Una sociedad inmersa en la estupidez (III)

Es increíble cómo a lo largo de los últimos cuarenta años el capitalismo ha logrado transformar nuestra forma de contemplar lo que nos está ocurriendo. Es inconcebible que a través de aquél "No hay alternativa" hayamos asumido como incontrovertible una lógica con la que se pretende validar que una minoría de un 1% determine la existencia del 99% de la población.

Es cierto que esta lógica ha sido una constante a lo largo de la historia. Y aquí es donde intento analizar las razones por las que durante las cuatro décadas que precedieron a estos cuarenta años, esa población luchó contra los fundamentos que justificaban lo que posteriormente se asumió como "No hay alternativa". Es aquí donde trato de investigar el por qué, exceptuando los países de la América Latina, lo que se gestó en Europa para contrarrestar los abusos del capitalismo ha derivado en esta continente en un coma pienso y no piense que nos ha personificado como borregos teóricamente bien alimentados. No hay más que ver en qué se han convertido nuestros partidos socialistas ante el temor de que puedan morderles los perros que nos conducen al aprisco. Como si manteniéndose en lo que han devenido pudieran encontrar la forma de evitar que seamos dirigidos al lugar donde puedan esquilarnos. Como si con los compromisos con los que se han obligado con el capitalismo hubieran impedido que éste, en función de la debilidad en la que han incurrido, éste no fuera a seguir exigiendo muchas más obligaciones. Han sido tan tremendamente estúpidos que ante la realidad de un incremento de la tecnología con la que se ha conseguido expandir exponencialmente una productividad y unas riquezas que se tendrían que ver reflejadas en una drástica modificación de las relaciones laborales y la distribución de lo que marginalmente se hubiera producido, lo que les preocupa es contar los borregos que con sus balidos pudieran contabilizar como rebaño. Sería interesante citar algunos nombres; pero esto, con independencia de, por ser suficientemente conocidos no creo que sea necesario mencionarlo, a lo único que nos habría de llevar sería a debatir si a la vista de las consecuencias a las que nos han llevado han sido unos incompetentes o si por el contrario han sido y siguen siendo genéticamente estúpidos. Pero dejemos de contemplar lo que siendo evidente no merece ni defender ni justificar y concentrémonos en las actividades que está llevando a cabo el capital para tratar de superar los problemas que se generan como consecuencia de su falta de escrúpulos; unas actividades que ni siquiera los economistas con un mayor número de diplomas colgando de las paredes de sus despachos han suficientemente ponderados; y que por tanto, cuando se culminen nos habrán llevado a una situación que ni siquiera llegaron a imaginar ni Aldous Husley, George H. Wells. Me

Si nos atenemos a la definición Schumpeteriana que se conoce como "destrucción creativa", las derivadas de la Gran Recesión del 29 y las ruinas ocasionadas durante la Segunda Guerra propiciaron una serie de transformaciones en la economía capitalista que en la busca de la cobertura de las necesidades que la sociedad pudiera demandar constituyeron unos requerimientos creativos en los que se basó la búsqueda del beneficio. Con la creación de nuevas empresas; de nuevas formas de producir y de distribuir, así como de nuevas formas de relaciones laborales, estas transformaciones nos llevaron a aquellos cuarenta años gloriosos. Aunque solo fuera de una forma parcial y desgraciadamente temporal, se paliaron muchos de los excesos que se generan en el capitalismo. Ahora, ante la reducción de las tasas de ganancia que se deriva de la menor rentabilidad que el capital puede obtener de la plusvalía, lo que el capital denomina como beneficio está obligando a buscarlo en la especulación. Y es que como todos sabemos, al haber descendido la participación del trabajo debido a la utilización de una mayor tecnología (y consecuentemente reducida la obtención de plusvalía), los beneficios relativos que el capital puede obtener con su progresivo incremento de riquezas tienen que ser menores que cuando éstos estaban relacionados tanto con una mayor participación de mano de obra como de una menor acumulación de riquezas. Y esto es algo que el capitalismo no puede enmendar. Forma parte tanto de su energía vital como de su incapacidad para evitar su merecido.

¿Ante esta realidad, hogaño, qué tipo de recuperación podemos esperar de una situación en el que la producción, y no digamos la distribución, son tan solo unos factores marginales de nuestra economía? ¿Qué empresas tendrían que desaparecer para ser sustituidas por otras que fueran más eficientes, cuando lo que se destruya sea el chiringuito financiero de donde el capital intenta detraer los beneficios? Por ahora y mientras que en esta economía no vuelva a estallar otra burbuja (y cuando estalle, el descalabro, en principio lo habrían de sufrir tanto los especuladores como los empresarios que en lugar de invertir en un proceso productivo invierten en la compra de sus propias acciones, seguirán acumulando más y más riquezas. Pero estas riquezas les están poniendo el dogal en el cuello. Y no sólo porque ese mientras se habrá de convertir en un ahora totalmente distinto del que a través de la destrucción creativa, una y mil veces volvieron a sacar la cabeza. ¿Qué será lo que haya que recrear, cuando lo destruido, como causa sea exclusivamente una entelequia especulativa? Y digo como origen, porque todo antecedente conlleva una consecuente, Y si en una destrucción creativa lo destruido hay que recrearlo ¿qué es lo que se habrá de derivar como continuidad cuando esta destrucción solo se pretenda resolver (como de hecho se está llevado a cabo), a través de una política económica financiera y fiscal que serían los ingredientes en los que esta situación se hubiera gestado? Mientras que existan especuladores que estén evaluando y consecuentemente comparando su ponderada estupidez con la de aquéllos que se encuentren en su misma situación, este decurso seguirá manteniéndose. En el momento en el que uno de ellos considere que unos valores que son exclusivamente nominativos (y que por tanto son ficticios), ponga en duda la sostenibilidad de lo que había estado considerando como una aceptable ponderación, estos valores se desploman como un castillo de naipes.

Todos sabemos, o al menos creemos saber cuál es la naturaleza y cuales las funciones que debe ejercer el dinero. Todos sabemos que el dinero no es una mercancía, sino más bien el respaldo económico que debe representar a las mercancías. Todos sabemos que los rasgos y propiedades que lo caracterizan son las de constituir una unidad de cuenta, una unidad de cambio, una unidad de valor, una unidad de pago y una unidad de depósito. Lo que no todo el mundo sabe, o al menos no es consciente de su relevancia son las diferencias que concurren entre un dinero físico que debe representar las riquezas reales que en todo momento fueran demandables en cualquier economía y un dinero a-físico que en función de su naturaleza solo tiene la representatividad que le pueda conceder una credibilidad.

Mientras que el dinero físico constituye una figura fáctica que representa otra conformación de la misma naturaleza, el insertado como dinero virtual en el balance de la entidad que lo hubiera creado sólo está representando la existencia de una deuda aquistada en la conformación de una acreditación. Una deuda y una acreditación que solo existen porque se están respaldando mutuamente. Exactamente igual que ocurre en aquel castillo de naipes. Mientras que el dinero fiat, como unidad de cambio constituye una contrapartida en una transacción, el a-físico solo tiene valor como intercambio en una operación en la que ha de concurrir el valor que se pueda derivar de una credibilidad. Algo que en función de la naturaleza de este tipo de valor es difícilmente sostenible. Mientras que los medios de cambio, como unidad de valor, estén siendo inyectados en la economía para con ellos representar el precio de las cosas, a estos medios hemos de concederles el valor que en función de sju cuantía esté relacionado que con esta relación haya de representar. como descripción han sido definidos. Es cierto que de inyectarse una cantidad excesiva de éstos, como unidad de valor seguirían representando el precio de las cosas, pero este precio estaría determinado por la cantidad de medios de cambio que hubiera que emplear para obtener las mencionadas cosas. En este contexto, cuando en una economía se ha permitido una total liberación de los coeficientes de caja que nos han llevado a una indiscriminada creación de dinero bancario (por no sacar a colación las derivadas que con esta supuesta creación se generan), es lógico entender que con lo que está ocurriendo con este tipo de dinero a-físico se está produciendo algo parecido a lo que acaecería (y de hecho muchas veces ha ocurrido), con una indiscriminada creación de dinero fiat. Cuando para evitar la atonía generada en el proceso productivo como consecuencia de la reducción de la tasa de ganancia; cuando para garantizar la solvencia de un sector que la ha perdido, se inyecta en la economía más y más dinero y se reducen a cero los tipos de interés (con lo cual tan solo se consigue echar más gasolina a la especulación), el resultado de este proceso desacredita las medidas que se han tomado para superar las disfunciones que se generan en el capitalismo En consecuencia, cuando la representatividad que como unidad de valor este dinero a-físico pueda tener no se corresponda con las riquezas que esté escenificando, esta representatividad no puede ser la misma que la que se le confiere a unos medios de cambio debidamente monopolizados. Mientras que, como unidad de pago, los medios de cambio desarrollan las funciones que les hemos adscrito a un Estado, que mientras que éste sea lo que es, está representando a la totalidad de la ciudadanía, la que se deriva de unas promesas de pago emitidas por una entidad privada solo le podemos otorgar la credibilidad que se deriva de esa estupidez con la que consuetudinariamente la estamos avalando. Hyman Minsky decía que el problema está en que acepten tu dinero. Imaginemos que es lo que habrá de ocurrir cuando los tenedores de acreditaciones de la Deuda observen, que debido a los efectos que inevitablemente se habrán de producir como consecuencia de la inyección masiva de medios de cambio virtuales, la inflación haya reducido de tal forma sus derechos a seguir exacciendo unas rentas, incluso esté poniendo en entredicho lo que consideren como principal. Imaginando podremos colegir una serie de consecuencias en extremo preocupantes. Una de ellas sería la desaparición del crédito. Y ésta es una de las razones que nos dan fe de que unas acreditaciones elevadas a la enésima potencia conllevan el desagradable resultado de estar arruinando su propia proyección. Podríamos seguir imaginando, pero el panorama que se nos presenta no podemos asumirlo como un hecho que por considerar estúpidamente que es tan solo un producto de la imaginación no es necesario ni por tanto es preciso confrontar. No nos es dable contemplarlo con aquel asumido "No hay alternativas." Y no lo es porque esta asunción es el producto de haber colocado en el mismo plano lo imaginado con la realidad. Tenemos que utilizar las neuronas; y al hacerlo entender que ni podemos dejar de involucrarnos, ni seguir haciendo uso de esa inconmensurable estupidez con la que pretendemos ignorar lo que ocurre. Como última de las funciones que tienen que desarrollar los medios de cambio hemos de mencionar su representatividad como unidad de depósito de valor. Y es aquí donde tenemos el nudo gordiano que el capitalismo trata de deshacer para desembarazarse de los problemas que están acosándole. Mientras que creamos que el capitalismo se encuentra en una situación en la que debido a los excesos cometidos, tratando de salvar lo detentado solo le queda comportarse de una manera más humana, se equivoca miserablemente. Al capitalismo le quedan una serie de recursos que como per vertido, que no por ello menos buen gestor está dispuesto a ponderar. El primero resultaría brutal, pero no podemos olvidar que debido a que entre sus filas predominan los que antes de tirarse al agua se aseguran donde dejan la ropa, esta opción no creo que nos deba perturbar en demasía. El segundo podría ser una extensiva adquisición de bienes registrables; unos bienes con los que representar lo que como unidades de depósito garantizaran el valor de unos futuros medios de cambio. Pero éste, con ser infinitamente menos drástico que el que hubiera contemplado como anterior opción, ni mucho menos le resolvería sus problemas. Es cierto que el capitalismo ha demostrado poseer una notable resilencia para afrontar las situaciones que pudiera encontrar; pero no es menos cierto que unas adquisiciones que habrían de incrementar de una manera estratosférica el precio de las cosas estaría acompañado por la existencia de una sociedad que ni tendría bienes ni medios con los que conseguirlos. Con lo cual, la obligatoriedad de tener que subvenir la necesidades que esta sociedad pudiera demandar (léase Cáritas, ONGs, Renta Básica Universal, etc.), estaría determinada por el grado de estupidez que a su vez determinara su capacidad de adaptación. Lo cual los lleva a considerar el último de los recursos con el que en el capitalismo se ha venido contemplando la manera de deshacer ese nudo gordiano. Controlar las funciones que ejerce el dinero a través de la modificación de éste como unidad de depósito. Y esto es algo que no solo es posible; esto es algo que con la participación de una indolencia en la que hunde sus raíces nuestra añeja y jamás asumida estupidez se ha venido practicando con la connivencia y la participación tanto de los gobiernos como de los Estados; esto es algo que ya se pudo de manifiesto en los artículos " Del dinero y de la trampa que se está forjando con la digitalización." Unos artículos que por no disponer de un medio gráfico o digital tuve que insertar en facebook.. En uno de ellos, entre otras cosas se decía:

" con la desaparición del dinero en metálico está tratando de apropiarse a través de su gestión de un recurso que como el dinero, como unidad de depósito, es aquello que está representando a las riquezas. Lo que no se nos dice es que ante las incertidumbres que habrán de seguir derivándose de un modelo económico que se desenvuelve en una permanente serie de crisis, los escardados no podrán sacar sus fondos de la banca para guardarlos debajo de un colchón. No podrán hacerlo porque el dinero será sólo un apunte bancario. No podrá ocurrir un corralito porque el modelo ya se habrá convertido en un corral digitalizado."

En estos artículos se habla de las tarjetas de crédito y de débito, de tipos de dinero digitalizado como el bircoin, el ethereum y otras suertes de toco-mocho que en función de la rentabilidad y sobre todo la opacidad que están ofreciendo, representan el paraíso tanto para los rentistas como para los defraudadores. Y sobre todo se habla de que en función de múltiples factores su inseguridad está asegurada. Hecho que el pasado Julio constatamos, cuando un usuario que difícilmente podrá ser localizado se llevo (no voy a utilizar el término "robó" porque en esta estructura cibernética no es facilmente dable conocer quiénes son los ladrones) 50M de ethereums. Pero lo que por su importancia, con mayor énfasis se menciona en estos artículos es la transfiguración (en su sentido menos glorioso) con la que se pretende materializar la representatividad con la que los medios de cambio interpretan el valor de las riquezas, equiparándolo con el valor nominativo de toda la basura financiera que el capitalismo ha venido engendrando. Como se dice en aquellos artículos...

"esto, con ser indescriptible, no es ni mucho menos el mayor peligro que se yergue tras la completa digitalización del dinero. Lo más ominoso va a ser la prevaricación con la que los gobiernos, en su connivencia con los poderes económicos, van a colaborar en lo que se refiere a unas valoraciones que como consecuencia de las financiarizaciones que ha venido practicando la banca no se corresponden con las riquezas existentes. Obligatoriamente ha de llegar un momento en el que, para desembarazarse de lo que es tan solo humo habrán de equiparar el dinero digitalizado que estuviera representando a los bienes reales con el que figure en las cuentas de la banca como apuntes acreditados en sus pasivos; es decir, en la nada.

Si tenemos en cuenta que lo que entre otras cosas han llevado a cabo estos malhechores ha sido comprar una parte substancial de la basura que han creado, cargando su valor nominal al sector público (eso sí, asegurando que "el rescate no nos costará un duro"), ¿van a dudar en apoderarse de lo que para volver a rescatarla ya les hayamos entregado? Lo que ahora están tratando de materializar es obligarnos a que ese poder adquisitivo que como unidad de depósito nos permite comandar un dominio sobre lo que hayamos de adquirir, se encuentre enclaustrado en una cueva de ladrones al objeto de que, gestando los depósitos de un M2 e incluso un M3 que con ciertas salvedades podría ser real, sea progresivamente equiparados con derivados como los CDS y otras basuras colaterales que figuran en las Cuentas del Gran Capitán. ¿Os imagináis lo que representaría la "substanciación" de esta niebla y este hollín en el volumen de la masa dineraria que hubiéramos puesto en manos de estos facinerosos? ¿En función de la enorme cantidad de basura que estos malhechores han parido, podéis imaginaros qué valor adquisitivo tendrán los depósitos que os están induciendo utilicéis a través de un dinero digital que estará secuestrado por gentuza de esta calaña?

... el grado de aceptación con el que toleremos lo que está ocurriendo solo podrá ser comparado con el de estupidez que estemos dispuestos a asumir.

Ahora solo queda encontrar la manera de afrontar la situación. Lo que ocurre es que ante las soluciones que hasta ahora se han abordado a través de revoluciones, de partidos, de proyectos mesiánicos que solo nos han demostrado cual ha venido siendo el grado de nuestra estupidez, las perspectivas no parecen que sean muy halagüeñas. Y sin embargo me rebelo contra aquel "No hay alternativas." Estoy seguro de que existen maneras de poder fundamentarlas. Y para ello espero poder dar a conocer el contenido de una serie de artículos que he titulado "El Proyecto"



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