Crónica de un triste final

El público del Trabuco Venezolano también falleció

A pocos días de ocurrido el sentido deceso de Alberto Naranjo, muchas historias y anécdotas se han publicado, videos, fotografías, segmentos sobre sus grabaciones, vendrán homenajes, tributos y en sí, un sinfín de testimonios que darán cuenta sobre su estadía en este plano. Expresiones que son válidas si las observamos desde la necesidad por resaltar la obra de quien en vida distinguimos como un ser especial. Probablemente, son actitudes desmarcadas de la personalidad de Alberto, entre muchos conocida como el hombre refunfuñón, inconforme, sin pepita en la lengua, exigente en sus ensayos, de verbo implacable, pero también amable, cariñoso y querendón. Como es normal, unos lo aceptaron y quisieron con sus defectos otros no lo soportaban.

Después de regresar de los Estados Unidos donde permaneció unos cuantos años y lugar en el que se encuentran sus familiares, Alberto regresó a Caracas ocupándose entre otras actividades de producir uno que otro disco, alguno que otro concierto, conducir un programa de radio y desempeñarse como redactor de una columna en el desaparecido diario El Mundo. De un día a otro, haciendo prevalecer otro rasgo de su perfil propio de su manera de ser, irreverente, contestataria y probablemente víctima de algunas decepciones, optó por mantenerse alejado por algunos años de los escenarios y de la vida pública. En ocasiones solía vérsele por los pasillos de Parque Central, lugar donde residía o en alguno que otro evento cuando le repicaban duro. No usaba celular y su teléfono fijo no siempre lo atendía, eso sí, cuando atendía, su interlocutor tenía que estar programado mentalmente para conversar por lo mínimo dos o tres horas continuas y si era él quien llamaba había que olvidarse de la ropa en la lavadora, de las tajadas que se estaban friendo o del arroz que se tenía montado, porque el recorrido temático a través del hilo telefónico iba a ser indeterminado en el tiempo. Su contacto con el mundo externo, además de su teléfono fijo, lo concentró en su computadora donde podía pasar horas y horas investigando, acompañado de sus habanos preferidos y su inevitable café tinto. No usaba redes, nunca se interesó por hacerse usuario de esta vías de comunicación salvo su correo electrónico alnasmusic…

Es el caso que en el transcurrir de los años, a Alberto le sobrevino una enfermedad que comenzó a aquejarle y afectar su calidad de vida, causándole limitaciones para enfrentar de manera adecuada su cotidianidad. Hará más o menos cinco años en la soledad de su casa, sufrió un desvanecimiento por un período de tiempo importante del que pudo sobrevivir gracias al auxilio de sus vecinos quienes actuaron al notar indicios para sospechar que algo le había sucedido. Después de este incidente se mantuvo en una silla de ruedas hasta lograr sobreponerse nuevamente. Sin que hubiesen desaparecido sus malestares, desde hace tres años Alberto volvió a retomar su vida social, no con la actitud física de otros tiempos pero sí con la disposición y voluntad para atender compromisos y reconocimientos pautados en función de su trayectoria musical. Así mismo, decidió hacerse más visible en otras actividades públicas, atendiendo invitaciones a programas de radio y participando según sus posibilidades en conciertos o cualquier otro acontecimiento. Podría suponerse que fue una decisión que asumió para resurgir del encierro al que se sometió, sin desestimar que probablemente pudo haber presagiado el final de sus días por el avance de su enfermedad. En el contexto de sus condiciones pudo haberse encontrado consigo mismo y haber llegado a algunas reflexiones para que por ejemplo, a finales del año pasado, estando en su casa me hiciera receptora de un comentario a partir del cual expreso que "por allí no iba nadie porque él sabía cómo había sido su carácter". Entendí entonces que la situación en la que se encontraba lo condujo a hacerse más consciente la calidad de su relación con los demás. Cierto fue que el 2019 fue un año decisivo en el quebrantamiento de su salud, la afección que sufría se le hizo extensiva hacia las articulaciones inferiores causándole dolencias para movilizarse o mantenerse en una sola posición. La magnitud de su sufrimiento se hizo poco perceptible ante los ojos de los demás, quizás porque su orgullo no le permitía mostrarse débil, aun cuando su delgadez era notoria. Pero el malestar de Alberto se fue incrementando de tal manera que se fue quedando inhabilitado sin encontrar con quien contar, excepto con la ayuda de algunos amigos cercanos que espontáneamente lo asistían y le servían de apoyo para trasladarse y solventar algunas necesidades inmediatas. Muchos conocíamos su estado de salud, pero como siempre suele suceder, no actuamos con la inmediatez solicitada por las circunstancias, no nos acercamos por el hábito de postergar "mañana lo llamo", "mañana voy" sin tener en cuenta cual es la distancia entre la vida y la muerte. Confiamos en que son suficientes las alabanzas después que la persona se ha ido, pero no hacemos valer aquello de "lo que me vayan a dar, que me lo den en vida". A Alberto en vida le pudimos dar acompañamiento, principalmente acompañamiento, pero no se lo dimos.

Y llegó el día, lamentable noticia para el medio musical, falleció Alberto Naranjo, ese mismo, el creador de un proyecto excepcional que trascendió las barreras de lo inesperado. Vendría entonces un merecido reconocimiento póstumo que estuviera en consonancia con los méritos de un músico cuya huella quedaría plasmada en la historia musical de Venezuela. Así lo pensamos, pero contrario a lo esperado, toca valorar los esfuerzos realizados de la o las personas que en el marco de algunas contingencias cumplieron con realizarle un funeral digno en cuyo proceso mereció la pena rememorar aquel majestuoso y multitudinario encuentro celebrado hace alrededor de 40 años en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas y toda la concurrencia cautiva a los memorables conciertos del Trabuco Venezolano bajo la impecable dirección de Alberto Naranjo. Pero tal retrospección se desvaneció ante un velatorio que bien hace valer un merecido reconocimiento a todos los que estuvieron allí presente y que apartaron un espacio de su tiempo para despedir a Alberto Naranjo, pero tristemente en consonancia con un notable vacío que invito a preguntarse ¿Qué paso con el público del Trabuco venezolano, sería que también falleció?

Pero no todo giró en torno a la falta de acompañamiento, sino en lo que pudo considerarse más grave como fue la falta de escrúpulos de algunas personas para hacer de un acto velatorio una fuente de espectáculo a partir del cual, hicieron gala de su sentido oportunista para fotografiarse con cuanto personaje del medio artístico estuviera presente. ¿Cuál es el aporte?, ¿Tendrá algún valor documental para la comunidad? Solo ellos lo sabrán. Valgan los registros fotográficos como parte de un testimonio o como material para la conservación de una memoria relativa a un acontecimiento importante, pero lo observado solo evidenció la puesta en práctica de intereses contrarios, contraproducentes, banales y disociados de la realidad.

Finalmente, no debo dejar de hacer mención que Noel Márquez, así como fue diligente con sus influencias para proporcionarle al difunto su oportuna sepultura, igualmente haya tenido la suficiente moral para aprovechar la ocasión y pararse frente al féretro de Alberto Naranjo a pedirle perdón por haber falsificado su firma con el propósito de excluirlo (igual que al resto de los miembros) de la Junta Directiva original de la Fundación Grupo Madera de la cual formó parte en el año 1980, persiguiendo con este acto, erigirse como presidente de la misma. Si no lo hizo, que su conciencia se lo reclame.

En definitiva, Alberto Naranjo partió a otro plano donde ahora está tranquilo, los que seguimos en este, hemos recibido el mensaje según el cual, "el que se fue no hace falta", pero a aun cuando así sea, debemos rendir honor a nuestra sensibilidad, para por lo menos despedir a ese que se fue con amor y afecto. Lamentablemente, a Alberto lo dejamos sólo en la enfermedad y en la funeraria. ¿Sentimiento tú? Sí lo tenemos Cheo, lo que pasa es muchas veces nos cuesta expresarlo.


nellyramos40@gmail.com>



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