El Petro y las negociaciones que nadie entiende

El Petro no pasa de una Petraña mayúscula, atrapa tontos. Olvida que las personas a menudo son tontas pero que los mercados rara vez lo son. Uno de muchos de nuestros dramas es que estamos gobernados por una camarilla de tenientes coroneles y generales, que saben mucho de armas y consignas patrióticas vacuas, pero que no tienen idea de cómo funciona el mundo. En su profunda ignorancia alimentan las ideas más estúpidas e ingenuas, creyendo todo lo que les dicen. Creen que el dólar lo manipula una página web, o que lo pueden manipular ellos a su antojo abriendo casas de cambio en la frontera. Creen que la inflación es producto de la especulación de bachaqueros inescrupulosos y que la pueden controlar con máquinas capta huellas. Creen que pueden dominar la masa monetaria restringiendo la circulación del efectivo. Creen que precios y mercados son temas de opinión sujetos a antojos y convicciones. No tienen idea de cómo funciona la economía y las finanzas, la producción y distribución, la logística moderna, los mercados de capitales, el comercio internacional, las redes de información, y un largo etecétera. Viven en el mundo de los idearios políticos de hace dos siglos, en el mundo anacrónico de Marx y Bolivar.

El gobierno debe resolver un problema muy básico. Ya la economía se ha visto prácticamente reducida a intercambios de subsistencia, la circulación de la poca producción, importación y distribucion de alimentos. Ni siquiera las medicinas se traen porque no hay con qué, no hay dólares. La fuente principal de los dólares es la explotación petrolera, naturalmente. Pero ni el precio ni el volumen de producción alcanzan para hacer frente a las necesidades corrientes y a pagar el servicio de la deuda. Cuando el flujo de la balanza de pagos no es suficiente se acude a dos fuentes: emisión de deuda y reservas internacionales. Para poder emitir deuda hay que pagar los vencimientos anteriores y poseer una buena calificación crediticia. El gobierno venezolano perdió esta posibilidad porque se encuentra en el borde del default. Por otra parte ya hace mucho tiempo que agotó las reservas en divisas y está rematando oro. Nuestras reservas internacionales son las más bajas de los últimos cuarenta años. Todavía existe un remanente pero que ya está comprometido en el servicio más apremiante.

Una vez que se destruyó el tejido empresarial de la iniciativa privada, el gobierno debe asumir la importación y distribucion de alimentos. Necesita divisas, no importa a qué precio las calcule, a diez o a un millón, eso no importa. Para comprar pernil en Portugal necesita Euros. Punto. Después de haber agotado todas las fuentes de liquidez y credibilidad no le queda más nada. Veamos que es esto.

Los Gobiernos/Estados tienen la posibilidad de financiarse. Si no cuentan con empresas estatales de extracción básica, se financian exclusivamente mediante ingresos fiscales. Hay un a especie de flujo de caja que circula dentro de las instituciones del Estado. Es un flujo conocido y tangible. Si controlo esta relación de ingresos y gastos puedo generar un remanente con el cual pagar la deuda contraída. Los mercados examinan este flujo y las medidas que se proponen para generar el superávit, examinan la historia crediticia y las reservas y según estas apreciaciones aceptan, con determinados descuentos, estos títulos de la deuda pública que son introducidos en el sistema financiero y siguen su curso. Los mercados examinan liquidez, reservas y credibilidad. Si, por ejemplo, como fue el caso de Venezuela en estos últimos años, no emito títulos de la deuda pública sino de una empresa o conjunto de empresas publicas en particular, como por ejemplo PDVSA, todavía mejor. Se trata de un flujo de caja aún más concreto y conocido. PDVSA no emite bonos sobre el petróleo, o sobre su patrimonio. Lo que los analistas observan es su flujo de caja. Si baja la cotización del petróleo y el nivel de su producción, por un lado, y si deja de honrar compromisos, por otro, deja de estar en la posibilidad de seguir emitiendo deuda.

Esto es lo que está sucediendo en Venezuela, sin entrar en cálculos ni detalles. El Petro es un intento desesperado por levantar las divisas que el gobierno ya no está en condiciones de obtener de otra parte. Existiría todavía una posibilidad pero tiene consecuencias tan o más nefastas, para el gobierno, que la hambruna que amenaza cernirse sobre los pobres habitantes del país. Sería acudir al FMI y claudicar de la autonomía de la revolución bonita. Al principio se dijo que ya que se perdía el acceso al dólar se iba a trabajar con Euros, yuanes y rublos. Cosas de generales, pues. Pronto se dieron cuenta de que era lo mismo. Después surgió la idea brillante de una criptomoneda. Al principio, el propio superintendente de la cosa, dijo que se podría minar. Que la electricidad en Venezuela costaba la décima parte que en China. Después ya no, el Petro estará respaldado por nuestras reservas de petróleo. Un Petro equivaldrá a un barril de petróleo venezolano. Ni siquiera sabemos si se trata de un cambio fijo o fluctuante, ya veremos.

Blockchain es una técnica informática, una especie de registro electrónico encriptado y descentralizado. No es más que eso. Por supuesto que se puede usar Blockchain (una implementación particular llamada Ethereum) para llevar la cuenta de los barriles ofertados, vendidos y disponibles. Pero eso no es una criptomoneda ni va a resolver nuestros problemas urgentes de balanza de pagos. Cuando PDVSA emite un bono no lo hace sobre el valor del petróleo venezolano. Lo hace empeñando un flujo de valor concreto computable en su operación. Son cosas muy distintas. Brasil no emite bonos sobre la floresta amazónica ni Chile sobre el cobre del subsuelo. Eso no son bonos, ni siquiera son derivados. El mercado de futuros no tiene nada que ver con bonos ni respaldos sino con precios. ¿Cómo se asegurarían los inversionistas de la propiedad de su barril? ¿Cuándo se saca, quién lo hace, cómo y porqué? Se trata de verdadero “money for nothing”, de una idea descabellada, que nacerá muerta a la partida. El problema seguirá siendo exactamente el mismo. Una imposibilidad casi total de levantar divisas y permita seguir sufragando la poca importación de alimentos y las necesidades más básicas del Estado. Solo hay una salida posible, el total colapso. Es lo que estamos viendo. No importa que desconozcan a los partidos políticos, que se realicen unas elecciones otra vez amañadas y que el oficialismo las gane. El colapso viene abatiéndose a pasos agigantados y la situación de crisis en todos los sectores es prueba bastante de ello.

¿La oposición tiene algo que negociar aquí? ¿Le faltan pruebas de que la debacle está cercana y es eminente? ¿Quiere evitar este desmoronamiento anunciado e inevitable proponiendo concesiones, negociaciones, diálogos?

Descartando que pueda existir mala fe, esta falta de lucidez en la lectura no deja de ser menos incomprensible que la de los tenientes coroneles y generales que vociferan la vacuidad de sus proclamas bolivariano patrióticas. Y Venezuela sigue siendo este país imposible que nadie entiende. ¿Cuando empezaron las mesas de negociación y diálogo? En el 2002. ¿Cuántas veces se repitieron? Muchas veces. ¿Y cual fue el resultado? Pues, este país que tenemos aquí y que todos pueden ver.

 

jaime.senra.nz@gmail.com



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