Ruralidades

Los Yanomami que Zingg mató

Abrimos esta nota con una especial deferencia. Se trata del reconocimiento a esa infatigable luchadora por los hombres y mujeres de su raza indígena, sin diferenciación en cuanto a etnia se refiere, como lo es Noheli Pocaterra.

Ahora si, ministra Dilcia Maldonado. Era usted una inocente niña cuando un fariseo capitalista, apellidado Zingg, asesinó a mas de 80 paisanos nuestros de la etnia yanomami, habitantes de nuestras montañas amigas (no esta demás decirlo) desde que la canalla usurpadora y genocida española, aun reducida al llamado palacio de La Moncloa, colonizara nuestro territorio.

Allí vivieron con amplitud y tranquilidad proporcionadas por la domada selva, que también da fortaleza y frescura a nuestros ríos Orinoco y Caroní, hasta que los intrusos se encumbraron tras la huella desnuda con sus zancadas de chancletones. Esta vez sin los espejitos pero con el relicario descolorido de tanto manoseo, como cuando se pretende vulgarizar a nuestro Redentor, con burdas pantomimas y falsas posturas físicas.

Lo que no sabemos (ellos si) es si los imitadores de Jesús, del hombre; del luchador por los pobres, estaban enterados que tras la comitiva “evangelizadora” venia de nuevo el conquistador disfrazado de “Nuevas Tribus”. De allí que, dedujimos, hubo un convenimiento previo denunciado por la misma conducta de abandonar la misión por dificultades evangelizadoras.

Así los acontecimientos, las vaguedades, las Nuevas Tribus de la reconquista agarraron por el mango la “tarea evangelizadora” con la pólvora y el mosquete, por donde se coló un fariseo que a sangre y fuego mató más de 80 seres humanos (hombres, mujeres y niños) que no convinieron en abandonar sus tierras para que “el señor de la avioneta”, de apellido Lepage y el asesino apellidado Zingg cuyos ascendientes con los Radonski y los Röemer, huyeron de Europa, ampliaran sus inmensas propiedades terrófagas.

Aquella masacre quedó impune ante la justicia embozalada por David. No el bíblico, quien tampoco del crimen se diferencia. Nos referimos a David Morales Bello y su tribu, el del bozal de la censura que, casi simultáneamente, oculto la muerte de un productor agrario adeco y tachirense, de quien bastó que el adeco Lepage, a la sazón ministro de relaciones interiores dijera: “es que esa mafia acaparadora…es otro gobierno”.

Así que, respetada y querida ministra Maldonado, los que propalaron ocho días atrás la falsedad de la muerte de ochenta miembros de la heroica etnia yanomami, son los mismos que apoyaron al asesino Zingg cuando, desde una avioneta ya estacionada en un descampado, asesinó a los mas de 80 compatriotas que creyeron que en ese “pájaro de las nubes” les llegaba la buena nueva con una misión de hermandad y de buena voluntad.

Pero no, camarada Dilcia. Fueron los maestros del fariseísmo. Fueron los mismos que hoy propician el terror. Los que no les importaría el derrame de sangre, incluida la del mejor presidente que ha tenido Venezuela como los es Hugo Chávez, si lograran guillotinar al Socialismo. Son los mismos que hoy apoyan al nazi fascista Enrique Capriles Radonski, descendiente de los que huyeron después de la II guerra mundial, ahora amigos del también fascista Rajoy y del traficante enemigo de la paz Álvaro Uribe, de quien salió al mundo la gran mentira respecto del asesinato de 80 yanomamis. Mentira con la que pretendieron incriminar al candidato de la patria, de los pobres y de la clase media Hugo Rafael Chávez Frías.

Patria, Socialismo o barbarie. Venceremos

                      pedromendez_bna@yahoo.es



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Pedro Méndez


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