Una utopía llamada Venezuela

A la escritura siempre la he visto como una catarsis, me explico mejor por escrito y me entiendo mejor cuando escribo, anteriormente lo hacia con más asiduidad, ahora, la vejez me ha hecho adoptar posiciones de espera, siempre me han chocado los estereotipos, estoy en contra de éstos y siempre voy nadando contra la corriente, no es fácil cuando uno no se destaca en casi nada y es un limpio de a bola, Venezuela está llena de gente estereotipada y les diré porqué: cuando se raspaba cupos en el exterior tooodo el mundo empezó a raspar cupos, era la genialidad criolla en grado máximo, se acabó la raspadera y la gente buscó por otro lado, empezó el bachaquerismo que tanto daño le ha hecho a la economía, tooodo el mundo puso su mesita en la calle y, sin importarle el prójimo, empezó su negocito particular, acabando poco a poco con el país en un claro propósito de enriquecerse a toda costa, sin importarle hacerle el juego a los desestabilizadores que tanto daño hacen, luego con la crisis generada por estas mismas distorsiones empezó la manía, mejor dicho, la moda de emigrar y allí se fue media juventud a buscar los dólares desesperadamente para irse de esta "dictadura", dejaron los trabajos metiendo reposo tras reposo, vendieron prendas de oro, vendieron electrodomésticos y toda vaina vendible y ¡plan! Agarraron su avión, su autobús y se fueron a hacer en esos países trabajos que nunca hicieron en Venezuela, ¡no, que asco! -limpiar baños, trabajar 12 y 14 horas diarias, cobrar menos dinero que el connacional, tener un día libre cada 15 días, dormir en plazas y hacer pupú detrás de la matica- todo por cobrar en dólares y escapar del nefasto gobierno chavista.

Un gobierno que atiende todos los meses a 4 millones de ancianos con su pensión adelantada, a 8 millones de estudiantes que reciben transporte, salud, educación, comida y Canaimitas totalmente gratis, que regala apartamentos y casas todos los días, que se esfuerza por conseguir alimentos, medicinas, repuestos automotrices en el exterior venciendo un abrumador cerco imperialista que no quiere que hagamos el modo de gobierno que nos salga del forro, que nos roba sin ninguna razón nuestros depósitos en el exterior, que nos embargan nuestros haberes, que nos quieren quitar Citgo, que no dejan que nuestras refinerías reciban petróleo, que no dejan partir buques con nuestra comida, que no nos pagan servicios eléctricos, que nos declaran "amenaza inusual y extraordinaria" y después de tres años en este peo, aún aguantamos.

Pero el aguante tiene un desgaste, y ese desgaste tiene un precio, si es verdad que con el cambio del cono monetario tuvimos un respiro pero la apnea vuelve a atacarnos, se siguen llevando nuestro dinero, los productos por punto de venta son 10 veces más caros, los servicios de gas doméstico están inexistentes, el transporte sigue siendo un caos, el aseo urbano está desaparecido, y todos estos problemas son sufridos día a día por nuestro pueblo, ese valiente pueblo que traga grueso cada vez que se le enferma un hijo, cuando no consigue los antibióticos, los hipertensivos, las inyectadoras, el jabón, la pasta dental, la leche en polvo. ¿Cómo podemos decirles a nuestros hijos que no se vayan del país, ofreciendo a una nación extraña, explotadora muchas veces, esos buenos conocimientos que aquí obtuvieron gratis? Debemos cuidar a los que se quedaron, a los que están aguantando una pela muy dolorosa, a los que defienden el gentilicio, a los que hacen su trabajo con las uñas, a los médicos de esos CDI tan olvidados, a los educadores que todos los días imparten educación a nuestra juventud, a los petroleros que producen el principal producto de exportación venezolano y que en muchos campos petroleros, son vejados por militares de alto rango y carajitos "inspectores socialistas" que en una cacería de brujas, los amenazan con botarlos por cualquier pendejada que ellos consideran un fallo laboral.

No reniego de que somos un país petrolero y nuestra principal fuente de ingresos es el oro negro y que tenemos el mayor volumen de ese producto del mundo, ese es nuestro principal castigo, pues se ha descuidado áreas sensibles y se han sobredimensionado otras, por ejemplo el Arco Minero y la Faja Petrolífera Hugo Chávez Frías, una porque la estamos explotando sin ningún control ecológico, por más que el gobierno nacional diga lo contrario o no diga nada, que es peor y otra, la faja, porque la estamos entregando en concesiones que no tienen nada que envidiarle a las de la época gomecista, todo esto sin pedir la opinión de el pueblo, que en el papel, es el único dueño del territorio nacional.

No podemos entregar el petróleo en contratos leoninos que favorecen más a las naciones extranjeras que nos prestan dinero que a Venezuela, debemos trabajar con transparencia y volver al campo donde está la verdadera riqueza retornable, ecológica y productiva y no en pensar en que todo es puro urbanismo (me refiero a lo urbano de la vida de la capital) y que lo demás es monte y culebra, debemos implementar y lanzar una Misión Agropecuaria o como quieran llamarla, que retorne a la gente a la vida rural, una vida rural, claro está, del siglo XXI, con comodidades, con casas acordes a la zona, con servicios necesarios y decentes para que la gente se entusiasme con el trabajo agrícola y pecuario que se haría, estoy seguro que todos saldríamos ganando en varios aspectos, entre ellos la seguridad nacional pues cubriríamos áreas que están en vulnerabilidad, ganaríamos en salud pues saldríamos de urbes contaminadas, ganaríamos en suministros que abaratarían los costos de alimentos, en suma, sería una misión de ganar-ganar como le gusta decir al presidente.

Todos sabemos que la corrupción existe, aun siendo combatida con denuedo, existe, y ese es el daño mayor que le estamos haciendo a un bello, extraordinario y singular país como este, está en nuestras manos dejar a las próximas generaciones un territorio que nos haga sentir orgullosos, la nueva Venezuela.



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Bernardo Hernández Muñoz


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