Ciudadano Presidente del Banco Bicentenario, Rafaél Hernández, lea esto

La verdad es que tengo razones de peso para estar descontento con el servicio prestado por instituciones públicas del país como la CANTV, el Banco de Venezuela y el Banco Bicentenario. Algunas experiencias mías con tales instituciones han sido bastante frustrantes. Gestiones, esperas, papeleos, corre y corre de aquí para allá y viceversa; que venga la otra semana o el mes próximo, que llame a este teléfono, que no puedo hacer nada por aquí, que consigne los papeles de nuevo, que todavía no tenemos información de su caso, y así por el estilo son las respuestas recibidas de los “servidores públicos” en las oficinas institucionales donde he vivido tales experiencias. En el caso concreto de la CANTV, tuve que esperar diez meses del año 2014 para ver restituido el servicio de televisión satelital, averiado por fallas técnicas; el peloteo entre Caracas y Puerto Ordaz fue de película.

En el caso del Banco de Venezuela vi frustradas mis gestiones para obtener una tarjeta de crédito proporcionada por esta entidad bancaria pues luego de aprobada la misma ésta nunca llegó a mis manos, aquí donde vivo, en Ciudad Guayana: se extravió en el camino entre las oficinas del banco y las oficinas de Domesa, razón por la cual tengo ahora bloqueada la tramitación de otro plástico en la misma entidad pues en el sistema informático del banco aparezco como beneficiario activo de tal instrumento.

En los actuales dias que corren del mes de agosto estoy sufriendo otra ingrata experiencia, esta vez con el Banco Bicentenario. Más de cien días han pasado desde que consigné el mes de abril anterior la documentación requerida para obtener una tarjeta de crédito en esta institución, luego de verme obligado a su solicitud por la decisión del gobierno nacional de concentrar en la banca pública la tramitación de los dolares para viajar al extranjero. Y las respuestas de los “servidores” del Bicentenario cada vez que acudo a las oficinas del banco ubicadas en el Paseo Caroní, Unare I, Puerto Ordaz, en busca de información, son del tenor siguiente: que espere otro mes, que no saben nada, que eso escapa de sus manos, que consigne otra vez los documentos y solicite otro plástico, que no hay materiales, que son muchas solicitudes las que se están procesando, que debo tener paciencia, etc.

Mientras tanto, los días pasan y se acerca noviembre, mes en el cual debo hacer uso del boleto en la Aerolínea Conviasa, con destino Buenos Aires, adquirido en octubre del año pasado. De no conseguir ahora mismo dicha tarjeta perderé la oportunidad de conocer la capital de Argentina y de realizar mi primer viaje fuera de nuestras fronteras, cumplidos ya sesenta y dos años de edad. Presionado por la circunstancia descrita aquí recurro a este procedimiento, una carta pública dirigida al ciudadano James Rafael Hernández, Presidente del Banco Bicentenario, para que por su intermedio se proceda efectivamente a otorgarme la tarjeta de crédito solicitada por mí persona en esa entidad bancaria hace ya más de tres meses. Cien días son más que suficientes para darle finiquito a una solitud como esta. Nada justifica tanta tardanza.



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Sigfrido Lanz Delgado


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