Es hora y está a tiempo Señor Presidente

Desde el momento mismo en que el Comandante Chávez logro hacerse con el poder aprovechando el derrumbe del modelo bipartidista o pacto de punto fijo, Venezuela entro a una etapa de dura retórica discursiva, el tiempo de los pactos de gobernabilidad había expirado y el país se enfrentaba a una nueva forma de ejercer la actividad política, y llevar a cabo la función pública. Hugo Chávez se convirtió entonces en el alfa y el omega, su estilo directo y llano le ganó la simpatía de las amplias mayorías: los descamisados, los ignorados, los marginados, los convidados de piedra y el lumpen, por fin se sintieron parte de una sociedad que tradicionalmente los había excluido; pero ese estilo también le granjeo la animadversión de los sectores burgueses que siempre habían ostentado el control de las riquezas de la patria, los denominados amos del valle ahora quedaban fuera de la ecuación, pero no iban a retirarse en silencio, se plantarían a dar batalla, y así lo hicieron.

De los discursos y la agresión verbal, se pasaría al tiempo de las acciones coordinadas con el fin de intentar defenestrar al atrevido pueblerino que tuvo la osadía de visualizar a los pobres. El fallido Carmonazo de abril de 2002, y el paro petrolero iniciado a finales de ese mismo año, y que culmino en febrero del 2003, fueron el colofón de un orquestado plan para poner las cosas en su sitio; devolver el poder a las elites. Sin embargo, ambos eventos fueron superados por el gobierno gracias al liderazgo de Chávez, y a su capacidad para hacer la lectura política correcta en cada una de las situaciones; en la primera de ellas, encontrándose en minusvalía y totalmente sitiado en el palacio de Miraflores, tomo la sabia decisión de entregarse a sus enemigos, desoyendo las suplicas de algunos de sus colaboradores que le pedían resistir como Salvador Allende, lo cual significaba inmolarse, tomando en cuenta la correlación de fuerzas y poder de fuego favorables que tenían los insurrectos en ese momento. Se hubiese convertido en otro mártir de los pueblos oprimidos, pero su proyecto político no sobreviviría. Su audaz jugada le permitió ganar tiempo a los militares leales e institucionales, que junto al pueblo de las barriadas caraqueñas iniciaron la reacción, y en apenas 47 horas lograron cercar a los golpistas, propiciando el contragolpe más inverosímil que se recuerde en los tiempos modernos.

En cuanto al paro petrolero de 2002-2003, Chávez fue capaz de sortearlo porque entendió que para evitar el colapso de la economía nacional, y de paso, el fin anticipado de su gobierno, debía ser capaz de hacer concesiones, de ceder un poco, de aquí y de allá, haciendo gala de toda su capacidad de estadista; por un lado, apretaba el puño contra los sectores de la derecha más extrema, y por otro, tendía puentes de plata para los empresarios que tuvieran la disposición de trabajar con el gobierno. De esta manera fue capaz de tomar el control de PDVSA, que en la práctica funcionaba como una empresa privada. La batalla fue dura, pero a pesar de todas las dificultades el Comandante logro restablecer el funcionamiento de los campos petroleros, al mismo tiempo que se normalizaba el suministro de combustibles a todo un país que por casi dos meses estuvo totalmente paralizado. Solo de esa forma pudo superar ese trance, dos jugadas audaces que dieron cuenta de su astucia y agudo olfato de animal político, que la oposición jamás logro descifrar del todo.

De Hugo Chávez se pueden decir muchas cosas, pero no se puede dejar de reconocer su profundo respeto a la voluntad del pueblo, “prefiero equivocarme con el pueblo que acertar sin él” había dicho en más de una ocasión. La oposición venezolana siempre lo tildo de dictador, alegando su control absoluto sobre las instituciones del poder público nacional; que de acuerdo a la Constitución de 1999 consta de cinco poderes, tres de las cuales emanan de la Asamblea Nacional, que desde el año 2000 hasta el 2015, siempre conto con una mayoría chavista, y por ello logro colocar en cada uno de los cinco poderes del estado a personas afectas al gobierno, como también ocurrió en la llamada cuarta república con AD y Copei; porque entre otros aspectos, eso forma parte de la lógica política de nuestro sistema presidencialista, donde la autonomía de los poderes nunca ha sido tal cosa.

Hay que resaltar que el Comandante Chávez fue un fenómeno político indiscutible, como lo reconoce el propio dirigente opositor y ex candidato presidencial Henrique Capriles, quien siempre marca una clara diferencia entre lo que significó el liderazgo del fallecido presidente con el actual inquilino de Miraflores, Nicolás Maduro. Si algo caracterizo al Comandante es que nunca rehuyó a una elección, lo disfrutaba, el contacto con el pueblo lo devolvía a su elemento, le insuflaba una energía vital que reforzaba su espíritu combativo. La gente le correspondió siempre, tan solo una derrota se presenta como única macula en su casi perfecto curriculum electoral; el intento de reforma constitucional del año 2007, que termino perdiendo por estrecho margen y reconoció de inmediato, sin dudarlo un instante, con un talante democrático que todo el país agradeció. Con su liderazgo y el control de las instituciones del estado pudo haber intentado maniobrar para imponerse, pero no lo hizo, sencillamente acepto los resultados, se inclinó ante la voluntad popular.

En definitiva, los últimos 18 años han estado marcados por una diatriba política estridente, la presión opositora se agudizo a raíz de la ajustada victoria de Nicolás Maduro en las presidenciales de 2013, realizadas para suceder a Hugo Chávez tras su muerte. A regañadientes, los sectores moderados de la MUD aceptaron los resultados adversos, no así sus sectores más radicales, que emprendieron un ciclo de protestas para desestabilizar al gobierno recién electo, con el saldo trágico de más de cuarenta familias enlutadas por esas acciones.

Pero sin duda, el momento que termino de exacerbar el conflicto fue el triunfo opositor en las parlamentarias de 2015. La mayoría calificada obtenida en esos comicios fue anulada de inmediato por una sentencia del TSJ, que declaro la invalidez de la elección de tres diputados del Estado Amazonas, lo que limitaba un poco el margen de maniobra de la nueva Asamblea Nacional. Los magistrados del TSJ habían sido nombrados antes de expirar el mandato del anterior parlamento de mayoría chavista, lo cual fue considerado por la oposición como un madrugonazo contra el pueblo que los había elegido con casi ocho millones de votos.

La Asamblea Nacional fue declarada en desacato por negarse a cumplir la sentencia del TSJ, este último poder asumió las competencias del parlamento; aunque si bien estos continuaron sesionando, sus decisiones fueron anuladas una y otra vez por el órgano judicial. Las sentencias 155 y 156, hechas con la clara orientación de habilitar al presidente para legislar sobre algunos temas de interés nacional, fueron considerados por la oposición como una nueva escalada del golpe de estado continuado, dando origen a las protestas que se extienden ya por más de cien días con similar número de bajas, a causa de la represión y la anarquía generalizada que se ha apoderado del país. A solicitud de la Fiscal General y del Consejo de Defensa de la Nación, las sentencias fueron echadas para atrás, sin embargo, las protestas continuaron, y con la convocatoria a la asamblea constituyente por parte del presidente Nicolás Maduro el primero de mayo, hemos entrado a un peligroso punto de no retorno, donde los sectores en puja por el poder muestran la clara intención de eliminar a sus adversarios políticos de un tajo, sin ningún tipo de contemplación. Las protestas se intensifican al igual que el excesivo uso de la fuerza pública para controlarlas, como ha sido denunciado por la Fiscal General Luisa Ortega Díaz; reconocida seguidora de Hugo Chávez, que ha marcado distancia con respecto al gobierno por considerar que este se ha ido apartando progresivamente del camino democrático.

La dinámica informativa se mueve a ritmo vertiginoso, de a poco nos acercamos a momentos de definiciones históricas, las protestas se han vuelto algo cotidiano, sin dejar de tener un impacto significativo en la vida del país; una parte importante de los venezolanos considera que el gobierno se ha colocado al margen de la ley y apuestan a una salida a corto plazo, lo cual no siempre resulta una buena idea, porque todo apunta a una lucha de largo aliento, si no se produce un evento que cambie todo, como puede ser un pronunciamiento militar a gran escala, o el restablecimiento del diálogo, pero con una agenda precisa y transparente. Mientras, el gobierno otorgo una medida cautelar que permite a Leopoldo López cumplir su condena en casa, la noticia tomo por sorpresa al mundo entero, y ahora todos se preguntan ¿qué hay detrás de eso?, tal vez el gobierno intenta lavarse la cara después del bochornoso asalto contra la Asamblea Nacional que atrajo la condena internacional, o simplemente se trata de posibles acuerdos tras bastidores. Por otra parte se espera el pronunciamiento del TSJ con respecto al antejuicio de mérito contra la Fiscal General Luisa Ortega Díaz, que se ha retrasado más de lo esperado. Si se confirma su destitución arbitraria entraríamos en una nueva dimensión del colapso de la institucionalidad, donde nadie reconoce al otro como autoridad.

Al parecer nos encontramos en un callejón sin salida, las mesas de diálogo realizadas a finales del año pasado con la mediación de varios ex presidentes, fueron un rotundo fracaso, no existe voluntad política ni interés para sentarse con planteamientos serios, sin cartas ocultas, tal cual lo exige la situación actual del país; el lenguaje de guerra de apodera de todo, y destruye cualquier posibilidad inmediata de que Venezuela retorne a la normalidad, la bomba de tiempo continua su cuenta regresiva que tiene como hora cero el 30 de julio, fecha en la cual se realizara la elección constituyente; lo que pueda pasar ese día se presenta como una gran interrogante, el gobierno aprieta para que la votación no deje dudas, mientras la oposición se la jugara intentando bloquear el acceso de los electores a los centros de votación. El nivel de crispación que existe puede hacer saltar la chispa que provoque la dramática colisión de esos trenes desbocados y sin frenos.

El cronograma de los factores de poder sigue su curso, cada quien por su lado, desentendiéndose del otro; la oposición buscara revitalizar las protestas a través del plebiscito del 16 de julio, a partir de allí podemos predecir sin necesidad de ser pitonisos que se producirá un recrudecimiento de las acciones de calle, protestas masivas que no tendrán fin, porque ni siquiera la consumación de la constituyente podrá detenerlas, mucho menos si la participación en el plebiscito es masiva, como pronostican sus organizadores. El gobierno echa el resto con su constituyente, aunque los números no le favorezcan. En este escenario la gran responsabilidad recae en el presidente Maduro, él tiene la llave para empezar a destrancar este juego. Desconvocar la constituyente es perentorio y necesario, si quiere evitar que el país se incendie por los cuatro costados, y entremos en un estado de anarquía donde nadie saldrá vencedor. Reconocer que la constituyente es una piedra de tranca para desactivar la crisis no representaría una concesión para el gobierno, por el contrario, se colocaría en sintonía con del clamor de un pueblo, que solo quiere paz, alimentos, medicinas, pero sobre todo, recuperar la esperanza y la alegría de vivir en el mejor lugar del mundo, un lugar mágico, nuestro hogar, nuestra amada Venezuela.

Rectificar es de sabios, es hora y está a tiempo Sr. Presidente.

leisserrebolledo76@gmail.com


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