A propósito de ser ciego

Mi carta desde la tumba

Finalmente el gobierno de Nicolás Maduro me ha llevado a la tumba. Logró sus viles propósitos sin que mis derechos y reclamos hayan podido cuando menos sensibilizar parte de su alma y de algunos de sus panegíricos. Desde esta tumba son miles y miles las historias que puedo corroborar en contra de los venezolanos quienes injustamente hemos fallecido sin que algunos, autollamados “socialistas” se inmuten por el dolor del pueblo.

Desde esta tumba, no sin antes ser humillado al ser colocado en una cuna de cartón, hecho que incluso fue negado por un general al frente del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS),  veo como el Derecho a la Vida que me fue arrebatado al momento de nacer en un hospital público y pasar a engrosar las cifras de mortalidad infantil, se confirma la destitución de una “ministra” saliendo por la puerta de atrás, quien dijo en la propia Organización de Naciones Unidas (ONU) que las fallas de medicamentos y materiales médico-quirúrgicos en los hospitales públicos de Venezuela se debían a fallas puntuales, cuando la verdad, es que otros niños, sobre todo quienes padecieron de cáncer,  murieron por falta de medicamentos.

Desde esta tumba veo el cinismo con el cual un llamado “jefe de la bancada de la patria”, se jacta en hablar que el madurismo beneficia a los pensionados y jubilados, cuando después de haber servido por 30 años como docente en las escuelas y liceos del país, fui enterrado sin recibir el pago de mis prestaciones sociales. Peor aún, me resulta ignominioso, saber el cómo muchos de esos pensionados, cuando deberían estar descansando en la edad dorada de su vida, llegan hasta la muerte buscando un mendrugo que permita calmar el hambre, en el medio de la basura ante la insuficiencia de sus ingresos para enfrentar la espantosa inflación que afecta al país.

Desde esta tumba me duele mucho, ver las acciones de policías y militares incursos en diabólicas masacres en contra de humildes y ciudadanos comunes, quienes sólo buscábamos ganarnos la vida honradamente en el medio de tantas dificultades, sin que hasta la fecha los autores intelectuales de tales barbaries se encuentren detenidos o cuando menos investigados, y más aún, ver que algunos de esos jefes políticos y de uniforme han sido ascendidos en sus funciones, a pesar de inicialmente haber negado semejantes hechos, o en su defecto, ordenar en el nombre de la “liberación de pueblo”,  el que haya corrido sangre inocente para justificar tropelías sobre quienes por diversas razones, tales “líderes” consideraron estorbos o enemigos.

Desde esta tumba observo el sufrimiento de mis padres, después de haber sido asesinado por resistirme al atraco de mi vehículo. Igual suerte veo en otras familias,  quienes perdieron a sus hijos, al ser víctimas de desalmados que asesinaron a esos jóvenes por quitarles una computadora, un celular o un par de zapatos. Desde esta tumba no concibo el dolor de mi vieja, quien llora desconsoladamente, día tras día, porque siendo policía y en cumplimiento de la ley, fui emboscado por una banda de delincuentes para quitarme el arma de reglamento.

Desde esta tumba no comprendo,  porque sí fui privado de libertad para cumplir una condena por un delito que cometí sobre la sociedad, debí pagarlo con mi vida porque nunca tuve dinero para pagar las extorsiones que imponía el pran de la cárcel en la cual fui recluido. Desde esta tumba, así como lo viví en esos espacios inhumanos,  también soy testigo la manera en que todos los pranes son mafias amparados por funcionarios inescrupulosos en toda la red “institucional” y “jurídica”, cuando imponen sus tentáculos de poder sobre las personas honestas y trabajadoras, so pena de ser objeto de robos, secuestros, y por supuesto, hasta de la muerte.

Desde esta tumba veo que Venezuela se desangra socialmente todos los días ante un Estado que ha perdido la lucha contra la corrupción, la delincuencia y el pranato. Desde esta tumba pareciera que lo evitable se ha vuelto inevitable ante un gobierno que se niega a aceptar que perdió el sentido de la gobernabilidad, y las decisiones asertivas para enfrentar con responsabilidad la quiebra moral y ética de Venezuela. Desde esta tumba pareciera inevitable lo que diariamente ocurre injustamente con miles de venezolanos al año,  por culpa de un gobierno para quien la vida humana no vale nada.

Desde esta tumba no serían suficientes las cartas para expresar la traición sobre quienes delegué la continuidad del proyecto bolivariano,  conforme con los derechos constitucionales que han sido vulnerados y pisoteados por una seudo-dirigencia política que sólo ha permitido con la muerte de inocentes ataviar de rojo los pueblos,  calles y avenidas del país.  A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.  



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Javier Antonio Vivas Santana

Lic. en Educación en las menciones de Ciencias Sociales y Lengua (UNA) Maestría en Educación mención Enseñanza del Castellano (UDO) Dr. en Educación (UPEL) Profesor de la Misión Sucre (2003 -2012)

 jvivassantana@gmail.com      @jvivassantana

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