La crisis del libro en tiempos constituyentes

Leer lo que somos y leer en común es inconcebible porque la lectura no tiene nacionalidad ni espacio geográfico mucho menos se puede pretender leer en colectivo, eso es irrespetar al lector usurpar y penetrar en algo sagrado, su intimidad. Cuando el hombre a través de muchísimos años aprendió a leer de memoria, el pensamiento y las ideas florecieron con mayor libertad porque la lectura se hizo, se concretó con más intimidad. La lectura es un actividad de profunda intimidad y de soledad. Lo que se puede hacer, y es lo que frecuentemente se realiza en diversos niveles educativos, culturales, sociales o religioso es compartir lecturas, que es totalmente diferente. Ahora bien, si hay personas grupos o asociaciones que creen el libro es ideología, que tiene un marco geográfico, que se puede utilizar para otros fines eso queda al criterio de ellos. Pero esto no es la discusión principal de este documento , es es una realidad que las instituciones culturales esconden, disfrazan (a través de la FILVEN) es la crisis del libro , es la metástasis de La política editorial del país.

Cuando vemos que casi no existen librerías en el país, que nuestras bibliotecas públicas y las de las principales universidades sus textos técnicos están totalmente deteriorados, y tienen más de cuarenta años sin ser reemplazados por libros más actualizados. Cuando grandes sucursales de editoriales abandonan el país, salen huyendo, cuando leemos la prensa y nos enteramos, que los libros no entran en la prioridad de dólar preferencial, entendemos los costosísimo de cualquier libro por más sencillo que sea. Nos revela que lo que existe es una terrrible crisis del libro en Venezuela. Todo esto viene afectar dramáticamente el componente social, cultural y educativo del país. La caducidad y obsolescencias de textos técnicos, literatura, ciencia sociales y otros libros puede llevarnos al tener unos de los modelos educativos más atrasados del continente. Así mismo formar profesionales de malísima calidad. La sequía de libros y sus altísimos costos sin duda alguna viene a afectar a la clase media que con la enorme crisis económica hoy no los puede poseer, debido a sus elevadísimos precios. Dando paso así, al deterioro profesional de unas de las clases sociales puntales para el desarrollo económico, social y cultural de cualquier país en vía de desarrollo.

La crisis no es nueva siempre estuvo latente con la irrupción del viernes negro esta se hizo presente. Así nos dimos cuenta que casi el noventa y tanto por ciento de los libros que leíamos, los comprábamos en dólares y con la debacle económica esta vendría afectar terriblemente todo el universo del libro. Antes que sucediera este primer shock cultural el gobierno del presidente Pérez inauguraba dos sendos proyectos editoriales para ese tiempo Monte Ávila editores y Biblioteca Ayacucho. Y la editorial el Perro y la Rana, que es unos de los poquísimos proyectos editoriales del proceso bolivariano. Estas son unas de las pocas editoriales estatales verdaderamente consolidadas, con las que cuenta el país. Estas pequeñas editoriales no tiene la fuerza, la capacidad y la creatividad de impulsar, de ampliar y de rejuvenecer la miope política editorial del país. A esto hay que añadir que jamás hubo una intención de parte del Estado de elaborar un instrumento jurídico que apalancara, estimulara una verdadera política editorial, que creara instrumentos crediticios para financiar a través de créditos a las empresa privada dedicada al negocio del libro. La única Ley del libro que tenemos hoy, y que aprobaron después de esperar muchísimos años, data de los años 1998.

Ya para cuando fue promulgada esta Ley del Libro ya el daño estaba hecho, ya esa ley estaba muerta. Los redactores de ese marco jurídicos no previeron ni avizoraron el impacto cultural, social y económico de las nuevas tecnologías que transmiten conocimiento, imitan al libro y difunden entretenimiento. El impacto fue demoledor para las librerías y los lectores, se empezaron a marchar muchas editoriales del país, y cada semana cerraban sus puertas librerías prestigiosas. Los avances tecnológicos son indetenibles y la aparición de artefactos que imitan al libro seguirán apareciendo. No obstante, el libro siempre tendrá la preferencia de su público. La problemática estriba en que llegó el tiempo en que el Estado promueva y convoque a todos los sectores relacionados al mundo del libro. Para que se de una nueva discusión: honesta, sincera, responsable y auténtica para la elaboración de un nuevo marco jurídico que organice, regularice y desarrolle una real política editorial. Una Ley del libro que priorice e impulse las editoriales privadas en el país, que se revise y actualice la palabra libro. Las instituciones culturales saben que casi todos los poquísimos libros que se editan en el país es creación de las empresas privadas, que todos los libros de mayor demanda y gusto juvenil vienen de allí, que son las empresas privadas las que han impulsado y desarrollado el campo editorial a nivel mundial. Una Ley del Libro que participen aquellos que tomamos al libro como modo de sustento y de vida. Una Ley del Libro adonde se vea a este como lo que es, un producto, una mercancía. Una Ley del Libro que tecnifique su palabra a los nuevos tiempos de la globalización.

Lo primero que hay que recordar que antes de ser llamado libro, eso es un objeto, un producto una mercancía como cualquier otra, que no lo disminuye en belleza, calidad e intimidad. Por lo tanto el libro es la elaboración final de un producto fabricado por uno de los conglomerados industriales y empresariales más poderosos del mundo, las industrias editoriales. Poseen tecnología de punta, personal altamente calificado, que generan miles de empleos, ofrecen un excelente producto, y están en la vanguardia de los procesos de investigación en el mundo. Si se sigue viendo libro como algunos miembros y personal en MPCC Y CENAL llegaremos a la edad piedra en política editorial. Creer y conformarse que con unas ferias anuales, entregando pequeñas imprentas para que impriman y editen a todo aquel que tenga ínfulas de poeta o se autoproclame escritor, o estacionar un camión en cualquier lugar para regalar libros a titirimundi, vamos a crear el "pueblo lector" nos espera el ¡barranco!. Si no hay una política editorial responsable, con experiencia, desfasada de prejuicios ideológicos y modernas, seguiremos atados a la improvisadera y al atraso de políticas editoriales de la región.

Propuestas

1- La revisión de los precios de alquileres de los espacios adonde se hallan ubicada las pocas librería que se encuentran en el país.

2. Eliminar el monopolio de la pulpa de papel que al Estado de cual éste es el único propietario, que los convenios sean mixtos.

3. Exonerar de impuesto al papel y cartones importados, pinturas y tintas y todo aquello que contribuya a impulsar la industria del libro.

4. Que el MPPC y el CENAL realicen un censo de la cantidad de libreros realizan sus actividades en el país, y de que forma, ¿ cuántos tienen espacios adecuado para realizar sus actividades?

5. La fabricación y el diseño de amplios y cómodos módulos que sirvan de librerías para se establecidas en las principales esquinas estratégicas de la ciudad de Caracas.

6. A través de la editorial el Perro y la Rana crear dos entregas quincenales de libros : para ser vendidos a precios aceptables. Uno con el título de los 100 mejores libros de América, y otro con los 100 mejores libros de literatura universal, que pudieran ser distribuidos mediante la red de periódicos del Estado.

7. Utilizar la plataforma de distribución de periódicos del Estado para crear una amplia red de entregas de libros, y revistas.

8. Reeditar los títulos de la Editorial Monte Editores y de la Biblioteca Ayacucho, que hoy se encuentran agotados.

9. Declarar al libro un bien de primera necesidad, para así lograr acceso a las divisa en moneda internacionales.

Playa Grande, Estado Vargas, 12 de noviembre de 2017

El autor es: librero UCV.



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