¿Cárceles o infierno?

La profunda crisis que vive el país ronda por variados escenarios, tal vez se podría pensar que las cárceles (espacio vedado a lo público) estarían alejadas de los quebrantos bíblicos que sacuden al resto de la nación, pero no es así. El descubrimiento en una cárcel de una fosa común con 14 restos enterrados --de los cuales 9 se encontraron sin cabezas-- grafica el estado comatoso del sistema penitenciario construido por el “socialismo del siglo XXI”.  Imposible hacerlo peor.
 
Estos anónimos venezolanos asesinados en un lugar en donde se gastan cientos de millones de bolívares precisamente para preservar sus vidas evidencian el naufragio cotidiano de una Patria triste y engañada. Todo el mundo lo sabe menos Maduro y su gabinete de seguridad: nuestros centros penitenciarios han devenido en lugares para delinquir, tanto en su interior como extramuros.  El asesinato del joven Derek Manaure es un testimonio trágico y doloroso de que desde allí se planifican, ejecutan y cobran extorsiones desde la “comodidad de sus calabozos”. 
 
Leímos con asombro extremo que un pran [1] fue herido cuando vacacionaba con sus familiares en una playa de la isla de Margarita, el referido delincuente había recibido el beneficio de “Régimen de confianza tutelado” firmado por la Ministra.  Como consecuencia del escándalo que ello significó porque este caso no cumplía los requisitos de tal régimen, la Fiscalía solicitó y logró la inmediata revocatoria de tal privilegio. También en las cárceles existen unos procesados de primera y otros que terminan en fosas comunes.
 
Son conocidas las historias de algunas artistas venezolanas que “matan tigritos” como “prepagos” (prostitutas de lujo que cobran previamente sus servicios) como parte de los privilegios que los pranes han logrado en sus centros de reclusión.  El caso más llamativo fue el de una voluptuosa chica que fue noticia nacional por sus idas y venidas a una conocida cárcel del estado Aragua.
 
Pero en las cárceles también ocurren dramas en donde la creación artística es percibida como una manera de “echar paja” (informar) de lo que sucede en sus oscuros y malolientes pasadizos: se debe cumplir el precepto riguroso de “lo que sucede en la cárcel, se queda en la cárcel”.  Un expresidiario pagó con su vida la violación a tal código cuando hizo públicas caricaturas y cortos ficcionales sobre los “sucesos intramuros” de nuestros centros penitenciarios. Este caso si evidencia de que en un calabozo no puede existir libertad.
Pero volvamos a la fosa común encontrada en el centro penitenciario ubicado en San Juan de los Morros. 
 
¿Quiénes fueron estos ciudadanos? ¿Por qué los asesinaron? ¿Quiénes cometieron tan horrendo crimen? ¿Dónde están sus familiares más cercanos? ¿Y la vigilancia interna cómo pudo permitir una violación fragante al derecho elemental de procesados o condenados que deben vivir para redimirse socialmente? ¿Cárcel o infierno?
 
Se pueden multiplicar las interrogantes que este hecho abominable implica para un centro de reclusión que está en manos de las autoridades del Ministerio y de los custodios de la Guardia Nacional. ¿Quiénes son los funcionarios responsables de permitir tal crimen que bien podría denominarse de lesa humanidad?
 
 
Por casualidad tengo familiares en San Juan de los Morros, una pequeña ciudad venezolana que ha pasado (en menos de una década) a ser uno de los sitios más inseguros del país.  La estela roja del ya fenecido Picure transformó a esta pacífica ciudad en un infierno para sus habitantes: este jefe criminal retó abiertamente al estado venezolano, asesinó a militares de alto rango, a comisarios de distintos cuerpos policiales, mantuvo en su momento en una suerte de sitio a buena parte de Guárico, hizo de la extorsión y el secuestro el pan de cada día en San Juan, Calabozo y Valle La Pascua. A la muerte de este capo sucedió una cruenta lucha por su sucesión: la cárcel de San Juan fue el escenario principal de estos sucesos. Entonces, ¿puede extrañarnos fosas comunes en este recinto custodiado?
 
Como decía un conocido periodista televisivo, “estos son sucesos en pleno desarrollo”, es decir, todavía están excavando para encontrar otros cadáveres.  Pero, ¿veremos culpables de este terrible drama que sucedió en un lugar que es responsabilidad de funcionarios del gobierno nacional?  Amanecerá y veremos, como suelo repetir.  El estado venezolano tiene la palabra.





[1] “Les informo camaradas el significado de PRAN: La P significa: Preso; la R significa Rematado; la A significa Asesino; y la N significa Nato. En conclusión PRAN significa Preso Rematado Asesino Nato; todo lo que ocurre en una cárcel como hechos violentos o sangrientos, lo de los secuestros en las calles, entre otros, tienen que contar con la autorización del PRAN. Si los internos realizan una acción sin la autorización del PRAN, este envía a uno de sus Luceros para que los asesinen. El PRAN tiene casi siempre la fuerza para remover a los Directores de los Penales, siempre tiene los números telefónicos de los Directores Generales de Servicios Penitenciarios del Ministerio para las Relaciones Interiores y Justicia…  El dinero le llega al Pran por las bodegas de los penales, remates de caballo, extorsión en la calle, droga y el impuesto que deben cancelar todos los internos. Ese dinero va por escalas para las finanzas directas del Pran, pero también para los funcionarios que dentro y sobre todo fuera de la cárcel, le permiten mantener el control y el poder.” (Tomado de la web, 2011)



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Nelson Suárez

Docente/Investigador Independiente (Literaratura, Ciencia, Tecnología y Sociedad)

 suarez.nelson2@gmail.com

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