Binóculo Nº 299

Oscar Pérez: El angelito

Yo estudiaba en la Universidad Central de Venezuela cuando ocurrió aquel genocidio conocido como "La masacre de Cantaura", en donde un grupo de guerrilleros del Frente Américo Silva de la organización Bandera Roja, fue atacado por aire y por tierra por fuerzas del gobierno, asesinando a 23 de ellos. Para entonces los disip (Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención) hoy conocidos como Sebin, vestían de negro. La organización en la yo militaba tenia algunos nexos con dos de ellos, porque era gente venida de los mismos pueblos de algunos militantes. A uno le decíamos "Zamuro". Este personaje, que estuvo en la barbarie de Cantaura en Anzoátegui, nos contaba con un morbo despreciable, cómo durante las torturas a los heridos, les metían los dedos por los huecos dejados por las balas en sus cuerpos. Me contó incluso cómo a una de las camaradas heridas la manosearon hasta que se cansaron, "vamos a ver si la cuca le sangra" comentó uno para desatar la carcajada de los demás, mientras ella, herida, apenas hacía una mueca de dolor. El grupo, integrado por 40 miembros, fue atacado por cinco aviones de combate, para entonces Broncos y Camberras, además de un helicóptero artillado, más 1.500 efectivos en tierra del Batallón de Cazadores. De los 23 muertos, los que no perecieron durante el ataque, fueron ferozmente torturados y ejecutados con tiros de gracia. La mayoría tiene disparos en la nuca, hecho que fue duramente cuestionado por toda la elite política venezolana. Líderes de rancia derecha del país, adecos y copeyanos, condenaron públicamente esa barbarie. Incluso fue denunciado a la Corte Internacional de La Haya y a los organismos nacionales.

Aún no está claro lo que allí ocurrió y aunque hay públicamente tres delatores, las organizaciones revolucionarias aseguraban que debió haber una delación interna, por la precisión con la que fueron atacados. Lo cierto es que nadie del entonces gobierno de Luis Herrera Campins, fue acusado de nada. Todo quedó impune. Todo quedó en el olvido, menos para los camaradas que, aunque no estábamos de acuerdo con las propuestas y los métodos de Bandera Roja, eran sin duda hermanos de lucha por quienes sentíamos no solo respeto, sino consideración y solidaridad. Las organizaciones de izquierda en ese entonces, erróneamente cada una por su lado, aunque fueran grupúsculos, tenían un alto sentido de la solidaridad, incluso en muchos casos se hacían acciones de calle conjuntas en marchas, batidas, pegas de propaganda y paremos de contar. Hoy en día, las organizaciones de izquierda siguen cada una por su lado, pero más grupúsculos aún y menos conscientes de su tarea en la historia.

Por qué viene a colación un hecho ocurrido hace 35 años. En primer lugar, porque el acontecimiento aún no está concluido. Faltan muchas cosas por explicar. Y, en segundo lugar, por la pretensión absurda de ver a esa imitación barata de caballero bizarro, a esa interpretación palurda de Flecha Verde, como un héroe de lucha contra Nicolás y contra el proceso.

Quizás lo primero que deberíamos decir es que, en ningún país del mundo, un personaje, cualesquiera fuera, hace las barbaridades que hizo Oscar Pérez, y no es de inmediato condenado por el Estado, que es una estructura creada y concebida para organizar a la sociedad y que vela porque todo ciudadano no se salga de los patrones de conducta, es decir de las normas establecidas por la propia sociedad, es decir, de las leyes creadas por el Poder Legislativo.

En países como Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Alemania, Italia, España, por nombrar algunos, hubiera muerto mucho antes. Díganle a Osama Bin Laden, que era soldado de CIA y la CIA misma lo asesinó.

Es obvio que Pérez era producto de su propia ignorancia, convencido de que la lucha política está enmarcada en actos de violencia que maltratan a las propias personas que supone defender. Exactamente lo mismo que en las guarimbas. El discurso de la defensa del pueblo porque se muere de hambre, pero mataron y quemaron a quienes ellos decían defender. Y es la razón de su fracaso. Porque la batalla política puede ser mentirosa, manipuladora, trampera, zancadillera, maquiavélica, pero nunca violenta. La historia está llena de esas experiencias. Irlanda, por ejemplo, por nombrar uno de los más emblemáticos, la Italia de 70 y la ejecución de Aldo Moro, Uruguay y la ejecución de Aldo Mittrione. Fueron batallas políticas, pero con el uso de la herramienta militar y terminó fracasando.

Pérez era un tipo sin duda hipnotizado por su historial de malote-bueno en el Cicpc. Nunca midió las consecuencias, sino el espectáculo de disparar sobre personas civiles desarmadas, o arrojar granadas cerca de una escuela, o atracar un puesto militar para robar fusiles. Creía que eso quedaría impune, porque sin duda tenía y tiene complicidad interna, pero que a la larga pagaría con su vida esos desafueros. Aunque los descerebrados hablan de él como si hablaran de San Miguel Arcángel, quien blandía una espada de la justicia. No me jodan. Seguro que nunca lo investigaron por los muertos que debió tener en sus acciones policiales, la mayoría, con toda seguridad, violando la ley.

Y además, toda la clase política de oposición, la corrupta clase política de oposición, siempre se ocupó de demarcar distancia con respecto al personaje. Más de uno condenó las actuaciones del actor porque cualquiera que tiene una mínima noción de política, sabe que esa no es la vía para la toma del poder. Y más que víctima de un desenlace cruento, Pérez fue víctima de sus propios correligionarios, de los medios de comunicación que lo envenenaron convirtiéndolo en héroe, incluso víctima de mentirosos como Freddy Guevara, que veladamente aplaudió sus acciones porque simplemente iban contra el gobierno. De eso está llena la oposición, de Oscar Pérez que son usados y desechados cuando sirvieron como objetivo para que éstos subieran un escalón más en sus ansias de poder.

Soy un convencido de que la política no solo determina a la economía, sino que por largo es mucho más compleja que la economía. Es el arte de mantenerse en la palestra, odiado por pocos y aplaudido por muchos. Y eso es tremendamente complejo. Fue parte de la genialidad de Lenin "un paso adelante, dos atrás".

A falta de líderes, la oposición seguirá fabricando héroes circunstanciales que les sirvan, aunque sea por un ratico, esperando a que el gobierno se hunda sin remedio, en medio de su crisis. Es definitiva, insisten en no entender al país, mucho menos al pueblo, que es la razón de todo.

El sábado me reuní con un amigo opositor, un buen amigo, trabajador y decente. Su monólogo fue el termómetro de lo que piensa la gente de la oposición. "Rafael, mi esposa y yo vamos en marzo para Estados Unidos, a ver qué podemos hacer. Si encontramos algo, regresamos a vender todo y nos vamos porque malo, malo, al chavismo le quedan 15 años de gobierno. No hay nada en el país que los pueda sacar del medio y el país se está hundiendo".

Caminito de hormigas…

¿Carro de quién? En la alcaldía de Los Guayos, tienen prioridad los que van a sacar pasaportes. Cobran 500 dólares por el pasaporte y dos millones por el cupo para poder estar en la cola… Otro carro de nadie. Todos los trámites en el Palacio de Injusticia, se hacen en dólares. De 500 en adelante cuesta cualquier trámite. Pobres presos… Arrechísimo. El director de la Chet, soltó dos perlas en reunión con los trabajadores. 1) todas las enfermeras son ladronas. 2) "No quiero nada con el poder popular. No tengo nada que tratar con el poder popular". Escuchaste eso tocayo. No olvides que a ese lo nombraste tú.



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Rafael Rodríguez Olmos

Periodista, analista político, profesor universitario y articulista. Desde hace nueve años mantiene su programa de radio ¿Aquí no es así?, que se transmite en Valencia por Tecnológica 93.7 FM.

 rafaelolmos101@gmail.com      @aureliano2327

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