El bloqueo financiero contra Venezuela

Las sanciones financieras unilaterales de Estados Unidos no se deben tomar a la ligera. Son a todas luces sanciones políticas, porque se aplican con la doble moral y la discrecionalidad que caracteriza al decadente Imperio Norteamericano. Con tolerancia extrema para unos países del Medio Oriente y sus aliados estratégicos (con licencia hasta para exterminar pueblos) y alta intolerancia para con países soberanos e independientes como Venezuela, Cuba y Nicaragua.
Las sanciones políticas implican duros y variados golpes a la dinámica comercial. Dichas acciones se ven directamente reflejadas en los obstáculos en las interacciones comerciales de cualquier país. Para comprar o vender cualquier producto en el mercado mundial se deben cotizar los precios de los productos en divisas, gestionar cartas de crédito, hacer transferencias financieras, seguros, fletes, contratar inspectores de embarque, etc. Todo se debe pagar en dólares o su equivalente en otra divisa.

Con el bloqueo los mercados naturales de intercambio de productos ven alterados sus flujos de disponibilidad y abastecimiento. Más para un país de alto poder adquisitivo como el nuestro, dependiente de importaciones en algunos rubros estratégicos no autóctonos, pero que forman parte de nuestra cotidianidad y de nuestros patrones culturales de consumo. El trigo que consumimos es un ejemplo de ello. En condiciones normales consumimos más de 1.200.000 toneladas anuales. Divididos en 600.000 toneladas de Trigo Durum para la pasta y 600.000 toneladas de Trigo Común para el pan. Para tener una idea, la tonelada de trigo está rondando los 238 dólares, por lo que para mantener este nivel consumo requerimos más de 285.600.000 dólares al año, más el costo del flete, seguro y transporte. El bloqueo nos presenta una complicación adicional, nuestros mercados históricos de suministro de trigo han sido Estados Unidos y Canadá, que están a solo 4 o 5 días de flete. Al utilizar otros mercados como el europeo el flete puede alcanzar de 30 a 45 días (entre 800% y 1.000% más de tiempo y dinero). Para entender la magnitud del costo para el país de un solo rubro alimenticio, los 285 millones de dólares que se necesitan para comprar trigo representan un 7,14% de los 4.000.000.000 de dólares que ingresaron a la nación en el año 2018, como señaló en su Memoria y Cuenta el presidente Nicolás Maduro ante la ANC el 14 de enero de 2019. Ante la persistencia de esta realidad, del bloqueo total o parcial del acceso a la compra de alimentos, debemos incrementar la producción nacional y el consumo de otros tipos de carbohidratos como el arroz y el maíz blanco. Esto aplica para todos los otros rubros del sector alimentos, medicamentos e industria en general.

Volviendo al tema del bloqueo, a partir del Decreto Obama del año 2015 donde nos declara una amenaza “inusual y extraordinaria” a la seguridad nacional del Imperio, y luego con el infinito vendaval de decretos de la disociada administración Trump, principalmente el uso político y discrecional de la lista OFAC, contra personas e instituciones venezolanas (Ministerio de Finanzas, BCV, FONDEN, PDVSA, CITGO), se han generado acciones reales de cerco que persiguen estrangular al país e impedir la actuación de nuestros funcionarios.
Los bloqueos financieros generan daños unilaterales graves e irreversibles. Se consiguen los productos en el mercado mundial, sí, pero más caros. Porque se deben utilizar mecanismos alternativos de triangulación para acceder a los productos. El daño financiero y reputacional es también grave. Solo como ejemplo, cuando el CitiBank en el año 2016 se negó a seguir prestando el servicio de corresponsalía (pagos a clientes, transferencias, recepción de depósitos, etc.) para el Estado venezolano (principalmente BCV y PDVSA), Venezuela tuvo que buscar otros bancos con mayores costos financieros y menos capacidad operativa para llevar nuestra cartera de clientes, retrasando, bloqueando o impidiendo los pagos por todo el mundo. Sin embargo, todos los bancos alternativos fueron objeto de amenazas y coacción por parte de agentes de la Oficina de Control de Activos en el Extranjero (OFAC). Representando de facto un “boicot financiero”, pues el temor a sanciones por parte de los bancos corresponsales les hace rechazar mantener cualquier tipo de actividad profesional con el país.
Todos recibieron su “jalón de orejas” y su respectivo memorando del Departamento del Tesoro de Estados Unidos: “de conformidad con las obligaciones regulatorias existentes, las instituciones financieras deben tomar medidas razonables acordes al riesgo para identificar y limitar cualquier contacto que puedan tener con fondos y otros activos vinculados a la corrupción pública”. De facto y como en tiempos de la Santa Inquisición, esta comunicación, sin pruebas ni juicio alguno se convirtió en una prohibición expresa para realizar transacciones financieras de ningún tipo.

Resistencia y contraofensiva

El bloqueo es una forma de agresión y coacción directa. Se requiere resistencia, estrategia y sapiencia para contrarrestar sus efectos perversos. Cuba ha resistido estoica 58 años de bloqueo financiero y comercial desde octubre de 1960 (esto paralelo a agresiones como las invasiones militares y los ataques terroristas). Han padecido la Cuban Democracy Act (1992) y la Ley Helms-Burton (1996). Cuba ya ha cuantificado los daños del bloqueo: “Entre abril de 2017 y marzo de 2018 se recrudeció la política de Estados Unidos hacia Cuba y la agresión y el cerco económico costaron al país caribeño más de 4.321 millones de dólares, que llevan a un total de 933.678 millones el costo de las pérdidas sufridas por la Isla en casi seis décadas de aplicación del bloqueo” (Cubadebate, 24/08/2018). Todo esto ocurre por la soberbia imperial de reconocer la inutilidad del bloqueo, a pesar de que la ONU lo ha condenado en 26 ocasiones, recibiendo en 2017 el apoyo de 191 países y el rechazo de solo 2: Estados Unidos e Israel.

En artículo publicado por Telesur, señala que el “Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica emitió un informe dando cuenta que el bloqueo financiero contra Venezuela por parte de Estados Unidos (EE.UU.) ha significado pérdidas de 350 mil millones de dólares en producción de bienes y servicios entre 2013 y 2017 para el país suramericano. La medida arbitraria es el principal responsable de la situación económica del país suramericano. El país perdió en ese quinquenio (2013-2017) entre 1,6 y 1,1 Productos Internos Brutos”. Aquí se empiezan a dibujar más claramente los impactos negativos del nefasto bloqueo norteamericano en contra del país.

El tema del pago de la deuda y los compromisos internacionales es también un descarado objeto de manipulación, chantaje y especulación. Venezuela jamás ha dejado de pagar sus compromisos financieros internacionales, que rondan los “3.300 millones de dólares anuales”. Pero perniciosamente, a pesar de que el país realiza regular y oportunamente las transferencias del capital e intereses a los bancos responsables de los bonos, los pagos se retrasan o quedan congelados en los bancos corresponsales, perjudicando principalmente a los tenedores de dichos papeles. En muchos de los casos las alharacas mediáticas las hacen grupos afines a los fondos buitres, los cuales especulan con los bonos para transar precios inferiores a los que realmente deberían cotizar. Para tener una idea clara de esto, el Indicador de Riesgo País de Venezuela siempre aumenta, a pesar de que históricamente hemos cumplido con nuestros pagos. No es casualidad de sea el banco JP Morgan Chase, el encargado de elaborar el índice EMBI (Emerging Markets Bonds Index o Indicador de Bonos de Mercados Emergentes), evidenciando que esta entidad financiera forma parte activa de la campaña de bloqueo y descredito contra el país.

Este tema es tan crucial para logia financiera mundial (siendo su única razón de existencia la defensa del capital) que en medio de todo este bloqueo financiero, han intercedido ante el gobierno norteamericano para que los pagos a sus empresas “protegidas” lleguen de manera rauda y segura. Por ejemplo, agentes dentro del Fondo Monetario Internacional trabajaron, raudo y veloz, para que el Banco Central de Venezuela pudiera utilizar sus Derechos Especiales de Giro y realizar un “pagó a Brasil por $262,5 millones correspondientes a la compensación por comercio”. No podemos hacer transferencias financieras directas a empresas de alimentos y medicinas, pero pregunten si las transnacionales que operan en el país han tenido problemas para cobrar. Ninguna. Llaman directo al Departamento del Tesoro norteamericano y les autorizan raudamente todos los pagos.

Para más señas sobre la inmoralidad del bloqueo financiero norteamericano, recién el viernes 08 de marzo, nuestro embajador en la ONU Samuel Moncada denunció la emisión de dos nuevas órdenes ejecutivas emitidas por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos que “autorizan usar el dinero confiscado a Venezuela para pagar los bonos emitidos por Petróleos de Venezuela S.A. (Pdvsa), Citgo (filial de Pdvsa en EEUU) y otras empresas petroleras”. Moncada señaló que “Así los acreedores financieros de Venezuela son los primeros en recibir ayuda humanitaria”, esto “Es un robo de proporciones históricas del que pocos hablarán en los medios”. Esta medida representa una descarada confiscación de nuestros recursos financieros. Pero también Estados Unidos se abroga la discrecionalidad sobre el pago, es decir, a su antojo seleccionará a los beneficiarios de los mismos. Venezuela queda impedida de priorizar sobre el uso de dichos recursos que bien deberían ir primero a la compra de alimentos y medicamentos.

De cara al futuro, frente al atroz bloqueo del Imperio Norteamericano, hoy más que nunca se evidencia la extraordinaria visión estratégica que nos legó el Comandante Chávez: la construcción de una nueva geopolítica internacional con un mundo multicéntrico y pluripolar. Debemos continuar profundizando las alianzas estratégicas cultivadas con los dos gigantes, China y Rusia, lo que nos permitirá avanzar y sortear todos los obstáculos que se nos presenten. Estos dos países en la actualidad han plantado cara a la inestable administración Trump, la cual ha intentado agredirlas con sanciones, bloqueos y una absurda guerra comercial arancelaria. También tenemos el ejemplo de otros países que han padecido del “bloqueo total” por parte del Imperio Norteamericano, pero que han salido airosos en su lucha por garantizar el bienestar de su pueblo, logrando mantener la producción nacional y promover el intercambio comercial con sus países aliados. En el caso de Irán, la balanza comercial (exportaciones más importaciones) de ese país en el año 2017 superó los 140.000.000.000 de dólares; en el caso de Bielorrusia, en el año 2017 mantuvo una balanza comercial de 63.000.000.000 de dólares. Toda una proeza de resistencia frente a las inmorales y unilaterales acciones de bloqueo por parte del Imperio Norteamericano.



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Richard Canán

Sociólogo.

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