Del país profundo: Los Diablos danzan en París

Desde el año 2008, brazo a brazo, con un equipo inmediato de colaboradores entre los que podemos nombrar en primer término a María Ismenia Toledo y a George Amaiz, asumimos la responsabilidad de representar al país ante la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial que promueve la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. La Fundación Centro de la Diversidad Cultural, desde aquel mismo momento del ingreso a la Convención, fue propuesta como núcleo focal de Venezuela. Escarbamos entre las experiencias de otras regiones del mundo, y con esas enseñanzas y la sorprendente sabiduría de nuestro pueblo fuimos marcando rumbo para visibilizar cada vez más la riqueza de las tradiciones populares que nos identifican. Antes del 2012, participamos en diversos encuentros en Estambul-Turquía, Abú Dabi-Emiratos Arabes Unidos, Nairobi-Kenya, y Bali-Indonesia, lugares donde año tras año se cumplió con intensos debates en las numerosas sesiones del Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, lo que nos inclinó hacia un escenario propicio para asimilar las lecciones de los países con mayores ventajas en el complejo estudio de las culturas de raíz tradicional.

Feliz coincidencia que llegaran hasta nosotros con su lenguaje volador, su buena vibra, sus costumbres, sus máscaras de distintos cuernos y atrevidos diseños de antaño, los responsables de las cofradías de Diablos Danzantes de Corpus Christi, todos unidos en una sola propuesta, la de elaboración de un expediente para buscar espacio en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. El período 2010-2011, estuvo dedicado a esa tarea, sin imaginarnos en ese momento que año tras año, después del favorable examen del documento en 2012 en París, seguiríamos construyendo con el pueblo nuevas realidades de reconocimiento universal para otras expresiones afianzadas en diferentes enclaves del territorio venezolano. Sumando esfuerzos, nos trenzamos entonces en el primoroso sueño de la continuidad y de la alegría.

Desde mediados del siglo XVII se tiene noticias de la práctica de esta manifestación de religiosidad popular que en Venezuela se mantiene muy viva entre los llanos y la costa central, en los estados Guárico, Cojedes, Aragua, Carabobo, Vargas y Miranda con distintas características, pero en estrecho vínculo al concepto de la recreación del triunfo del Bien sobre el Mal. Diablos promeseros, organizados en numerosos tipos de jerarquías, bajo el compromiso de seguir transmitiendo de generación en generación sus rituales secretos y las formas de preparar los festejos de Corpus Christi en sus diversas localidades. No solo la transmisión de sus conocimientos se marcó como un aspecto vital de este tipo de espiritualidad. Quedó establecida la importancia de la identificación, la investigación y la documentación, así como la preservación y protección de sus prácticas, además de la promoción y la visibilización de este extraordinario acontecimiento sobre el cual se indicaron en el expediente de postulación claras medidas de salvaguardia.

Se convertiría Venezuela en el primer país en presentar un tema del patrimonio cultural inmaterial inspirado en la gran fiesta eucarística que desde siglos atrás la iglesia católica instituyó para destacar la importancia de la pasión del hijo de Dios y lo acontecido en la última cena con sus discípulos, la Santa Cena, cuando se pronuncia la bendición sobre el pan y el vino y se come el cordero que quita el pecado del mundo. Es el misterio del Jueves Santo, que se celebra en un día especial dedicado al Santísimo Sacramento cada año, nueve semanas después de conmemorar aquella cena y que por mandatos apostólicos se traslada al calendario del continente americano, con la exigencia de transformarse en una festividad de carácter alegre, popular y masivo. Así, los descendientes de nuestros esclavizados africanos e indígenas, pudieron interpretar ante el competidor europeo las verdades de otro mundo con sus propias normas, destacando en su creatividad una indumentaria muy característica para la representación del demonio que se rinde ante el Santísimo Sacramento con un pueblo lleno de música y de bailes. Un desbordado perfil entre lo sagrado y lo profano.

Entre los días 3 al 7 de diciembre del año 2012 en París, tiene lugar la evaluación positiva del expediente para brindarle a la República Bolivariana de Venezuela la primera oportunidad de ingreso a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Se hizo el anuncio casualmente el día de Júpiter, jueves 6 de diciembre. Una importante delegación de practicantes de este culto, procedente de distintas localidades estuvo presente en las deliberaciones. De Naiguatá, Kelvis Romero; Yare, Ernesto Herrera; San Millán, Ernesto David Bolívar; Patanemo, Milidson Vegas y Angel Monteverde; Cuyagua, Máximo Fajardo; Ocumare de la Costa, Gustavo José Cuba, Lendi José Rodríguez, Jhanderson Mora, Elvis Echenagucia, Pedro Antonio Torres, José Félix Concepción, José Manrique Vásquez y José Esteban Echenagucia; Chuao, Simón Liendo Aché y Antonio José Montiel; Cata, Angel Humberto Díaz y Antulio Pacheco; Turiamo, Elvis Croquer y Juan de Dios Mijares; Tinaquillo, Luis Cabrera; San Rafael de Orituco, Rafael Angel Gota. Un total de 22 practicantes para demostrar en París como por este lado del océano Atlántico, a lo largo del tiempo, la huella africana e indoamericana ganaría un espacio universal con las palabras de Cristo visibilizadas entre las comunidades que adoran al Santísimo Sacramento. Un largo ceremonial y el impecable saludo con máscaras y trajes multicolores, confeccionados especialmente para el acto de rendición ante Dios. Una estampida de la pureza propia del pueblo que danza y hace memoria de su pasado y de sus destierros.

También festejaban con nosotros ese año 2012 varios países latinoamericanos que habían transitado ya por esta experiencia, países de intensa raíz ancestral que ingresaban con nuevos elementos para sumarse a la importancia de los tesoros humanos vivos. Ecuador, que desde el año 2008 quedó inscrito con el patrimonio oral y del pueblo zápara, perteneciente a la región amazónica, pero que ahora volvía con una segunda propuesta, el caso del sombrero ecuatoriano de paja toquilla, una palmera distinta de sus costas con la que se teje la elegante prenda de vestir. Colombia, con la Fiesta de San Francisco de Asís en Quibdó, conocida como la Fiesta de San Pacho entre los afrodescendientes del Chocó, quienes ejecutan danzas tradicionales y la popular música de chirimía en medio de un gran desfile carnavalesco y la procesión del santo. Sería el séptimo reconocimiento a ese país hermano desde que asumió la categoría de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad el Carnaval de Barranquilla aquel mismo año 2008. Bolivia, que igualmente desde el año 2008 ya había ingresado con el majestuoso Carnaval de Oruro y con la cosmovisión andina de los kallawayas, cuyos valores se remontan a la época preincaica, pero que ahora en 2012 inscribía su tercer elemento, conocido como Ichapekene Piesta, la fiesta mayor de San Ignacio de Moxos, donde se interpreta música barroca de las misiones jesuísticas para honrar a San Ignacio de Loyola, asociado a tradiciones indígenas. Brasil, que desde la inscripción de las expresiones orales y gráficas de los wajapi, población indígena del norte de la Amazonia, y de la antigua Samba de roda del Recóncavo de Bahía, se presenta de nuevo para un cuarto ingreso a estas listas patrimoniales con el Frevo: arte del espectáculo del carnaval de Recife, una fusión de géneros musicales entre los que se cuentan el tango brasileño, la contradanza y la polka y donde se hace vistosa la agilidad de los luchadores de capoeira. México, el más adelantado de los países desde que logró inscribir en el 2008 las fiestas indígenas dedicadas a los muertos, o la fiesta del Día de los Muertos que se celebra entre finales octubre y comienzos de noviembre, coincidiendo con la finalización del ciclo anual del maíz, y que vuelve por octava vez a las listas, en esta ocasión del 2012, con una experiencia de buenas prácticas. Xtaxkgakget Makgkaxtlawana: el Centro de las Artes Indígenas y su contribución a la salvaguardia del patrimonio cultural del pueblo totonaca de Veracruz, una institución educativa indígena en la que se inician los aprendices con la transmisión de conocimientos por los adultos mayores en su propia lengua.

Los Diablos Danzantes de Corpus Christi, portadores legítimos de una práctica cultural de varios siglos, llegaban por primera vez a Europa cargados de secretos para poner en alto el nombre de la patria. En París sacaron todos sus recuerdos y con uno de sus puños apretados entraban y salían del gran salón de convenciones sumergidos en el lenguaje de las maracas, en el tintineo de sus campanillas, en la profundidad de sus pasos invocando al Santísimo para el baile, llevando encima collares, escapularios y la protección de la cruz. Uno a uno fue mostrando los contornos y la alegoría de sus máscaras, el tejido de sus trajes y de sus látigos y la manera como pactan con los demonios y como se libran de su mal. Al abrir los ojos, ya estaban abrazados a la bandera de ocho estrellas con la que siguieron celebrando durante todo el día jueves el jeroglífico de sus orígenes.

Diablos Danzantes de Corpus Crristi de Venezuela en París. 2012
Credito: Rafael Salvatore




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Benito Irady

Escritor y estudioso de las tradiciones populares. Actualmente representa a Venezuela ante la Convención de la UNESCO para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial y preside la Fundación Centro de la Diversidad Cultural con sede en Caracas.

 irady.j@gmail.com

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