La Televisión Privada en Venezuela: ¿Dueña del espectro, la verdad y la ley?

Alboreaba el 11 de abril. Un trapito pulía los micrófonos, y polvos y coloretes pulían el rostro de las anclas; un poco más lejos, se pulía también la mira telescópica de los francotiradores. Todo brillo, todo orden, todo armoniosa sincronía para ejecutar un Golpe de Estado. Pero, en aquella comparsa, ¿no falta mencionar a los actores políticos de oposición?, ¿acaso no fueron parte del oscuro plan? Sí, no lo olvidamos, pero la mayoría ejecutó el papel secundario de cualquier tonto útil, apenas necesario para encaramarse en una tarima a arengar a las masas a Miraflores o justificar luego el quiebre de la democracia, desde algún pomposo estudio de televisión. Alguna vez se acusó a los medios de comunicación privados de ser herramientas de los políticos de oposición; hoy, sabemos que la realidad es inversa.

¿Quién puede olvidar la frase común en el generador de caracteres de los canales de televisión de oposición aquella tarde de abril de hace cuatro años?: “Ni un paso atrás”. Incluso, algunos canales cesaron la narración de los hechos para reproducir música que apelara a la emotividad del público. Se trató -no lo olvidemos- de una descarada convocatoria a infringir la ley, apoyada en todos los recursos espectaculares de la televisión. Los políticos tradicionales arengaron y luego huyeron hasta la casa de sus amos (Globovisión, RCTV, Venevisión, Televen, CMT, Meridiano TV).

Posteriormente, lanzaron el infame video de Puente Llaguno: manipulación, descontextualización y desfiguración, al servicio de los protagonistas que todo lo dirigían desde las sombras. Resultaba un éxito el primer reality show de la televisión venezolana; las víctimas eran verdaderas, pero los victimarios ficticios. A su vez, los politiqueros habituales hacían cola para figurar bajo las deslumbrantes luces de los noticieros.

Luego, ¡jamás lo olvidaremos!, vino el 12 y le siguió el 13 –nuestro 13 de abril que nos sembró en la historia-. Entonces, imperó el silencio. Los medios dejaron de serlo: ya no mediaban, montaron “guarimbas” contra la información. Los torpes políticos confesaban sus delitos entre las preguntas complacientes de los periodistas estelares, justificando la naciente dictadura. No les duró mucho la luz del éxito -no nos cansamos de recordarlo-, pronto tuvieron que salir corriendo ante la retoma popular del poder.

Luego de algunos días de mesura -aguardando lo que merecían-, la televisión privada volvió por sus fueros. La impunidad les dio aliento para echar el resto, para arriesgarlo todo una vez más: llegó el paro petrolero de diciembre de 2002. Paro petrolero, sí, pero también un nuevo paro a la información. Esta vez no clausuraron el canal de todos los venezolanos, pero sí pusieron en marcha, quizá con mayor desfachatez que en abril, un nuevo reality show. Esta vez, no sólo reportaban que el país estaba cerrado, sino que bombardearon la psique de los venezolanos con miles y miles de propagandas ilegales. Una vez más, adecos, copeyanos y sus muchas variantes, aparecían declarando en aglomerados estudios de televisión cuando sus jefes de los medios privados lo ordenaban. Como sabemos, y no olvidamos, venció nuevamente el pueblo venezolano; como sabemos, y no perdonamos, los canales de televisión siguieron impunes y haciendo de las suyas.

Venezuela conmemora cuatro años de golpe de abril de 2002. El pueblo continua impulsando la Revolución Bolivariana bajo la guía del Presidente Chávez. Hemos avanzado largo trecho y no son pocos los logros obtenidos, pero hemos fallado en una realidad inocultable: ¡los medios de comunicación siguen impunes y haciendo lo que les place! Algunos de nuestros representantes llaman a los canales de televisión “concesionarios” o “prestadores de servicio”, pero resulta obvio que en realidad no sólo se apoderaron del espectro radioeléctrico que usan -y del que abusan-, sino que en varias ocasiones pretendieron apoderarse de la democracia, la soberanía popular y la libertad de todos los venezolanos.

Recientemente, vivimos días de tensión por el ambiente que fabricaron los medios privados a partir del vil asesinato a los hermanos Faddoul y su chofer. La indignación, rabia y dolor fueron reales; el ambiente propicio para las guarimbas y la insurrección no lo era. ¡¿Hasta cuándo?! ¿Para qué sirve el Directorio de Responsabilidad Social?, ¿dónde está Conatel para evitar tales desbordamientos? Se cumplen cuatro años de un momento traumático de nuestra historia reciente; entonces, no se rompió un hilo, ¡se quebró la columna vertebral de nuestra democracia! También conmemoraremos cuatro años de la retoma popular del poder, pero, lamentablemente, también estamos arribando a cuatro años de impunidad de los medios de medios de comunicación privados, y lo que es peor: seguimos sometidos a su dominio mediático; continuamos expuestos a situaciones detonantes como las que sufrimos en días recientes.

¡¿Quién responde por nuestra integridad, no sólo como “usuarios” y “usuarias”, sino como venezolanos libres y democráticos?!


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