El Rodrigazo del 3/1 como el corolario Trump

Venezuela como laboratorio de cambios de régimen imperiales (II)

Domingo, 15/02/2026 06:06 AM

En el anterior texto tocamos cambios de régimen como la victoria sobre los imperios coloniales, Venezuela como la última nación en abolir la esclavitud entre las naciones liberadas, y la nación de prueba para imponer el corolario de Roosevelt, con el que EE. EE. UU. sometió a las Américas a sus designios a principios de 1900. Con el colapso del puntofijismo llegamos luego a la era participativa chavista y los intentos de EE. EE. UU. por imponerle otro cambio de régimen. Para sobrevivir a los embates imperiales, la revolución adoptó una dirección colegiada, aunque centrada en las figuras de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello.

Ante el fracaso de las guarimbas del 2017, EE. UU. intentó obstruir la paz social alcanzada para la Asamblea Nacional Constituyente mediante el ferreo ataque a la moneda venezolana y el recrudecimiento de la guerra económica. La escasez y la inflación inducidas por el ataque a la moneda finalmente llevaron a la pérdida del poder adquisitivo de los salarios. En ese contexto, en el 2018 Venezuela convoca a elección presidencial. Maduro se lanza como candidato único y la derecha boicotea por completo la elección para generar una crisis de representación política.

La oposición responde a la victoria de Maduro con el Guaidonazo, mediante el cual Juan Guaidó, en representación de la ultraderecha venezolana, se autoproclama presidente interino, apoyado por Trump. Con esta triquiñuela parlamentaria la derecha, también colegiada, se apropia de los recursos de liquidez republicanos en bancos internacionales y de las infraestructuras de distribución de la producción petrolera de la república en EE. UU.

Maduro capea la situación en medio de la pandemia de covid, pero, para conservar la gobernabilidad, se ve obligado a abortar la constituyente y buscar un mecanismo con el cual burlar el bloqueo para garantizar ingresos al país. La Asamblea Nacional Constituyente finaliza sus sesiones sancionando la Ley antibloqueo del 2020. Esta Ley fue un duro golpe al intento de Trump de derrocar a Maduro, pero, paradójicamente, también puso en paréntesis todas las conquistas del pueblo inscritas en la CRBV.

Dentro del marco borroso de la nueva Ley antibloqueo, se empieza a fraguar el cambio de régimen actual. Por un lado, el gobierno prescinde de sus aliados históricos a partir de la elección de la Asamblea Nacional de 2020, tras el secuestro de las tarjetas electorales de distintos partidos de izquierda. Luego, su dirección colegiada pasó a manos de la autodenominada "burguesía revolucionaria", un grupo selecto de familias del núcleo de la dirección colectiva de la revolución, afincadas en los ministerios más operativos. Con una alta dosis de nepotismo político, este núcleo de la burguesía revolucionaria impulsó la producción agrícola y la economía minera en colaboración con los altos mandos militares. A consecuencia de su nepotismo, dentro de este núcleo se destapa el robo masivo de los bienes de la república por parte del entorno político de Tarek El Aisami al inicio de 2024. En lo que podría denominarse "el Aisamazo", este grupo desvió alrededor de 23.000 millones de dólares provenientes de las ventas de petróleo para sus propias cuentas.

A la sombra de la descomposición generada por la Ley antibloqueo de la burguesía revolucionaria, llegamos a las accidentadas elecciones presidenciales del 2024. El clan de la burguesía revolucionaria entonces optó por aferrarse al poder de las nuevas economías clandestinas de los criptoactivos, así como a las exportaciones clandestinas de petróleo, oro y minerales. Esta debacle de irregularidades se convirtió en la excusa perfecta para que Trump sitiara a Venezuela, alegando combatir el narcotráfico en el mar Caribe. La presión desembocó finalmente en el bombardeo a Caracas y en el secuestro de Maduro el 3/1. El liderazgo colectivo iniciado durante la era de Maduro pasó, desde entonces, a estar dirigido por los hermanos Rodríguez, lo que podría denominarse "el Rodrigazo".

¿En qué consiste, entonces, el Rodrigazo como cambio de régimen a partir del 3/1 de 2026? Pues que en esta fecha se lanza una estrategia coordinada con EE. UU. para naturalizar la trama jurídica que la burguesía revolucionaria había venido cocinando durante años con la Ley antibloqueo.

El 3/1 puede haber sido el golpe de gracia al chavismo original, a los pata en tierra, a las bases morenas como camino alternativo al neoliberalismo blanco imperial. En un mundo de creciente respuesta ante el colapso climático, y asqueado del carácter genocida, pedófilo y caníbal de la élite trumpista, el gobierno rodriguista en Venezuela, en lugar de resistir y enfrentar al régimen de Trump, decide insólitamente pactar con este.

En este ensanchamiento consiste el cambio de régimen actual. Con un recién estrenado ejército de influencers en redes sociales, la burguesía revolucionaria trata de venderse como garante de la gobernanza tras el ataque y el secuestro de Maduro. El duelo nacional lo ha convertido en su mayor victoria política mediante la manipulación masiva de las conciencias. Su mensaje masivo a las masas es aguantar y adaptarse a las nuevas leyes aprobadas, supuestamente bajo la presión de un bombardeo imperial. Y esta gestión del duelo ha funcionado hasta el momento.

Es difícil especular sobre si Chávez aceptaría tan facilmente algun tipo de pacto con la podredumbre milenaria que encarna el trumpismo, o si los mandaria al carajo. La realidad política es como es, y vale más salvar millones de vidas de pobres inocentes de una conflagración genocida como la de Gaza, la de Vietnam o la de Irak. Es comprensible, tácticamente, aceptar esta derrota mientras pasa algo en EEUU.

La Ley de paz, aunque se sesiona bajo la amenaza de bombardeo, ofrece una posibilidad de oro para reordenar el clima político del país. Puede ofrecer un respiro y fomentar un consenso en un país donde la dignidad pase de ser una arenga visceral a una realidad materializada en bienestar social medible y sostenido. Incluyendo amnistía contra el arresto de los territorios y las comunidades indígenas acosadas por la fiebre petrolera y minera que ha estado recorriendo el país durante toda la era chavista.

Cuando el estado de corrupción generado por la burguesía revolucionaria es tan generalizado que se ha naturalizado como la forma normal de hacer política, podemos decir que han logrado establecer una hegemonía de poder. Ha impuesto su propio cambio de régimen. Es lo que Derrida, en su ensayo "Canallas", tipifica como cuando en un recinto se reúnen solo canallas; nadie es capaz de gritarle canalla a nadie. Lo mismo ha mostrado Hannah Arendt en su análisis de la burocracia nazista cómplice del Holocausto "por seguir órdenes superiores", lo que denomina la banalidad del mal.

Estamos presenciando algo similar con la defensa colectiva de las negociaciones con Trump. Es como el síndrome de Estocolmo: mientras el mundo anda alarmado y asqueado por las acciones y las denuncias sobre violaciones, pedofilia sistemática y canibalismo de las principales figuras del régimen trumpista, la "burguesía revolucionaria" y los venezolanos, virtualmente sitiados por la armada estadounidense, se identifican con el violador trumpista. "¡Sí, estamos secuestradxs, pero no nos queda otra opción y, además, nos la llevamos bien!!".

Analistas de izquierdas como Atilio Boron, Ramón Grosfoguel, La Base, Carlos Monedero, Ignacio Ramonet, Diego Ruzzarin y el equipo de Telesur siguen sosteniendo que el gobierno rodriguista está ‘ganando tiempo’ con las reformas trumpistas. El carácter entreguista de las reformas agenciadas por la burguesía revolucionaria muestra que su agenda adelanta tantos cambios como sea posible antes de someterse a la obligatoria elección presidencial. La vicepresidenta Rodríguez puede ejercer como presidenta encargada durante 90 días a partir del 5 de enero, antes de tener que convocar elecciones presidenciales. Las negociaciones con Trump no dan luces de si Maduro esta vivo, por mas anecdotas que cuente nicolasito, o de si será liberado antes de los 90 dias estipulados. Mientras tanto, vemos que la agenda rodriguista avanza a un paso infernal, adoptando reformas que violan la Constitución vigente, aunque con la anuencia colectiva de los demás poderes de la república, todos ellos violando la CRBV, como la metáfora de Derrida mencionada anteriormente.

Dentro del nuevo cambio de régimen colegiado, la soberanía petrolera ha sido extinguida y, con ella, también la diplomacia petrolera. Las implicaciones para la supervivencia de Cuba y de las demás naciones isleñas atadas a los suministros de Petrocaribe son devastadoras. Al momento de escribir estas notas, Cuba enfrenta una emergencia energética y un carguero con petróleo venezolano se dirigía en su lugar a Israel. Mientras esto sucede, Delcy Rodríguez estuvo dos días con el secretario de asuntos de energía de Trump, Christopher Wright, oficializando la nueva alianza energética entre las petroleras de EE. EE. UU. y de Venezuela. Wright es un experto en fracking y negacionista del cambio climático. De ahí que Venezuela, con la política ecológica más incipiente del continente, no tenga freno alguno para ayudar a profundizar la catástrofe climática que virtualmente amenaza con ahogar un numeroso número de naciones e islas, afectando inclusive profundamente a Cuba.

Es obvio que a la burguesía revolucionaria y a los Rodríguez les está en contra el tiempo, así como el descontento que crece desde la base chavista. Sin salarios, sin misiones y sin comunas, y con la dignidad profundamente maltrecha, empieza a moverse contra el desmonte de su proyecto estratégico. La Ley de convivencia pacífica juega aquí el papel de amortiguador del descontento, canalizando hacia la reconciliación nacional el cansancio de soportar 20 años de bloqueo y, ahora, hasta una alianza estratégica entre la oligarquía boliburguesa y la élite petrolera estadounidense.

Solo el tiempo nos mostrará si esta novedosa alianza de élites será el molde para el continente entero: secuestrar a un presidente con la participación colectiva de todo el entorno nepotista que sostenía su corrupción, para transitar bajo la amenaza de un bombardeo masivo hacia un país virtualmente sin izquierda, pero con dos burguesías: una roja y "revolucionaria", y la otra azul y bien mantuana de los ‘amos del valle’. Cambio de régimen.

juanfervelasquez63@gmail.com

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