Crónicas cotidianas

Cuando me reía mucho

A los 19 años, Yanilde dio la batalla final por su padre, quien finalmente murió de Covid en la CHET el miércoles pasado. Tenía 48 años y tan solo duró seis días. “Los médicos lo atendieron bien, le dieron sus medicamentos, pero no reaccionaba desde que entró como en una especie de shock hace ocho días. La doctora nos dijo que fuéramos a la casa y desinfectáramos todo y que le diéramos a los muchachos mucho bicarbonato con limón caliente, por lo menos cuatro veces al día. Creo que papá pensaba que iba a vivir porque estaba tranquilo. Es más, creo que no se dio cuenta cuando murió. Apenas lo vimos desde lejos porque lo embojotaban de una vez para cremarlo. Mi mamá llora en silencio. Ella y papá se amaban. Él trabajaba mucho para que no nos faltara nada, y después que nacieron mis otras dos hermanas, decidieron que no habría más muchachos. Todos nacimos aquí, en este hospital, hasta mi papá y mi mamá. Yonaire es la que más va a llorar porque ella parecía la esposa de mi papá. Andaban juntos todo el tiempo, para arriba y para abajo. Acaba de cumplir 18 y siempre lo celebraba con papá porque él cumple dos días después. Ella el 25 y él el 27. Yuribí es la menor y tiene 16. Todos vivimos en Lomas de Funval, los cinco y el bebé mío que nació hace un año”.

Yanilde narra su historia casi como una confesión. No parece inmutarse. Es como si aún no asimila la muerte del padre. Pareciera tener un chip sobre la familia en el cerebro. Habla de lo que debe ser un grupo humano y de las consejas del padre. Le pregunto por el esposo y me explica que murió de cáncer con apenas 22 años. “Acabando de nacer el niño, comenzó a tener malestar y un dolor en la espalda que fue en aumento, hasta que ya no lo soportaba. A veces en las noches le ponía bolsas de hielo para el dolor. Le diagnosticaron cáncer de riñón y apenas si dio tiempo para hacerle dos quimioterapias. No las resistió. Su hijo nació el 30 de abril del año pasado y él murió el 30 de septiembre. Exactamente cinco meses después. Un hermano de mi papá nos está dando dinero para que mi mamá y yo nos hagamos los exámenes de covid. Hay una doctora aquí que me está haciendo la segunda para ver si nos lo hacen gratis. Pero eso está muy difícil aquí”.

Afirma que mientras ella y su madre se encargaban del padre y los días que pasaron en la CHET, sus hermanas tenían un puesto de frutas afuera de la casa. Hay un primo que a veces trae queso de Barinas y también lo venden mis hermanas. Eso da para que comamos”.

Me impresiona su tranquilidad para narrar los acontecimientos. Como una resignación a que todo le ocurra, o a que ya no vale la pena hacer nada porque el destino los alcanzó. Por ello me atrevo a comentarle.

Supongo que aún no te llega la conciencia de la tristeza por la que atraviesas.

“Estoy bloqueada. Perdí a mi esposo y a mi papá casi al mismo tiempo. Tengo miedo por mi mamá, Tengo miedo con el bebé. Y tengo miedo porque no sé qué va a pasar. Son muchos miedos juntos. Quiero sentarme a llorar y llorar sin pararme por dos días, pero supongo que me llegará el momento. Si me preguntas, ahora quiero que todo vuelva a ser como hace dos años, cuando yo era feliz y me reía mucho…

 



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Rafael Rodríguez Olmos

Periodista, analista político, profesor universitario y articulista. Desde hace nueve años mantiene su programa de radio ¿Aquí no es así?, que se transmite en Valencia por Tecnológica 93.7 FM.

 rafaelolmos101@gmail.com      @aureliano2327

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