Siento una profunda pena ajena

Estoy asombrada, dolida y arrecha. Después de haber vivido toda la dictadura de Pérez Jimenez con su Seguridad Nacional, sus asesinatos, sus torturas, después de haber vivido toda la 4ta. con sus asesinatos, sus torturas, sus desapariciones, sus genocidios, después de haber vivido la muerte de Alberto Lovera, de Jorge Rodriguez y sopotocientas muertes más, todas tratadas de ocultar y de pasar por otros hechos como el "suicidio" de nuestro PERIODISTA en los sotanos de una cárcel a pocos metros del entonces presidente de la República, después de haber vivido la voladura del avión Cubano y de Danilo (cuya muerte también se trató de la misma infame forma en que está siendo tratada la muerte de Robert y María) y después de haber vivido los 60 o más años de guerra en Colombia, (bien de lejos gracias a Dios) con paramilitarismo, sus descuartizados, sus desplazados (muchos de ellos en Venezuela), sus narcos, y mil etc. más, después de haber vivido a Uribe y sus actuaciones ( Ecuador por ejemplo), sus amenazas y su evidente y contundente apoyo a la oposición desestabilizadora de Venezuela y a Lorent, después de haber visto y oido a éste (mejor no lo llamo de ninguna manera), me espanta que unos cuantos "camaradas" empiezen a sembrar la duda de quien mató a Robert y a María haciéndole el juego a la más tenebrosa derecha internacional.

Es que puede alguien si ha vivido en esta Patria y ha estado preso en la Isla del Burro (probabemente al lado de mi esposo), experimentando en carne propia todo de lo que son capaces estos apatridas, dudar de quien y por qué, mataron a Robert y a María. Lorent lo dijo, casi que lo nombró, de los 20 "muñecos" restan 19. A la muerte física sigue la muerte moral que tratan de infligirle a todos los que asesinan.

La lamentable muerte reciente del Alcalde de la derecha en manos de unos adolescentes, fue tratada por nuestro gobierno con la altura y dignidad que ameritaba, por respeto a su condición humana y a sus familiares y amigos, el asesinato de unos jóvenes, como Robert y María, llenos de amor y vida sólo despierta en la canalla el odio y la envidia que los motivó a perpetrar este crimen, pero lo increible es que algunos de nosotros les sigamos la corriente.

Para que Robert y María descansan en paz exijo justicia y exijo respeto de parte de aquellos que pregonan su chavismo,

rodilla en tierra, llorando su perdida irreparable,



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Victoria Elena Otero de Chacín


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