblo.

A estas alturas, el gobierno "dizque revolucionario y socialista", está cada vez más dividido y no halla qué hacer. China y Rusia están a la expectativa observando pacientemente.La "dizque oposición democrática" espera intranquila que Trump haga algo para sacar a Maduro, pero sucede que Trump también esta entrampado.

Pareciera que en Venezuela, el juego cada día se tranca más. El pueblo venezolano se encuentra abandonado, hambriento, débil, adormilado, confundido y desorientado. Actualmente la sociedad venezolana se encuentra a la deriva, sin gobierno, sin oposición y sin esperanzas. Los partidos políticos de todos los colores se han convertido en una verdadera estafa y las políticas, tanto la del gobierno "dizque revolucionario y socialista" como la de la "dizque oposición democrática", han perdido toda credibilidad.

Pero se acercan días definitorios. El pueblo esta hastiado. Es el momento más adecuado para crear un Movimiento Pacífico y verdaderamente Transformador. Para esto es indispensable que el pueblo organizado en agrupaciones, sindicatos de empleados y trabajadores, colegios de profesionales, asociaciones estudiantiles, etc., se unan en una causa común. Es el momento más adecuado para que los trabajadores venezolanos ocupen el espacio político que les corresponde y que ha sido abandonado por los representantes del facilismo, del entreguismo y de la corrupción que generó el rentismo petrolero y minero durante los últimos cien años.

La única salida para Venezuela consiste en recuperar y aumentar sustancialmente nuestra producción nacional, pero para lograr este objetivo, ante todo debemos combatir la nefasta corrupción, hasta barrerla y extinguirla totalmente de nuestra cultura.

¡La corrupción es tal vez la más fatal consecuencia del capitalismo y el peor de los males. Debe ser señalada, estigmatizada, perseguida y castigada!
La corrupción es el origen y consecuencia de todos los males: del nepotismo, del amiguismo, del influyentismo, etc. Es la causa principal del desborde delictivo que hay en el país y se origina en los más altos niveles del gobierno, pero a todos nos perjudica. Es querer enriquecerse sin trabajar. Nada ha hecho más daño a la sociedad, que la corrupción pública y privada.
Los corruptos son malvados y despreciables, pero no obstante, son altivos y prepotentes, andan orondos y se sienten orgullosos de su comportamiento, son ostentosos porque cuentan con la impunidad de sus actos y además se sienten merecedores de privilegios. Son crueles, presumidos, superficiales y vanidosos. Para ellos, toda persona tiene un precio. Para ellos ser corrupto es ser inteligente, es pisotear a los demás, es tener influencias, es tener éxito sin importar los medios, es ser un "vivo". Esa mentalidad tenemos que extirparla, tenemos que barrerla como se barren las escaleras: de arriba para abajo. De otra manera no será posible acabar con ella.

Lo primero que tenemos que hacer es fortalecer la economía popular y para lograrlo es imprescindible eliminar los perversos bonos, las perniciosas cajas CLAP y destinar el Carnet de la Patria para unos fines más útiles y funcionales, como por ejemplo, sustituir y modernizar la cédula de identidad.

Ante todo, necesitamos un gran Proyecto Agrícola Nacional, debemos desarrollar urgentemente la agricultura y la producción de alimentos primarios y derivados de alta calidad. Hemos llegado a tal grado de retroceso en nuestra economía que tendremos que comenzar nuevamente como comienza toda civilización: con la producción de alimentos. Invito a ver:

http://propuestaagricolanacional.blogspot.com/
En todos los municipios del país se deberían crear y reactivar cuanto antes, microempresas y mini empresas productivas con el fin de generar como mínimo unos tres millones de puestos de trabajo en los primeros seis meses con miras en alcanzar en un tiempo suficientemente razonable, unos 15 o 20 millones de trabajadores y trabajadoras para satisfacer inicialmente el mercado interno de productos básicos y posteriormente tener capacidad de exportación para abastecer el mercado internacional.

Con el desarrollo de la agricultura se dinamizará la agroindustria, la agricoindustria, el transporte, la construcción, las comunicaciones y todo el resto de la economía nacional, generando en el corto y mediano plazo, millones de empleos bien remunerados, al mismo tiempo que mejorará la calidad de vida del pueblo venezolano, aumentará la capacitación laboral, y en consecuencia, el empleo para muchos jóvenes que hoy están abandonando el país en busca de trabajo y mejores condiciones de vida.

Tenemos tierras, aguas, petróleo, hiero, aluminio, maderas y materia prima en abundancia y solo necesitamos producir y transformar una mayor cantidad de productos primarios y secundarios o derivados. Debemos impulsar y crear inicialmente pequeñas y medianas unidades productivas de alimentos y productos básicos, como carnes, frutas, leche, plátanos, maíz, caraotas y sus derivados como harinas, aceites, jugos de frutas, pan, arepas, caramelos, pastas, comidas procesadas, pinturas, jabones, utensilios, etc. en todos los municipios de país, dando prioridad a nuestras empresas nacionales por sobre las transnacionales.

Cuando la producción es realizada por empresas transnacionales, los precios de los productos al consumidor nacional son más altos y generan inflación pues las ganancias son repatriadas a sus respectivos países de origen. Igualmente, estimulan el consumismo exagerado.

En el mundo entero se producen excelentes equipos y pequeña maquinaria para elaborar y procesar todo lo anteriormente mencionado, lo cual nos permite dar los primeros pasos en la primera etapa de la producción.
Venezuela en particular, no tiene derecho a permitirse el absurdo lujo de tener la mayor parte de su población desocupada y en situación marginal, huyendo del país, sin la posibilidad de tener un trabajo digno y bien remunerado en su propia tierra.

Una de las razones del éxodo de venezolanos en los últimos años es, sin duda alguna, la falta de fuentes de trabajo en el interior del país, que se debe en gran medida a la regaladera de bonos con que el gobierno pretende solucionar el problema de la pobreza. El pueblo venezolano no necesita ni bonos en dinero, ni cajas de comida de mala calidad. Lo que necesita el pueblo venezolano es el estímulo de una buena capacitación laboral con la garantía de un trabajo honesto, digno y bien remunerado o el asesoramiento y financiamiento para establecer una empresa productiva. Eso es lo que debe promover el gobierno en todos sus niveles.

Poco a poco deberemos ir conformando la organización de estas pequeñas empresas o unidades productivas con el objeto de estandarizar la producción en cuanto a calidad, empaque, presentación, precios, etc., para lo cual se requiere la coordinación de los diferentes institutos tecnológicos y universidades del país.

Igualmente debemos destinar y contar con instituciones y bancos apropiados y específicos para atender y financiar con prontitud y eficiencia estas pequeñas y medianas unidades de producción. Tengamos presente los buenos ejemplos que nos muestran las experiencias que han tenido algunos países como Japón, Corea del Sur, China, etc.

Desde el pueblo organizado pueden surgir los mejores planteamientos para generar nuevas políticas y así ir transformando nuestro modelo de producción para dejar en segundo plano el modelo rentista que tanto daño nos ha hecho durante casi cien años.



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Gilberto Hernández Ortíz

Graduado en la universidad Nacional de Colombia en Licenciado en Ciencias de la educación especializado en el área de Física y Matemáticas Postgrado en Educational Media en la Universidad de North Carolina A&T State University año 1984 - Greensboro, N.C Prof. Jubilado de la Univ. de Oriente (Núcleo Anzoátegui)

 gilnandez@hotmail.com

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