La política de los asesinos

Es falso que las prácticas criminales sean un hecho nuevo en la política. Lo único nuevo y no es tanto,  son las formas de asesinato,  que en algunos momentos es refinado o muy sofisticado, mientras en otros, es burdo o dantesco y, hasta grotesco en la forma como se asesina, pero siempre con un fin: silenciar definitivamente el estorbo político y acallar toda voz que pueda surgir en el horizonte.

     En el caso de los asesinatos sórdidos, al abuelo de quien esto escribe lo asesinaron con veintitrés puñaladas por la espalda hace cuarenta y seis años y quien lo asesinó por encargo,  igualmente, fue asesinado en cárcel esa misma noche. Mi hijo, Alejandro murió hace un año en las inmediaciones del Municipio Chacao, en la avenida Francisco de  Miranda,  frente a Electrónica Chacao,  a dos cuadras de la guarimba golpista y asesina. Pues no hubo un solo fiscal del Ministerio Público que se atreviera a exigirle al alcalde Ramón Muchacho que entregará los videos de todo ese cuadrante para ver quién fue el responsable del hecho y como sucedió, dejándolo en la desidia y especulación para cerrar el caso como una cifra más de otro pendejo, simple y llanamente, porque todo video de esos días de guarimbas no existen, porque ya se habrán encargado de desaparecerlos, gracias a la impunidad y porque los muertos no hablan.

     En esa línea, podemos perder de  vista un sinnúmero de víctimas, entre asesinados y parientes suyos, que jamás fueron tocados por la mano de la justicia, porque hay crimen en donde hay impunidad.

     Esta ha sido la sórdida  historia en nuestra República Bolivariana de Venezuela, desde que éramos Capitanía General, pasando por República hasta nuestros días. Los primeros asesinos eran los políticos, quienes, arteramemte, siempre tramaron asesinatos, como lo hizo Nariño contra Simón  Bolívar, Juan Crisóstomo Falcón contra su cuñado Ezequiel Zamora, o Pérez Jiménez contra Chalbaud.

    Así, con medias verdades, verdades a  medias,  mentiras edulcoradas y silencio  ominoso, se forjó una República hasta los siglos XX y XXI, de donde los amos del Valle, es decir, la parasitaria  burguesía y sus fantoches de la  política, es decir,  sus políticos de AD, COPEI y sus derivados, asesinaron en masa, es decir, cometieron genocidio (que suena más suave y técnico), como en Cantaura y Yumare, hasta asesinatos selectivos, como el de Noel Rodríguez y Jorge Rodríguez  (padre), por sólo mencionar dos de tantos cientos de revolucionarios, muertos, incluso, muchos de ellos con sus cuerpos desaparecidos, por toda la eternidad, con la bendición del clero celestino, la oración del pendejo domeñado y las lagrimas de una madre que dice que dejemos las cosas así para que no sea peor de lo que es.

    En esas andaban los políticos asesinos de la IV  República, hasta que llegó la revolución bolivariana,  socialista y chavista, en donde ahora no hay un solo activista político oposicionista, ni opositor, desparecidos, pues el único desaparecido en la V República es el camarada chavista, el merideño  ALCEDO MORA, quien tiene qué aparecer y de quien todas las presunciones en el colectivo sobre sus victimarios, apuntan a la verdad que aflorará  aunque intenten acallar la verdad.

    El caso es que en Venezuela la práctica de los asesinatos  se ha mantenido como  un patrimonio, solo que desde la oposición o múltiples  oposicionismos políticos, con jesuitas que en conjunto con militares de la Plaza Francia de Altamira y los desalojados electoralmente del poder planificaron e intentaron asesinar al Comandante Hugo Chávez, al igual que  lo intentaron a comienzos del año 2015, para asesinar al Presidente Nicolás Maduro.

     Afortunadamente, tales acciones fueron conjuradas a tiempo, suerte que no corrieron Danilo Anderson, ni Robert Serra, ni María Herrera, ni los cuarenta y tres víctimas oficiales de las GUARIMBAS, ni las once del año 2014, además de las  víctimas asesinadas no cuantificadas, gracias a la negligencia y abulia deliberada de a quienes  ha correspondido investigar un sinnúmero de crímenes  no resueltos,  apilonados como muertos comunes en abstracto.

     Así, hemos llegado a este estado de  cosas que han conmocionado a la opinión pública, con  activistas políticos de los partidos fundados por el  Opus Dei y la Secta “Tradición, Familia y Propiedad” (TFP), secta que gustosamente presentaba Marietta Santana en su programa “A puerta cerrada” con Leopoldo López y Enrique Capriles Radonski como protagonistas y que el celestinaje mediático y político han escondido dicho video tape, porque saben que “recordar es vivir”.

      Hoy,  en la República Bolivariana de Venezuela tenemos un gran ejército de autómatas asesinos, reclutados por rectores universitarios que forman parte de la autodenominada  AVERU y reclutadores de la National Endowment Ford Democracy y del Comando Sur, con disfraz de profesores universitarios, quienes han reclutado y financiado entrenamientos, para la  formación de asesinos y fascistas en general, en países como Chile, Colombia, Perú, México, España, Canadá y Estados Unidos se Norteamérica, denuncias  que se han formalizado ante la Asamblea Nacional  (AN), el Ministerio Público (MP) y otros organismos e instituciones como el Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología (MPPEUCT),  que, seguramente,  desempolvarán estas denuncias cuando tengan resonancia mediática, ojalá que no sea con muertos inocentes, que con consignas y fraseología no resucitarán.

     Esta tara social que intenta imponerse en la  sociedad, desde las universidades y con los paramilitares sembrados a lo largo y ancho de país, tenemos que derrotarla porque sí y sin retardo, o perderemos absolutamente todo por lo que nuestras víctimas han luchado y corremos el riesgo de que nuestros niños y jóvenes sigan el mal ejemplo de otros países en los que mutilan, descuartizan y desaparecen “por un puñado de dólares”, como aludía el psiquiatra y alcalde, Jorge Rodríguez, a propósito de una dama a quien asesinaron y descuartizaron, luego de estafarla, unos operadores políticos, hechuras de asesinos con patente de políticos y hediondos  a incienso.



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Luis Alexander Pino Araque


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