Venezuela como laboratorio de cambios de régimen imperiales -parte I

Viernes, 13/02/2026 11:32 AM

 

Venezuela siempre ha desempeñado un papel estelar en los cambios de régimen en el continente. La nación siempre ha salido tanto airosa como derrotada de guerras y conflictos con los imperialismos norte-atlánticos en los últimos 200 años. Para entender el cambio de régimen que se está implantando en Venezuela a partir del 3/1, urge recapitular la centenaria historia de los cambios de régimen en el país.

Como es de todos sabido, Simón Bolívar adelantó desde Venezuela la liberación de las naciones andinas. Con la unión a la independencia de las naciones centroamericanas, oficializada en el Congreso Anfictiónico de Panamá de 1826, Bolívar proponía cruzar el Atlántico en alianza insular con México para liberar primero a Cuba y a Borinquen (Puerto Rico). Con este control del Caribe, su idea era luego proseguir con la liberación de los pueblos europeos de sus monarquías coloniales. Desde entonces, se había sembrado la doctrina bolivariana antiimperialista. La Unión Americana (hoy EE. UU.), que había participado como observador en el Congreso de Panamá, lanzó su doctrina Monroe dos años más tarde, en 1828. Aunque esta doctrina se mantenía en el esclavismo y el supremacismo blanco también proponía mantener a los imperios europeos fuera del continente, y sostenía que las Américas fueran para los americanos, en el sentido estrictamente geográfico de la palabra.

La doctrina bolivariana fue el gran cambio de régimen en el continente. Esta nació de un pacto para continuar la revolución haitiana de 1803, que propugnaba repúblicas libres del esclavismo y del supremacismo blanco en el continente. Pero su objetivo antirracista fue traicionado de forma virtual. La esclavitud en Venezuela no fue abolida hasta 1854. Es decir, más de 30 años después de que en México y Centroamérica, donde habían abolido la esclavitud desde las declaraciones de independencia, alrededor de 1821. Venezuela fue además la última nación en abolir la esclavitud entre las naciones andinas, quienes lo hicieron entre 1851 y 1852. Al alcanzar su independencia, Venezuela también abandonó, con su retraso antiesclavista, la revolución haitiana con la que había pactado inicialmente y que siguió cercada y estrangulada por Francia, la Unión Americana y Canadá durante el resto del siglo. Estrenando su independencia, las ‘revoluciones’ antimperialistas del resto de las Américas han seguido guiadas por el racismo antiindígena y anti-africano hasta hoy. La traición del racismo constituyó, en sí, un cambio de régimen al promulgado durante la campaña independentista.

La traición racista vino de los generales y los próceres que no soportaban la idea de permitir que la población afro y de los pueblos originarios fuera emancipada y en igualdad con los blancos. En todos los países, la esclavitud mutó en la discriminación y la explotación raciales que aún perviven estructuralmente en el continente. Haití, la madre de las revoluciones, todavía sigue abandonada, así como el ideal de su liberación: que los blancos nunca más vuelvan al poder, la libertad de cultos en lugar del monopolio cristiano de la religiosidad y que todos los ciudadanos sean vistos como negros, en lugar de insistir en divisiones en las que los blancos se mantienen en la cúspide de la pirámide social. Estos simples ideales fueron suplantados por los de la revolución francesa, que también, hasta hoy, siguen siendo letra muerta para quienes no pertenecen a las élites blancas del continente.

El tercer gran cambio de régimen en Venezuela tuvo lugar alrededor de 1900. Las nuevas naciones al sur del rio Bravo en lugar de consolidarse en una patria grande finalmente se habían fraccionado en decenas de repúblicas bananeras, dependientes financieramente de la banca europea, y expuestas a las aventuras coloniales de EEUU. A finales de 1800 se descubre el asfalto venezolano como un aditivo revolucionario para pavimentar las polvorientas ciudades norteamericanas. La concesión de su extracción desencadenó la guerra del asfalto, que durante la presidencia de Cipriano Castro llevó al país a la quiebra financiera. Las compañías alemanas, británicas e italianas, así como un amplio número de países europeos productores de maquinaria y tecnologías, se unieron para exigir el pago de las deudas contraídas con Venezuela. Castro se opuso a pagarles por haber colaborado con el ejército financiado por el banquero Manuel Antonio Matos, entonces el hombre más rico de Venezuela, y por los empresarios estadounidenses de The New York Brothers, quienes habían financiado para derrocar su gobierno. La alianza entre oligarcas de ambos países era, en sí, novedosa, al igual que la guerra que adelantaron en favor de sus intereses corporativos.

Cuando Venezuela se negó a pagarles, las compañías europeas se dirigieron a sus gobiernos para recaudar las deudas. Así, las armadas de Alemania, Inglaterra e Italia iniciaron un bloqueo naval contra Venezuela el 9 de diciembre de 1902. Los acorazados imperiales bombardearon las defensas costeras apostadas en el castillo Libertador y en El Fortín Solano, y luego desembarcaron para tomar el control de esas instalaciones. Pero en tierra no pudieron doblegar la férrea resistencia de las tropas venezolanas. La situación obligó al gobierno de Cipriano Castro a aceptar un arbitraje en Washington. Pero, ingenuamente, Castro puso al embajador de EE.UU. en Venezuela, Herbert Bowen, como abogado del gobierno. ¿Qué podría salir mal? Pues que al final Venezuela tuvo que comprometer el 30 % de sus ingresos aduaneros por varias décadas para pagar las reclamaciones de las potencias europeas y a otros países como en los mismos EEUU, México, Bélgica, Francia, los Países Bajos, Noruega y Suecia.

Con el miedo a desencadenar "Otra Venezuela", en las negociaciones de Washington, el canciller argentino Luis María Drago formuló la doctrina Drago contra el uso de la fuerza para cobrar deudas en las Américas. Esta nueva fórmula se denomina el corolario de Roosevelt, de 1903, que fijó que EEUU. desde entonces sería el cobrador de las deudas de las potencias económicas europeas en las Américas. En su nuevo papel de cobrador de EEUU, con una armada aún más poderosa que antes, empezó a tomar el control de las Américas. Después llegarían las dos grandes guerras, que debilitarían aún más a las potencias europeas. En la última gran guerra (II Guerra Mundial), particularmente, ya Venezuela, entonces, con su petróleo en manos gringas, hizo parte de los recursos estratégicos estadounidenses para contribuir a la victoria de los aliados contra las potencias del Eje del mal del fascismo y el nazismo.

La gran mayoría de analistas hablan de la doctrina Monroe en términos bastante escuetos bajo la metáfora "Latinoamérica como patio trasero de EEUU". Pero esta doctrina, como la doctrina bolivariana, emergió para resguardarse de una eventual retoma territorial por parte de las potencias europeas. Con el corolario Roosevelt Venezuela fue el laboratorio de prueba de un cambio de régimen para la resolución de conflictos entre las naciones del continente y las potencias europeas. Este cambio de régimen puso a EEUU en camino a convertirse en la potencia militar y comercial que reemplazaría la centenaria hegemonía global de los imperios europeos. Por eso podemos decir que EE. UU. nunca hubiera podido llegar a este sitio sin primero haber podido remontar la hegemonía bolivariana y luego subordinar a todo el continente con la derrota militar infligida por los imperios europeos y las marullas de EE. UU. a Venezuela durante el gobierno de Cipriano Castro.

En la próxima entrega analizaré cómo la actual alianza entre el gobierno rodriguista y Trump constituye un novedoso cambio de régimen continental, que, anunciado en el Super Bowl y con la visita de Petro a Washington, empieza a materializar la consigna "Make the Americas Great Again", uniendo todas las oligarquías continentales contra las oligarquías de otros continentes.

*Apartes del texto se sostienen en fuentes presentadas en el articulo "The Fear for another revolution/colonialism: The evolution of the moroe doctrine as an instrument of racist domination and hegemony in the Caribbean. Publicada en la antología Beyond Free Market. https://www.taylorfrancis.com/chapters/edit/10.4324/9781003093022-12/fear-another-revolution-colonialism-juan-vel%C3%A1squez-atehort%C3%BAa

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