Hospital Coromoto. A pesar de…¡Qué bien atendida me sentí!

Sí, hoy hablaré de lo bien que me atendieron en el Hospital Coromoto de Maracaibo.

En la condición de guerra no convencional en la cual nos encontramos viviendo; esa donde lidiamos ya cotidianamente con bombas, pero no de las que estallan con pólvora y demás elementos químicos que te matan al instante, sino de aquellas que te destruyen en tu globalidad, las que te exponen a la carencia, a lo dispendioso, a la privación, a la agonía de no poder satisfacer las necesidades básicas que requieres como individuo, grupo y sociedad; a pesar de esas variables en juego muy activo, a pesar de ello repito, recibí una excelente atención en el Hospital Coromoto.

Desde que llegas a la emergencia, donde la situación generalmente es crítica ya que su capacidad física y de dotación no está preparada para atender el contingente humano que está albergando, aún así, recibes buena atención; aún cuando tengas que esperar porque de pronto hay otro paciente en peores condiciones que tú, la palabra "paciente" tenemos que tenerla presente; aún cuando a veces le hacen la observación a tus acompañantes porque son más de uno y no pueden estar allí todos (algunas personas se disgustan por eso, o porque no son atendidos inmediatamente y por otras cosas más ¡Estamos en Venezuela! exclaman otros) obtuve muy buena atención.

Tengo que decir, me impacté cuando me tocó utilizar la silla de ruedas destinada al traslado del paciente a las diferentes áreas de atención, una silla de ruedas que ha dado muchísimo, parece que es la única que cumple esta función, la pobre está en situación crítica también; Ministro, Coordinadores de Salud o quien tenga el poder de canalizar el que repotencien esta silla y asignen otras para mejorar el servicio, igual que las camillas.

A pesar de todas las carencias situacionales e institucionales en cuanto a recursos materiales, medicamentos, sábanas y alimentos, muy sentidas por la multivariedad de factores que actúan en nuestro entorno, como bien lo sabemos porque las vivimos todos, a pesar de ello, los equipos profesionales y no profesionales de la salud que hacen posible que el Hospital cumpla su función, allí están presentes; con quienes la sonrisa, el buen trato, la academia y hasta la exhortación oportuna, también están presentes; según los veo, verdaderos ejemplos de lo que debe ser la relación servidor de salud-paciente. Enfermeros, médicos, docentes, aseadores, cocineros, secretarios, coordinadores, todos.

Me dio mucho gusto vivir la experiencia de presenciar los cambios de guardia del personal de enfermería, cada vez que se da el cambio, el grupo correspondiente, pasa por cada habitación, te saludan y te dan a conocer que a partir de ese momento ellos te estarán atendiendo hasta el próximo cambio; mis gratos recuerdos al Enfermero Gustavo Díaz. La tensión, te la toman mínimo dos veces al día y el personal de laboratorio muy eficientes, las muestras de sangre correspondientes.

Tienes la oportunidad de presenciar, a los docentes muy exigentes en la academia con sus grupos de aprendices, quienes te saludan, te rodean la cama y deben haber estudiado mucho y dominar el tema; allí te das cuenta que no es nada fácil estudiar medicina, ni ninguna de las áreas de la salud, el compromiso es muy grande; es el compromiso con la vida y la preservación de la salud.

Con frecuencia, te visita personal que coteja los bienes materiales presentes en la habitación y te consulta sobre las deficiencias y deterioros que puede alguno tener. Cuando ya estas próximo a dejar el hospital, tienes la oportunidad de evaluar el servicio y puedes hablar de manera libre, sin ninguna presión.

Todos los días tienes contacto con tu médico asignado, el mío (y es que lo haces tuyo) el Cardiólogo Dr. Diego Pérez, quien derrocha calidad humana y sapiencia, te visita una y hasta dos veces al día, quien te informa sobre tu evolución diaria y te hace el electro de manera frecuentei.

Un reconocimiento muy especial al equipo humano de la Sala de Hemodinamia, dirigida excelentemente por la Dra. Rossy Vera, quien diligentemente al finalizar los procedimientos del día y con toda la academia y pedagogía necesaria, se reúne con los familiares de los pacientes, les explica sobre el procedimiento específico dado, sus resultados y sugerencias a partir de los mismosii.

Extiendo mi saludo y respeto al Director del Hospital Dr. Tulio Chacín, cuyo compromiso se siente; también a mis compañeras de habitación Xiomara Rodríguez y Blanca Oliveros a quienes Dios las ha blindado con la fortaleza física y espiritual para seguir construyendo vida.

Por esto y por mucho más, a pesar de los apagones, la suspensión de agua (tus acompañantes deben llenar botellas y botellones para la reserva) y otras carencias, expreso en voz alta MI PASO POR EL HOSPITAL COROMOTO FUE UNA BUENA EXPERIENCIA PARA MI.

Aprovecho esta oportunidad para hacer un aparte del Hospital Coromoto y expresar:

  • Admiración y respeto a mi médico tratante el Cardiólogo e internista Dr. Carlos Espinoza, quien con toda su academia y calidad humana atendió mis primeros requerimientos y continuará en lo sucesivo.

Dios los proteja y les dé la sabiduría y la tolerancia necesaria para que sus manos no abandonen al paciente por irse a otro país a lavar platos u organizar estantes, eso es un desperdicioiii. En esos países los médicos venezolanos que ejercen su profesión han demostrado la excelencia académica y humana que los distingue. Allá los necesitan y nosotros también. Mejor que nos envíen a sus aspirantes y aquí se los formamos, si creamos las condiciones necesarias para ello.

  • Un llamado

Señor Ministro de la Salud, Señor Presidente de la República, hagan todo lo que tengan que hacer para que los Profesionales de la Salud y de la Educación no nos dejen. La situación que estamos viviendo de hospitales y escuelas vacios de profesionales no podemos continuar permitiéndola, más si estamos invirtiendo tanto en su formación. Son también áreas muy prioritarias por ser básicas. El salario ajustado a la realidad es lo que necesitamos principalmente y eso ustedes lo saben.

 

i El Dr. Carlos Gil Yépez, Individuo de Número en la Academia Nacional de Medicina, habla en su obra Tres Estudios sobre Medicina Antropológica (1977) del Diálogo Esclarecedor.

 

ii Idem

 

iii Los médicos y enfermeros deben cuidar mucho sus manos; con ellas tocan al paciente y en ese instante comienza su curación.

 

ruthcueto7@gmail.com

 



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