Bolívar y la corrupción

A quién no le han enseñado desde la primera educación, en su casa, que no hay que apropiarse de las cosas de los demás, que no hay que agarrar lo que no es de uno. Cuántas veces no recibíamos una reprimenda por llegar a nuestras casas, de regreso del colegio, con algún sacapunta u otra cosa que nos habíamos encontrado o que un compañerito escolar nos había obsequiado, pero que nuestros padres con la suspicacia y su experiencia a cuesta, nos preguntaban: "¿Dónde te encontraste éso?" "¡Hazme el favor y lo devuelves!" y con tono imperativo nos decía: "¡Mañana mismo, voy al colegio a ver si es verdad que te lo hallaste!" Quedábamos atónitos ante tal mandato; y en el supuesto de ser mentira, a las consecuencias de un castigo teníamos que atenernos. A mi modo de ver las cosas, soy del que piensa, que todos estos desafueros comienzan por la educación de hogar. Las malas mañas se inician desde la prístina formación; y con el desarrollo de la personalidad, van diseminándose otras formas de delinquir, asociadas a estas conductas ignominiosas, que podrían entrar en el contexto de la corrupción con sus tantas modalidades y artimañas existentes; embolsillarse lo que no nos pertenece, deberá corregirse a tiempo, mañana será tarde. Creo que por ahí comienza todo. Si no hay conciencia del bien, predominan los antivalores. Quien es malamañoso desde la infancia, en la adultez será incorregible. Esa es mi cosmovisión.

Ahora bien, el término corrupción lo define el diccionario Larousse, así: "Seducción, cohecho: Corrupción de funcionarios. Vicio o abuso". En este mismo sentido, el diccionario de ciencias jurídicas lo conceptúa en un campo más extenso, mas vamos a tomar solamente éste en Derecho Penal: "….La promoción o facilitación con ánimo de lucro, o para satisfacer deseos ajenos, de la corrupción o prostitución de mayores de edad mediante engaño, violencia, abuso de autoridad etc". (Manuel Ossorio, pág. 48). Ambas aclaraciones dejen entrever la ambición desmedida con cierto grado de felonía que tienen algunos funcionarios de enriquecerse a costa de los bienes ajenos, en especial, aquellos que están bajo su custodia administrativa que por ende pertenecen a la administración pública. Mis neuronas me orientan a pensar, en cierta medida, que existe una falta de conciencia ética en el funcionariado que comete estos hechos. En el vulgo puede decirse también que es un Ladrón.

Como el título de estos argumentos reza "Bolívar y la corrupción" hacia ellos vamos a apuntalar el grueso de estas opiniones, veamos:

El Libertador, allende estar luchando contra el enemigo del gobierno español, también tuvo que hacerle frente en lo interno a este monstruo de mil cabezas que es la corrupción, a pesar de sus medidas dictatoriales, el grotesco mal siempre estaba presente en muchos de sus acólitos. Desde el Palacio Dictatorial de Lima, el 12 de Enero de 1824, en vista de haberse comprobado dilapidación del erario público y con el espíritu de corregir ese cáncer que hacía metástasis, lanza este decreto: "A quien en juicio sumario se le compruebe haber malversado o tomado para sí los fondos públicos de diez pesos para arriba, queda sujeto a la pena capital" Y dentro de ese mismo mandato, también se dirigía a los jueces con la misma pena sino hacían cumplir la resolución. Además contemplaba que la ciudadanía podía acusar a los funcionarios públicos del delito ya indicado. La pena capital consistía en la ejecución por las armas al infractor.

En otra, entre sus infinitas resoluciones, en Trujillo, Perú, el 10 de Abril de 1824, en Gaceta del Gobierno/ Aviso Oficial, expresa: "Deseoso su Excelencia El Libertador de evitar por todos los medios que estén a su alcance la malversación de los intereses que se colectan cuenta del Estado, por medio de comisionados y otros agentes: se invita a todo ciudadano para que denuncie cuanto supiere acerca de este particular, siendo esta providencia extensiva a granos, caballos, &a… a fin de que caiga un ejemplar castigo sobre cualquiera que en medio de las angustias de la Patria se atreva, o haya atrevido a robarla". En Puerto Cabello, el 11 de Sept. De 1813, dicta una ley contra los defraudadores de la renta del tabaco, En su art. 1° se expresa así: "Todo aquel que fuere convencido de haber defraudado los caudales de la renta Nacional de tabaco o vendiéndole clandestinamente fuera del estanco, o dilapidándolos con robos y manejos ilícitos, será pasado por las armas, y embargados sus bienes para deducir los gastos y perjuicios que origine.". Para esa época el país se encontraba en un verdadero atolladero económico, producto de la guerra y otras escenas inverosímiles de la Nación.

He aquí otro de sus decretos para la aplicación de la pena capital a los funcionarios que hayan tomado dinero de los fondos públicos, dado en el Palacio Dictatorial de Lima, el 12 de Enero de 1824: "Art.1.- Todo funcionario público, a quien se le convenciere en juicio sumario de haber malversado o tomado para sí de los fondos públicos de diez pesos para arriba, queda sujeto a la pena capital. Art 2.- Los jueces, a quienes, según la Ley compete este juicio, que en su caso no procedieren conforme a este decreto serán condenados a la misma pena. Art.3.- Todo individuo puede acusar a los funcionarios públicos del delito que indica el artículo 1°. Art. 4.- Se fijará este decreto en todas las oficinas de la República, y se tomará razón de él en todos los despachos que se libraren a los funcionarios que de cualquier modo intervengan en el manejo de los fondos públicos." (Simón Bolívar contra la corrupción administrativa, 1813-1826, Ediciones Centauro.)

Es pertinente acotar que El Libertador, según escritos recaudados, poseía moral en relación a los bienes públicos, como puede evidenciarse en una carta que le escribe a Sucre, en Lampa, Perú, fechada del 03 de Agosto de 1825, donde ordena regresar al Tesoro Público una cantidad determinada de dinero que había sido empleada por el General Guillermo Miller con el propósito de festejar la visita de Bolívar a ese Departamento, de igual forma, ordenó invalidar cualquier otra factura expedida a otras jurisdicciones. En este sentido, puede apreciarse que era el primero que daba el ejemplo en esta materia.

Las lecturas nos señalan el desprendimiento que tenía en estos asuntos materiales del dinero, veamos este pasaje que nos cuenta la historia de Venezuela: cuando el Congreso de Perú le dispone una recompensa de un millón de pesos, Bolívar la rechaza por dos veces; replicando al final que "No hay poder humano que me obligue a aceptar un don que mi conciencia repugna. El Congreso me ha nombrado Padre y Salvador del Perú; me ha decretado los honores de Presidente perpetuo, ha mandado a grabar mi busto en una medalla del mando de Perú, y después me señala una enorme fortuna. Yo he aceptado todo con gozo, menos lo último; porque las leyes de mi Patria y las de mi corazón me lo prohíben". Lo abordaba el sentido de la Honestidad ¡cuán difícil es esta tendencia en el resto de los hombres! Su implacabilidad contra la corrupción alcanzó hasta sus familiares más cercanos. En una carta que le escribe a Páez, le dice: "He sido testigo de un acto de justicia, que ha contribuido en mucho a la moral pública y a dar una prueba de que la Ley es igual para todos, pues que su peso cayó sobre uno, por el cual se empeñaban hasta mis parientes; pero yo, volviendo a mi carácter, fui inexorable" (Historia Fundamental de Venezuela, José L. Salcedo B. Pág: 302). ¡Qué egregio ejemplo daba nuestro Libertador! Pienso que le daba más importancia a lo colectivo que al individualismo, velando siempre por el bien común. Visualizaba a la Patria antes que todo lo demás.

No hay que dejar pasar por debajo de la mesa que el Libertador también dirigió sus acciones en contra de la corrupción administrativa sobre el comportamiento de los empleados públicos de la época, cuando no se dedicaran con ahínco a sus responsabilidades y tareas; y un sinfín de medidas estrictas que consideraba saludable para el surgimiento de la Patria grande que tanto quiso; y que muchísimas desilusiones le acompañaron.

Guaicaipuro14@hotmail.com

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