Tareck El Aissami, póngale ojo a sus policías

En días pasados tuve que transitar el trayecto aragüeño de la Autopista Regional del Centro en un viaje de mayor alcance, y en plena aventura, en medio del vertiginoso tránsito del medio día, fui sorprendido por la persecución de una camioneta de patrulla de la Policía del Estado Aragua que me hacía señas para detenerme.

                ¡Claro que desde el principio me sorprendió! Ser detenido conduciendo un vehículo normal  y en cumplimiento de las normas generales, entre camioneros que evidentemente “empujan” al de adelante para que se quite, jóvenes  que tejen su ruta entre el hombrillo y el canal rápido a altísimas velocidades, apestantes busetas con gente colgando en sus puertas y mil otras “irregularidades” que bien podrían llamar la atención de las “autoridades”, claro que me sorprende ser yo el detenido.

                Pero lo más “grato” de la sorpresa fue, ser abordado por dos jóvenes muchachas de aspecto simpático, a quienes hasta le caía con soltura el atado uniforme oficial y un carricito tal vez menor que el mayor de mis nietos, luciendo con soltura su muy nuevo uniforme y entre sonrisas de “a ver qué has hecho” fueron repasando la lista de documentos obligantes o no, escudriñando fechas y autenticidad de los sellos, dando vueltas a mi vehículo con detenimiento por todos lados hasta que ¡¡¡aleñuya!!! En aquel entorno ruidoso de conductores apurados y atropellantes, camioneros comiéndose a los estorbosos, busetas apestantes y un calor espantoso descubrieron: un golpe de piedra de no más de siete milímetros en el parabrisas y un retraso de una semana en la renovación del SRC. ¡Ya está! Lo que aconteció posteriormente es típico; parecían haber tomado un curso intensivo en la vía de Nirgua donde no solo medran los policías malandros sino que hacen malandradas y tienen aspecto de malandros; extorsionadores que se guarecen en grupo, a la sombra de un buen árbol cual jugadores de dominó y ponen a un par de guardia que va parando a los más pendejos para “repartírselos”. Al menos esa ha sido mi experiencia hasta hace poco.

                Tristeza y no otro sentimiento fue lo que invadió mí ser. Dos jóvenes y agradables muchachas, un carricito recién envestido y los tres son vigilantes del “Orden Público” en un estado gobernado por uno de los dirigentes de Nuestra Revolución Bolivariana, de quien reconocemos la mayor claridad revolucionaria y la más profunda honestidad: usted Camarada Tareck.

                Debo añadir, aunque no quisiera prolongar la “lata”, que estando en pleno proceso de “sugerencias” de “ayúdame que yo te ayudo” y “tenemos que retener el vehículo”, ¡¡¡tenemos que detenerlo!!!! (usted sabe que tenemos a Dios agarrado por la chiva)… ¡¡¡Es nuestro deber!!!... ¿cómo hacemos?... ¿cómo nos ayudamos??? … hubo a pocos metros, en el mismo hombrillo, otra detención por parte de otra patrulla de idénticas características que me hizo pensar que se trata de una práctica compartida por un grupito de policías que han tomado la zona entre Tapatapa y La Morita como coto de cacería.

                Lo que me pregunto es: cómo hacer para que esos jóvenes “futuros” de nuestra seguridad pública pueda convencerse de que antes de hacerse de “cuatro lochas mal habidas” a orillas de la autopista, más importante es llegar a sus casas con la conciencia limpia, besar a sus seres queridos con besos puros y no dejarles en el rostro, restos de baba de mendigos; más importante es decirle a sus madres que sí, que es peligroso ser policía pero que es un sitial de HONOR para quien cumple SU DEBER… más importante es, de tener que enfrentar alguna vez al hampa, saber que es un antisocial y no un “igual” a quien nos enfrentamos… más importante es sumarse en el esfuerzo de enderezar lo torcido, para procurar un país más vivible para sus hijos y sus nietos que torcerlo más, llevando sobre sus hombros, para toda su vida, el peso de haberse burlado de sí mismos.

                Amigo Tareck El Aissami; ojalá lea estas líneas y se las dé a leer a esos muchachos que se van integrando a una fuerza que tiene “de todo”… Si se ocupan de los malos conductores que andan a diario poniendo en peligro vidas, de angustiados choferes que hacen del tráfico un pandemónium e irresponsables egocéntricos que son incapaces de reconocer la conducción como una acción de Sentido Común, se podrán sentir orgullosos de su trabajo y se harían merecedores de cargos de mayor responsabilidad, pero si toman el atajo de las cuatro lochas más no solo no se harán millonarios sino que serán siempre descartados y pasarán una vida de hastío en su mediocridad.



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José Claudio Laya Mimó

Profesor Universitario

 joseclaudiolaya@hotmail.com

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