Agosto gris, septiembre negro

Brutal. Es la única palabra que me llega a la mente para tratar de describir lo que ha ocurrido en nuestro país desde que entró en vigencia la cosmética reconversión monetaria; punto central del "Plan de Recuperación Económica" anunciado por el "genio" Nicolás Maduro.

Nunca nadie le había pedido tanto al azar, o, a la magia; no se puede esperar que el incendio se apague cuando le estas arrojando toneladas de gasolina, en vez de agua. Nicolás Maduro, en su desespero por ganar tiempo, empuja a todo el país al fondo del precipicio; sus acciones son cada vez más criminales, irresponsables, desastrosas, suicidas, un mal chiste de la historia, una ópera bufa que no logra sacar la más mínima sonrisa, un acto siniestro con millones de víctimas.

El mazazo estaba cantado, cuando se actúa contra la lógica económica, los resultados no pueden ser positivos, eso es imposible, y así lo entiende la mayoría de la gente; no solo los expertos, también, los venezolanos de a pie: a los que, los devaluados salarios no le alcanzan para cubrir ni una décima parte de sus necesidades, los ancianos que han convertido las colas de los bancos en su purgatorio personal, los productores y comerciantes quebrados, los pacientes crónicos condenados a muerte, las amas de casa que sufren al no tener comida para sus hijos, los jóvenes que huyen en masa buscando un futuro próspero; todos lo entienden, menos Maduro, y su cúpula codiciosa, corrupta, y voyerista.

¿Cuál es la lógica económica que persigue este gobierno?, no hay teoría que sirva de soporte a tan improvisada locura: al parecer, los conejos hambrientos se escaparon del sombrero, la bola de cristal rota no les revela nada, necesitan trucos nuevos; seguramente buscarán consejos en los babalaos, o en las montañas de Sorte; siempre encuentran la manera para seguir humillando y sometiendo al pueblo; hasta que los cauces se desborden, y sean arrastrados por la corriente trepidante. El pueblo aguanta por ahora, pero la dignidad está allí, intacta, resguardada en un rincón seguro del alma, esperando el momento oportuno para salir a flote.

Por su parte, los precios de los artículos se incrementan casi a diario, la dinámica económica marca su propio rumbo, y no existen controles, ni cárceles, ni multas que puedan detenerla; la represión no resulta una buena medida económica, solo sirve para generar más desconfianza, y, para que más negocios bajen la santamaría. En un país sin producción, y con una gigantesca base monetaria inorgánica, no se puede esperar otra cosa que no sea una aceleración estrepitosa de la hiperinflación, que, en conjunto con la mega devaluación aceptada por el gobierno, conforman un cuadro catastrófico para el futuro inmediato.

El disparatado incremento salarial, que aun casi nadie ha cobrado, se volverá sal y agua en cuestión de semanas, o días; no pasará mucho tiempo antes de que, nos encontremos de nuevo haciendo operaciones en cifras millonarias. Una nueva danza de los millones está más cerca de lo que imaginamos.

El mes de agosto deja un nuevo record para el madurismo, una inflación de 223%, lo que incidirá notablemente en el acumulado de 2018, y en las proyecciones que realizaron diferentes instituciones, como el Fondo Monetario Internacional (FMI), que calculó que, para fines de año llegaría a 1.000.000%; sin embargo, el salto violento en la espiral de precios de las últimas dos semanas podría indicarnos que esta proyección resulta demasiado conservadora, porque, de mantenerse esta tendencia, estaríamos hablando de una inflación muy superior a esa cifra. En este caso, el efecto para el bolsillo de los venezolanos será colosal, ni siquiera con la emisión masiva de dinero inorgánico por parte del gobierno, se logrará equiparar el alza incontrolable en los precios de los productos, con el poder adquisitivo de los ciudadanos ; entraremos en una demencial carrera contra reloj, donde los bolívares soberanos se devaluarán tan rápido que ya nadie querrá tenerlos en las manos, se convertirán en una especie de papa caliente que quemará a quien los posea; la única posibilidad será desprenderse de ellos de inmediato, antes que sea tarde.

Y septiembre será mucho peor. La reconversión monetaria no ha resuelto ni siquiera el elemental problema de la falta de efectivo. Las gigantescas e inhumanas colas se multiplican, miles de usuarios tienen que conformarse con retirar cantidades ínfimas, después de haberse fajado en una titánica batalla de muchas horas. Los productos se desaparecen de los anaqueles, ante la presión del gobierno para imponer unos precios que ningún comerciante podrá soportar: los están empujando a la quiebra, con una inflación tan acelerada, reponer inventarios será imposible; por ello, muchos prefieren mantener sus negocios cerrados mientras pasa la tormenta.

La empresa privada no está en capacidad de costear el brutal incremento salarial de Maduro; inclusive, algunas empresas del estado, también han anunciado recortes en sus nóminas, para poder equilibrar caja.

El incremento anunciado por Maduro, ya perdió gran parte de su valor sin siquiera llegar a las manos de los trabajadores; para cuando se cancele la última cuota del plan goteo impuesto por el gobierno, es posible que apenas puedas comprar una quinta parte de lo que hubieses podido adquirir con la misma cantidad el día del anuncio presidencial (17 de agosto). Así de terrible es la situación que estamos viviendo.

El flujo de caja del gobierno está en catarsis, ni con el dinero de monopolio que están soltando a la calle pueden cubrir los compromisos, ni seguir con su aberrante plan de compra de conciencias: hasta los bonos de la patria serán cancelados en fracciones, tres partes, cada una con menos valor real que la anterior, todo es un espejismo; el aumento salarial, los controles de precio, los bonos; un espejismo de agua en medio del desierto. Son unos traficantes de la miseria; engañan, juegan con la necesidad del pueblo, poco les importa la angustia y el sufrimiento de millones de venezolanos, ellos están en otra liga: la liga de los enchufados, los privilegiados, los nuevos amos del valle.

En los estados Amazonas, Apure, y Bolívar, miles de damnificados por las inundaciones deambulan desesperados, ignorados por un gobierno indolente. En el Zulia, y otras regiones del país, sufren el azote de las fallas continuas de un sistema eléctrico que colapsa inexorablemente, donde ya, lo cotidiano es no contar con el servicio, y lo extraordinario son los escasos días donde hay electricidad. La economía de estas regiones languidece, sin internet para las operaciones bancarias, sin efectivo, sin TV, sin poder refrigerar los pocos alimentos que pueden adquirir. Venezuela entera parece adentrarse a los siglos previos a la revolución industrial, transportada por una malvada máquina del tiempo conducida por el presidente chofer. Y todavía falta el aumento de la gasolina, para clavar el puñal definitivo al parque automotor, y al servicio del transporte. Que duro panorama tenemos por delante, si agosto se despidió con grises nubarrones, septiembre se cierne con nubes negras sobre todos nosotros.

Pero siempre hay esperanzas. Las habrá, mientras tengamos ansias de construir una mejor sociedad. Los venezolanos debemos recordar de que barro estamos hechos, sentir el torrente de sangre guerrera que corre por nuestras venas; todo depende de nuestra voluntad para cambiar el rumbo de la historia, cuando lo entendamos, y nos unamos contra el común enemigo de la patria, nada ni nadie podrá detenernos; estamos a tiempo, es hora, ya basta de tanta miseria, indolencia y destrucción. Solo tenemos un país, no dejemos que lo vuelvan polvo cósmico.

Leisserrebolledo76@gmail.com



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