En momentos en que las circunstancias internacionales parecen dictar la agenda de debates superficiales y desorientados, la reciente visita del general Francis L. Donovan, jefe del United States Southern Command (Comando Sur), a la República Bolivariana de Venezuela no puede ser interpretada ni trivializada desde una óptica superficial o acrítica. Este encuentro con la presidenta encargada Delcy Rodríguez, el ministro del Poder Popular para la Defensa, Vladimir Padrino López y el ministro del Poder Popular para Interior, Justicia y Paz, Diosdado Cabello, representa un ejercicio estratégico de diplomacia revolucionaria frente al imperialismo.
La defensa del proyecto Bolivariano legado por el comandante eterno Hugo Chávez, nos recuerda que la diplomacia nunca ha sido sinónimo de rendición ni de sometimiento, sino una herramienta consciente para resguardar los intereses del pueblo, fortalecer la soberanía y promover soluciones que beneficien a nuestra patria y a la región en su conjunto. Chávez, en su visión profunda de la emancipación, demostró que dialogar con el adversario no significa renunciar a los principios revolucionarios, sino convertir cada espacio de encuentro en una oportunidad para reivindicar la dignidad de nuestra América. Así como en su momento obsequió al presidente Barack Obama el libro de Eduardo Galeano, símbolo de soberanía, memoria histórica y paz entre naciones, hoy la diplomacia se pone al servicio de la estabilidad estratégica de Venezuela.
El propósito declarado de la reunión, diseñar una agenda de cooperación bilateral para enfrentar el tráfico ilícito de sustancias, el terrorismo y las complejidades de la migración en nuestra región, es una muestra clara de cómo el Gobierno Bolivariano privilegia los mecanismos pacíficos y racionales para abordar problemas de seguridad que trascienden fronteras y que afectan directamente a los pueblos. Fue precisamente a través de la diplomacia que ambas partes ratificaron que el camino para resolver las divergencias en materia de planes contra el narcotráfico y la migracion se debe trabajar por el bien común mediante el diálogo, no la confrontación armada ni las imposiciones desde el exterior, así como se ha realizado con los gobiernos de la Antillas, demás naciones de América latina e incluso con el gobierno de Francia donde se han logrado innumerables incautaciones de narcóticos.
Este enfoque no es improductivo ni incompatible con una postura revolucionaria y anti-imperialista. Todo lo contrario: es una reafirmación de que la República Bolivariana de Venezuela no rehúye responsabilidades regionales, y que está dispuesta a construir soluciones compartidas cuando éstas respeten la soberanía y la autodeterminación de los pueblos. ¿De qué serviría la defensa de la patria si no se afrontan de manera conjunta problemas que no conocen fronteras, como el narcotráfico, que fortalece estructuras criminales que erosionan la seguridad de nuestros barrios y campos?
Un aspecto crucial que no puede soslayarse en esta valoración es el tema de la persecución política de nuestros líderes. En ningún sentido esta visita ni la cooperación planteada minimizan o excluyen los objetivos fundamentales de liberar al presidente Nicolás Maduro y a la primera combatiente Cilia Flores, víctimas de un injusto y vil episodio de secuestro por parte de intereses imperiales. Jamás se justificará una agenda de cooperación con la potencia opresora que mantiene sometidas a figuras emblemáticas de nuestra Revolución; pero tampoco podemos cerrar puertas al diálogo cuando este puede servir para proteger vidas, garantizar estabilidad, generar diplomacia para liberar al presidente Maduro y su esposa Cilia; y de la misma manera, visibilizar ante el mundo la injusticia cometida contra ellos y contra todos los luchadores populares. Cerrar puertas de diálogo con EEUU es también abandonar grandes posibilidades de rescatar al presidente Nicolás Maduro y Cilia Flores por la vía diplomática.
Resulta interesante de destacar que esta visita fue abordada con altura política por las autoridades venezolanas, conscientes de que la diplomacia puede ser una plataforma para defender intereses nacionales vitales sin ceder terreno ideológico ni estratégico. El encuentro fue, en ese sentido, una lección de dignidad: se conversa con quien sea necesario, pero siempre con la mira puesta en la soberanía, la justicia y la unidad latinoamericana.
En suma, lejos de constituir una sumisión ante Washington, la visita del jefe del Comando Sur a Caracas fue un ejercicio de diplomacia calculada por parte del liderazgo bolivariano para enfrentar desafíos comunes sin renunciar a los valores soberanos que nos legó Chávez. Esta acción es un testimonio de que el proyecto Bolivariano, firme, patriótico, revolucionario, sabe cuándo usar la palabra, cuándo levantar la voz y cuándo hacer de la diplomacia una herramienta de resistencia, dignidad y victoria para el pueblo venezolano y todos los pueblos libres de Nuestra América.