El arte moderno tiene asiento en Pto La Cruz

Un proyecto para ser imitado en la Venezuela actual

Los aportes de la Galería de Arte Moderno de Puerto La Cruz al desarrollo de la cultura del oriente del país revisten marcada importancia; sus ondas expansivas en materia de promoción de los valores culturales regionales abarcan la geografía nacional y más allá de sus fronteras.

Solo una dedicación plena de entrega total puede dar origen a un trabajo de tal magnitud, superando los escollos que siempre se tropiezan en el camino, cuando la razón que ilumina el horizonte no es otra que la difusión del arte, como valor supremo que el ser humano ha escogido para compartir sus apreciaciones cognoscitivas.

En un minúsculo sitio del corazón de Puerto La Cruz, lugar donde se gestaba un desarrollo que inicialmente apuntaba ser de proporciones gigantescas y que poco a poco se vino a menos, está enclavado ese mágico empíreo a cuyas virtudes quiero referirme con especial entusiasmo, después de haber conocido el fruto del esfuerzo de obreros y empleados orgullosos de su mancomunidad laboral bajo el auspicio de la Fundación que rige los destinos de esta institución irradiadora de conocimientos artísticos.

Al maestro Gilberto Bejarano (1941), quien pensó, diseñó y ha desarrollado el proyecto de esta Galería, en el ámbito cultural nacional, se le reconoce y valora –por su valiosa obra creativa en el campo de una evolución cinética tras búsquedas fecundas– como escultor y docente, y por esta titánica labor que le ha consumido cuatro décadas de su vida. Plausible entrega que ofrece una cara de la Venezuela positiva, trabajadora; ejemplos dignos de ser emulados por las presentes y venideras generaciones.

Elocuente herencia nos dejó en sus ensayos sobre el estímulo trágico de la vida el escritor y filósofo español don Miguel de Unamuno (1864-1936), a quien de manera atinada cita el joven cuentista venezolano Ronald Delgado en su texto intitulado Réplica:

"El hombre deja en la tierra unos huesos, y al irse un nombre, un nombre en la memoria de la palabra creadora, en la historia tejida de nombres; un nombre, si logra buena ventura, más duradero que los huesos, más que el bronce… ¡La palabra y el nombre!

El proceso formativo del maestro Bejarano transcurrió entre Caracas y París, primero en la Escuela de Artes Plásticas "Cristóbal Rojas", donde realizó su pregrado bajo la orientación de consagrados valores del arte nacional, como Mateo Manaure, Miguel Arroyo, Rafael Ramón González, Luis Guevara Moreno y Régulo Pérez, entre otros; y en la Escuela Superior de Bellas Artes de Paris, donde se especializó en el arte del grabado.

Posee una magnífica trayectoria como docente en áreas de experimentación y ensamblaje reconocida por varias generaciones egresadas del Instituto de Investigaciones Plásticas Armando Reverón, de la ciudad de Barcelona, a la cual también ha dedicado sus mejores años de producción artística.

Retrotraer el pasado en esta amena conversación con el maestro Bejarano nos condujo a rememoraciones de épocas de sueños de juventudes esperanzadas en alcanzar las virtudes de una sociedad diferente. Pedro Barreto, Gladys Meneses, Pedro Báez, Eduardo Latouche, Mauro Mejías, Eduardo Lezama, Régulo Martínez, José Pérez Gil (el "Flaco Gil"), formaban parte del plantel de profesores, muchos de los cuales retornaban de Europa donde habían profundizado, al lado de maestros más aventajados, sus procesos formativos académicos. Esas ideas nuevas las compartían en los programas de enseñanzas que ofrecían a sus alumnos en Barcelona. Una juventud ávida de nuevas ideas que más tarde, en Europa, en las postrimerías de los años sesenta, veían luz con el proceso de renovación gestado en París, conocido como el Mayo francés (1968).

Eduardo Sifontes, de grata recordación (el "Poetica Sifontes"), quien falleció debido a los embates de las torturas que sufriera en cárceles políticas; Inca Zabala, Luis Adrián León ("Carúpano"), y Nerio Moreno, estudiantes aventajados de aquella época, hoy ejercen sus conocimientos como docentes en institutos especializados o en ejercicio libre de sus profesiones.

Rememorar a aquellos Beatles de la época, sin guitarras, pero apertrechados de pinceles y pinturas; máquinas de escribir al hombro, estremeció mi subconsciente y en cada momento de la charla con el maestro iba extrayendo de los recovecos de mis recuerdos imágenes de aquel mundo hermoso sin tiempo ni geografía que fluía en nuestro universo sideral de entonces; a manera de las imágenes de Marc Chagal (1887-1958), en completa ebullición sin límites transitaba mi memoria por ese Anzoátegui de los años que me tocó vivir en los inicios de mi carrera periodística.

A decir del propio maestro Bejarano: "Anzoátegui bullía por todas partes y reclamaba espacios donde mostrar su hacer, encontrarse con otros lenguajes y confrontar las experiencias locales con las que ocurrían más allá; ese criterio inspiraba el nacimiento de la Galería, porque no se trataba únicamente del regocijo interior; era necesario saltar por encima de las barreras y situarse en un discurso que colocara a la región en la discusión contemporánea, al mismo nivel de otras referencias nacionales…".

Un balance esplendoroso sobre la euritmia de la galería en cuatro décadas, reposa en las páginas de las revistas de las bienales nacionales, bellamente ilustradas y de sesudos contenidos; idea fuerza de la galería destinada a reconocer y exaltar el trabajo creativo de artistas e intelectuales, cuyas obras merecen ser elogiadas por sus coterráneos, como ocurriera con personas como Alfredo Armas Alfonzo, Pedro Barreto, Pedro Briceño, Mauro Mejías, Perán Erminy y Gustavo Pereira.


*Periodista venezolano en funciones diplomáticas en Vietnam

nelsonrodrigueza@gmail.com



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Nelson Rodríguez A.

Periodista y diplomático. Autor de ensayos, cuentos y poesía.

 nelsonrodrigueza@gmail.com

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