Asesinato moral de policías jubilados

He dedicado muchas cuartillas a la inseguridad y a la corrupción que aún se mantiene latente, básicamente, en el principal cuerpo de seguridad del Zulia: la Policía Regional, sin desconocer que igualmente existen irregularidades en otras instituciones policiales e inclusive, militares.

Escribo tanto acerca de este flagelo que a veces no caigo en cuenta de que redundo excesivamente en ideas, planteamientos, términos y calificativos.

De todas maneras, mí respetos a los que no me lean o no me quieran leer, me lean y me critiquen, o me leían y ya no me leen, porque me atribuyen superficialidades, desconocimiento del tema, poco periodismo, problemas de gramática y, sobre todo, una carga ideológica que obviamente tengo - y quién no en estos tiempos de cambios, revolución, conflictos políticos-, en fin, pero pese a todo eso, creo que se debe ser severo con esos funcionarios que utilizan su condición de policía para matraquear y delinquir.

Cuando se escribe de inseguridad no se escribe del destino de un cargamento de papas ni tomates, ni de un camión con mercancía de contrabando proveniente de Colombia. No, hablamos más que de la vida, de la muerte. Del doloroso destino de seres humanos que quizás hoy no tengan ningún parentesco con nosotros, pero que mañana pueden ser sus hijos o mis hijos, sus padres o mis padres, sus hermanos o mis hermanos.

Aunque más que este servidor, la población en su conjunto, es la que debe ser implacable con esos uniformados indignos, que sabemos todavía permanecen enquistados en nuestras policías.

Pero una cosa es que haya funcionarios delincuentes y se ataquen, porque pienso que deben execrarse de los cuerpos de seguridad y otra que ellos terminen víctima de la misma corrupción.

No encuentro otra palabra para definir, conceptualizar, describir, calificar el hecho de que después que una persona tenga más de 60 años de vida y de ellos haya dedicado más de la mitad al trabajo policial, se les diga que no hay dinero para los jubilados.

Más cuando nos detenemos a reflexionar sobre el oficio del policía. No cabe duda de que es uno de los trabajos más digno que puede ejercer ser humano alguno en la vida.

Y es que, amigos lectores, por un momento cierren los ojos y piensen en un oficial honesto –que sabemos los hay, sobre eso no cabe discusión— despidiéndose de su esposa y de su hija con un beso en la frente, para cruzar el vano de la puerta de la casa e integrarse al peligro que significa el resguardo de la vida y los bienes de la ciudadanía en medio de esta inseguridad avasallante.

Imaginen ustedes a la madre hablándole al oído a la bebita o levantándole un bracito, para que mueva su manito, a manera de abanico, en señal de un adiós, de un regresa pronto papá, y que ese policía no vuelva, porque murió en el cumplimiento de su deber, ofrendando su vida por mi vida y la vida de todos ustedes.

Y en caso de que tenga la suerte de regresar sano y salvo con su familia, sorteada ya todas las vicisitudes de ese oficio hasta el último día de labor, entonces tenga que enfrentar el peor acribillamiento que se pueda sufrir en vida por parte de la Gobernación del Estado Zulia.

Porque después que un hombre se encuentra viejo, agotado, sin fuerzas ni reflejos, y de pronto le dicen que no hay dinero para que pueda terminar lo que le resta de vida con algo de dignidad, eso no es más que un bestial asesinato moral.

Ahora bien, ¿Por qué no hay dinero para cancelarles? Esta pregunta tendrá mil excusas en boca de políticos, pero para mí sólo tiene una sola respuesta que sintetizo en estos dos vocablos: irresponsabilidad y corrupción. ¿Por qué sí hay dinero para campañas políticas? ¿Por qué más bien no convierten el costo de los despliegues policiales que utilizan para reprimirlos a punta de perdigones en dinero y les van pagando las deudas?

No hay justificación. Por muy edulcorados que les escriban las chuletas de los discursos a los políticos regionales para engañar a la población, como hicieron con el candidato Manuel Rosales, no tienen excusa. Y es que sin entrar en análisis profundos, deber y no pagar es de vagabundos, así de sencillo.

*Periodista.

mailto:albemor60@hotmail.com


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Alberto Morán*


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