Mercenarios, Sicarios y Democracia

Antes que todo quiero comenzar por pedir disculpa a los lectores pues tradicionalmente escribo acerca del tema económico pero en esta oportunidad no puedo pasar por alto un lamentable hecho que ha conmovido a la sociedad venezolana como lo es el vil asesinato del camarada Robert Serra, un amigo, un compañero de batallas y de las utopías que persiguen todos los jóvenes que sienten el fuego sagrado de la Patria.

Con profunda preocupación y vergüenza veo el papel cómplice tácito, silencioso que ejerce la oposición venezolana. Está claro que ha sido secuestrada por los testaferros políticos que le han jurado lealtad perruna a Álvaro Uribe Vélez. Lamentablemente es el sector más radical del espectro político de derecha quien conduce, financia e impone la agenda violenta al no tener otro camino, pues la vía electoral y democrática les está vedada. Les falta proyecto, les falta pueblo. La muerte de Robert, tomando las palabras de ese insigne colombiano y latinoamericano como lo fue Gabriel García Márquez, fue lamentablemente una “crónica anuncia”. Las amenazas mampuestas y directas que vimos en las últimas semanas hacían presagiar una acción de este estilo. Pero también impresiona el nivel de madurez y compromiso que ha asumido el pueblo para con la Revolución, muy a pesar de los intentos desestabilizadores, de la guerra económica, el acaparamiento y el contrabando el pueblo todavía confía en el Proyecto Bolivariano.

Está claro que se convirtió en un “objetivo” para la derecha criolla y mundial. Había que callarlo a como diera lugar. No es un hecho nuevo que la derecha venezolana utilice el asesinato, la tortura y la desaparición, dentro de sus formas para hacer política de amedrentamiento. Hoy conocemos la historia oculta de la llamada “democracia representativa” y el dolor y luto que significo para miles de familias venezolanas. Dirigentes sociales, sindicales, políticos, luchadores sociales eran las victimas comunes de “la democracia modelo de América latina” eufemismo de la intelectualidad tarifada de la derecha mundial para referirse a su apéndice venezolano. Solamente el mal llamado “padre de la democracia” Rómulo Betancourt con su política de “disparen primero y averigüen después” tiene en su haber 1536 desaparecidos es decir un tercio del total de compatriotas que sufrieron tan cruel fin. Hoy sabemos gracias a la política de reivindicación social y política de la revolución y las investigaciones llevadas a cabo por personas como José Vicente Rangel, David Nieves entre muchos otros y a la labor del Ministerio Publico en este sentido, que el “puntofijismo” que se adueño del país durante 40 años produjo 50 mil detenciones por pensamiento y militancia política de izquierda, comunista o socialista, 15 mil torturados y más de 5000 desaparecidos. A lo interno me pregunto ¿Cómo en una “democracia” puede haber 5000 desaparecidos y nadie dice nada? ¿Fue una política de estado? ¿Y los responsables? Nombres lugares y fechas como 27 de febrero, Cantaura, la Amparo, Jorge Rodríguez, Fabricio Ojeda, fueron sinónimo de impunidad. Solamente con la llegada de la Revolución Bolivariana y la voluntad política del Comandante Chávez se inicia un proceso de revisión histórica y de reivindicación de la memoria colectiva como parte del proceso para hacer justicia.

Pero la derecha decadente e imperial, no se conforma con la desaparición física del valiente joven. Hay que “asesinarlo” moralmente. Se inicia una campaña de descredito, de difamación e injuria. Una moderna inquisición por medios tradicionales y por las modernas redes sociales. Pasquines electrónicos como “Dólar Today” y “La Patilla” perifonean las más absurdas teorías de conspiración y se hacen eco de comentarios de la más baja calaña. Diarios de histórica tradición fascista como el ABC de España son los encargados de llevar su mensaje de odio fuera de nuestras fronteras y para un selecto grupo de ultroides internacionales. No me atreveré ni siquiera a mencionar tan aborrecible argumentación, productos de mentes necrófilas y enfermas que solo ven en la muerte de Robert una ventana para atacar el proceso que el defendió hasta el último minuto de su existencia. Es el sadismo moderno del siglo XXI. Nuevamente el resentimiento social es el protagonista y quien marca la pauta. Voceros de oposición solo condenan la acción de la boca para afuera y en sus fueros internos solo piensan en sacar provecho político y centrimetaje de prensa. Sus condolencias destilan hipocresía.

Robert fue un digno representante de lo que el comandante Chávez denomino la Generación Bicentenaria. Era un joven inquieto con vocación social. Sentía al pueblo y daba todo cuanto tenia a los más necesitados. De palabra rápida y lacerante. No en vano su apodo de “metralleta Serra”. En una oportunidad me manifestó: “El Comandante sabía que había formado una generación bajo sus propias directrices, pues muy cierto es que nos formamos en la carrera política revolucionaria con su ejemplo, haciendo carrera en la lucha diaria e identificándonos siempre con todo cuanto decía; de allí precisamente la conciencia y la confianza en esta generación que le fue siempre leal y que ante su legado va a continuar siendo infalible e indoblegable, por eso nos llama la Generación Bicentenaria”

Realmente me impacto la claridad con la cual asumía su compromiso y más que un compromiso, era una forma de vida, de entregarse al pueblo y a un proyecto de país. Hoy cuando la muerte de este joven camarada sacude los cimientos de una sociedad no podemos mas que seguir en dando la lucha en cada batalla que se nos presenta y así alcanzar la victoria categórica sobre los asesinos de Robert que son en definitiva los mismo asesinos del ayer.


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Hugbel Roa

Ministro para Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología

 @hugbelpsuv

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