Por la frontera se desangra el país

Luis es un chamo del barrio, estudia segundo semestre de ingeniería, me lo encontré esta mañana y me dijo:

— ¿Qué más, vecino? Voy saliendo para Caracas.

— ¿Y eso a qué vas por allá?

— A trabajar con unos primos y reunir una plata, porque aquí la universidad no arranca y hay que aprovechar el tiempo.

Le desee buen viaje y nos despedimos.

Pasaron tres días y saliendo de mi casa me conseguí a Luis. Le pregunté cómo le había ido por la Capital y él me respondió que aún estaba tratando de irse. Me contó que no había pasajes, que la gente estaba durmiendo en el terminal, incluso vio madres con niños pequeños tumbados en aquel piso curtido de mugre esperando una oportunidad para viajar; me dijo que el pasaje que rondaba los 50 mil bolívares estaba siendo revendido ahí mismo en el terminal por sujetos extraños a 100 mil bolívares los cuales parecen estar en conchupancia con los de las taquillas y con los sindicatos del transporte. También me dijo que había ido a los terminales de líneas privadas y la situación era un poco más amable pero igual no había pasaje salvo que se lo comprara a un revendedor; precisamente en ese momento iba a verse con uno de ellos que se lo había ofrecido a 50 mil, siempre y cuando se lo pagara con efectivo, pero que trataría de negociarlo porque él solo tenía 45 mil.

Luis siguió su camino y yo me quedé pensando en los niveles de caotización a los que hemos llegado. San Cristóbal realmente se está quedando sin efectivo. Dejaron de acaparar los productos alimenticios y ahora acaparaban el papel moneda. De pronto vas al mercado y la mayoría de los vendedores dice que no sirven los puntos de pago con tarjeta y que sólo están recibiendo dinero contante y sonante. Los bancos por su parte no te dan más de 30 mil por taquilla y eso si estás dispuesto a perder todo el día en una cola de gente mal humorada despotricando del gobierno, de la inflación, del país. La sensación es que todo se ha corrompido y el monstruo salvaje del capitalismo habita en cada uno de nosotros y que él único personaje al mando por el cual todos tienen respeto y rinden veneración es su majestad el "Rey dinero". Me quedé pensando en la cuestión del efectivo, porque parece que con eso tocamos fondo, se están llevando el dinero del país, y lo paradójico es que la frontera permanece cerrada. Esta extracción del billete venezolano se hace con la estrategia del bachaco, persona por persona, una a una van llevando lo poco que reúnen y así el desangre se convierte en lenta agonía; obviamente no faltarán los peces gordos que podrán pasar cargamentos grandes de billetes.

A final de tarde me conseguí a Luis, venía arrastrando frustraciones, vestido de indignación y con cara de angustia. Me contó que no había podido negociar el pasaje y que estaba harto de tanta corrupción. Le pregunté qué pensaba hacer ahora y sin dudarlo mucho me dijo que se iría mañana a Cúcuta a vender el efectivo que tenía porque por cada billete le daban cerca de un 20% sobre el valor del mismo, dependiendo de la denominación del billete (por los de alta denominación pagan mejor). Hubiese querido disuadirlo y decirle que pensara en su país, pero sabía perfectamente que por cada argumento que yo esgrimiera él podía sacar una docena en contra y es que la realidad para el ciudadano común, ese que no tiene influencias, ni conexiones políticas, es aplastante.

Ahora contrabandeamos papel moneda. Nunca fui bueno para la economía, así que no lograba entender del todo este escabroso asunto; entonces le pregunté a un conocido que está metido en todas esas vueltas (en lo de la comida, lo de la gasolina y ahora en lo del efectivo) y me dijo que una cosa es el cambio en la frontera y otro el cambio oficial; eso significa que hay una banca paralela. Me explicó que a los billetes pagados en Cúcuta con un 20% más de su valor le ganan un porcentaje mucho mayor al revenderlos a la banca y luego esas grandes cantidades de efectivo la banca colombiana se la vende a Venezuela y también le gana un porcentaje y Venezuela para recuperar su efectivo compra a como le vendan y así la rueda sigue girando y el país se va desangrando por esa herida eternamente abierta llamada frontera. Me gustaría que un experto me aclarara si eso es así, pues la verdad me resulta surrealista; sólo reproduzco aquí lo que me dijo alguien que hace dicho negocio como lo hacen miles de ciudadanos que ven en esa transacción un paño de agua tibia para sus necesidades cotidianas.

Que haya contrabando en las fronteras del mundo es algo habitual y casi natural, pero con una frontera cerrada y a la escala con que se hace en el Táchira es algo sin precedentes.

En estos días, llegando a mi casa, encontré a la mamá de Luis; le pregunté por él, pues tenía mucho tiempo sin verlo. Ella me dijo que se había ido a vivir a Colombia, donde consiguió un trabajito y gana bien; aunque no es gran cosa –agregó–, le alcanza para pagar el alquiler, los servicios, la comida e incluso le manda algo a ella. Al preguntarle si su hijo pensaba continuar los estudios, pues la Universidad amenaza con iniciar clases, respondió con cierta tristeza lo que Luis le había dicho: "Es más sensato ser obrero en Colombia que ingeniero desempleado en Venezuela".

Ante una reflexión tan lapidaria sólo pude hacer silencio.

Por este vórtice cerrado-abierto se nos va la comida, la gasolina, el billete y la juventud. No hay duda de que la patria se está desangrando y una de sus principales heridas se llama: Frontera.

 

oscuraldo@gmail.com



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