Nuevo derrame de petróleo en Quebradón, San Diego de Cabrutica

 

Derrame petroleo
Credito: José Pérez

San Diego de Cabrutica se hizo famosa más como locación petrolera que como pueblo y comunidad. Como asiento campesino de hombres labradores, tierra de poetas y soñadores, de mujeres de temple recio y zona de pastoreo no tuvo más trascendencia que la que dejó Simón Bolívar a su paso para Angostura, y alguna otra incidencia que el tiempo borró. Pero el auge y el apogeo que tuvo allí la Faja Petrolífera del Orinoco Hugo Chávez Frías hizo que al pueblito lo conocieron hasta en China.

Digo "tuvo", porque hoy sólo queda la chatarra oxidada y el abandono donde antes florecieron taladros, locaciones, bombas de succión y caravanas de carros y camiones, autobuses y aventureros que acudían a Petrocedeño, Petrozuata y cuanta empresa de maletín y mafia se apostó en estos áridos parajes de paja pelúa y alcornoques, cañafístoles y mantecos, así como en aquellas caberas de ríos y quebradas donde el cachicamo y el venado, la lapa y el conejo solían beber agua, igual que el ganado y los pájaros cantores.

Aquí tuvieron sus empresas rusos, chinos, italianos, franceses, noruegos, indios, iraníes y norteamericanos, entre otros; siendo algunas de esas corporaciones la Rosneft, Total, Dressler-Precision, ConocoPhillips, ExxonMobil, Chevron, Hallyburton, Impex-Mitshubishi y otras tantas más que explotaron más de 2.600 pozos; y todas dejaron el pelero. Creo que ni las gracias dieron.

Hoy sólo hay osamentas secas que el viento sacude contra el vacío del sol quemante, contra las maderas tostadas por la intemperie, contra el olvido; y abundan los pilos que, tras un carnet de CICPC o de las Fuerzas Armadas sustraen todo el "material estratégico" que les da la gana, en conchupancia con grupos hamponiles organizados, para lucrarse con el cobre, la "chatarra" ferrosa, los equipos que van a parar al Arco Minero de Guayana y cuanta vaina delicuencial puedan convertir en grandes sumas de dólares a pesar de las más de treinta alcabalas que la Guardia Nacional mantiene "activas" (contra los pendejos) en todo el territorio del estado Anzoátegui.

¿Pero qué pasó?

Los ríos están contaminados con petróleo, con gas, con desechos mal procesados. La gente de estos caseríos no tienen agua para beber ni asearse, no pueden lavar sus trapos mucho menos criar aves de corral (ya inexistentes); o cochinos y ganado. Ya no hay río potable ni laguna limpia, y los pocos manantiales que discurren algo de agua, no tienen un metro de ancho ni alcanzan una profundidad de veinticinco centímetros para poder cargarla en camiones. No hay peces. No hay vida marina. Sólo queda el dolor.

Los caseríos Dos Caminos (donde pasé más de 25 años junto a los abuelos de mis hijos), La Torta, Medanito, Las Adjuntas, Guatire, El Manteco y Las Trincheras, vía Uverito-Mapire —para mencionar algunas comunidades de pobres—, ya no soportan la sed, el abandono, la contaminación del suelo y las aguas, porque sus animales de trabajo (burros, mulas y caballos), de alimentarse (vacas, pollos, gallinas, pavos, guineos, cochinos) y los perros de cuidar las casas y las siembras amanecen abollados en los manantiales de petróleo que, al menos media docena de veces al año, ocurren en las mismas tuberías podridas del sistema de succión y bombeo que nadie limpia ni supervisa. Que ninguna empresa filial de PDVSA repara.

Las pocas contratistas que visitan el municipio Monagas una vez a la cuaresma dicen no tener competencia en labores de saneamiento, porque PDVSA ni siquiera les paga para tapar una enorme zanja que abandonaron desde el alto de Dos Caminos hasta el río Quebradón, incomunicando a las familias Ostos y Gimón que allí residen. No es justo que esto ocurra.

Cuando la Faja del Orinoco alcanzó su máximo apogeo, estas comunidades lucharon exigiendo se les hicieran pozos perforados para obtener agua, porque ni siquiera por daños ambientales les pagaron una locha (con la excepción de tres o cuatro vivos que se lucraron del negocio de "vender" las tierras al gobierno, para quedar limpios después, y volver a retomarlas para seguir como campesinos productores a pequeña escala); no les hicieron las casas prometidas, ni los centros de salud, ni las mejoras viales ni nada de las mil maravillas expuestas en una junta de vecinos (ahora llamadas comunas) hace ya 20 años. Yo estuve en esas reuniones junto a Alí Bastidas, la familia Hernández, los Ibarra, la familia Ostos, la familia Pino, los Malavé, etc., y lo vi y lo oí en vivo y directo. No me lo contaron. Todos esos proyectos de urbanidad y desarrollo fueron grandes mentiras. Ahora todo el pueblo es un esqueleto topográfico, un abismo de miserias, de pobreza y de exclusión.

De San Diego de Cabrutica podemos hablar los poetas Carlos San Diego, Limber Salazar, Rúsvel Salazat, Javier Ostos, Juan Mauel Muñoz Moriche, y todos los cantantes del música llanera, desde Reynaldo Armas para abajo; desde El Tigrito de Matanegra Jesús Daniel Quitero en adelante; desde Carlos Rojas El Pollo de Botijón para allá afuera y desde Alejandro Rondón hasta los avenidos de Guárico, Apure y Barinas, como Rafael Volcán y tantos más, porque ahí nos hemos pasado media vida, o bien viviendo y visitando las familias que nos aguardan; o compartiendo con los amigos entrañables que siempre nos esperan; o sencillamente, dándole el corazón a la sabana y al monte de nuestros cantares y utopías. Por eso esta tierra nos duele.

Y no lo duden, esta tierra nos pertenece. No digan en Caracas, en las cómodas oficinas de PDVSA Central, que necesitan un GPS o cualquier truco cartográfico para saber dónde queda San Diego de Cabrutica y el Bloque PetroJunín. Alguien puede decir que es donde el diablo dejó el pelero, y sí, tiene razón, es así; pero está aquí al Sur del estado Anzoátegui, muy cerca del Orinoco de Mapire y del Orinoco de Santa Cruz, pero muy lejos del amor del gobierno. Excepto cuando los votos del Psuv sirven para sumarle chácharas a la revolución bonita, de Patria-Socialismo-Venceremos. ¿No es así alcaldesa Cruz Ojeda?

No digo más, camaradas. Vean las fotos. Este derrame está manando petróleo las veinticuatro horas del día desde el domingo 25 de abril y nadie les para b…otellas.

En nombre de la vida y el alma dolida de todos los hombres, mujeres, niños y ancianos fraguados de toda fe, de toda esperanza, en San Diego de Cabritica, hagan algo por favor. Sus sueños son nuestros sueños, y sus dolores nos afligen y afectan por igual.



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José Pérez

Profesor Universitario. Investigador, poeta y narrador. Licenciado en Letras. Doctor en Filología Hispánica. Columnista de opinión y articulista de prensa desde 1983. Autor de los libros Cosmovisión del somari, Pájaro de mar por tiera, Como ojo de pez, En canto de Guanipa, Páginas de abordo, Fombona rugido de tigre, entre otros. Galardonado en 14 certámenes literarios.

 elpoetajotape@gmail.com

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