Maduro, el inteligente (Salas Romer dixit)

Ante las pintorescas declaraciones de Enrique Salas Romer (el último dinosaurio de la cuarta república), cuando le dice a Jaime Bayly que Maduro "es más inteligente de lo que se le atribuye", los maduristas (sin saber muy bien quién o qué es Salas Romer) no caben dentro de sí mismos de contentura, convirtiendo lo afirmado por Salas Romer en un axioma que constituirá por el resto de los siglos la nueva base fundamental del pensamiento filosófico madurista. Así como José Arcadio Buendía descubrió encendido en fiebre que la tierra era redonda, los maduristas acaban de "descubrir" lo que ya venían sospechando: Maduro es más inteligente de lo que se le atribuye.

Como los religiosos se aferran a sus libros sagrados, los maduristas se aferran al discurso oficial y respiran a través de este, ignorando por completo lo evidente. Para ellos el país está como está por la baja del precio del petróleo, como lo dice el gobierno, aunque este haya sido uno de los gobiernos con los precios más altos del petróleo, no solo por los precios en sí, sino por las regalías, que hasta que llegó Chávez al poder eran solo del 1%, siendo ahora del 33,33%, lo que convierte al gobierno de Maduro en un privilegiado en cuanto a ingresos por explotación de petróleo.

Como por arte de encantamiento los maduristas no ven el metro, Movilnet, CANTV, los hospitales y el sistema de salud en general, las avenidas, autopistas y calles destruidos; no ven el hambre, la desnutrición, las escasez, las mentiras sobre las cifras de inflación, que han vuelto sal y agua las prestaciones sociales de los trabajadores, la institucionalización de la vacuna y el bachaqueo, directamente impulsados por las torpes políticas del gobierno, la deserción escolar por hambre, la falta del servicio de agua en los barrios en medio del mejor invierno en las últimas décadas, la falta de gas doméstico en un país que todavía quema gas a la atmósfera, la gente muriéndose de mengua ante el caos alimenticio, el resurgimiento de enfermedades ya controladas, la donación de 500 mil dólares a la toma de posesión de Donald Trump, el ofrecimiento de cinco millones de dólares a los damnificados de Texas, mientras aquí la gente muere por hambre y falta de insumos médicos, la monstruosa y descarada corrupción, y un millón de pandemias más que ha traído el gobierno del presidente más torpe de nuestra historia, lo cual es mucho decir.

Los maduristas necesitan que lo dicho por Salas Romer sea verdad, necesitan creerlo y por eso lo santifican: amén, dicen en sus compungidos corazones pletóricos de fe de que esta vez sí el gobierno va a pegar una, una solita aunque sea. Cualquier argumentación incómoda la remiten a la guerra económica. El gobierno no tiene culpa de nada, es un gobierno desdichado al que, pobrecito, no han dejado gobernar.

Los maduristas no quieren pensar porque pensar es de traidores, blandengues, apátridas y tarifados; si pensaran un poquito se darían cuenta de que están entre la espada y la pared: o la guerra económica la produce y alimenta las torpezas de Maduro, o Maduro es tan torpe que en esta supuesta guerra económica que le declararon solo a él no ha ganado una sola batalla, mientras que otros gobiernos que andan por el mismo rumbo y con mucho menos recursos (Ecuador, Bolivia, Nicaragua) lideran cifras de crecimiento económico y son ejemplos de estabilidad política.

Hoy el mundo ha sido recreado para el madurismo: no importa nada, alguien bien chévere y que no recuerdo muy bien cómo se llama ni quien es ha dicho sabias palabras: Maduro es más inteligente de lo que se le atribuye.

abogadosuceve@hotmail.com



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