Estados Unidos y su nueva fase de colonialismo global: Un análisis desde América Latina

Viernes, 13/02/2026 05:16 AM

Vivimos tiempos convulsos en la política mundial. Frente a un escenario global fragmentado, Estados Unidos — la potencia occidental que más se erige a sí misma como guardián del "orden internacional"— ha entrado en una etapa de expansión que recuerda —con métodos distintos, pero con objetivos similares — a los viejos modelos colonialistas del siglo XIX y XX. Esta comparación no es casual: el espíritu de dominio global que caracterizó al Imperio británico parece resurgir bajo nuevas banderas, bajo la retórica de la "democracia" y la "seguridad nacional", y con tácticas modernas que mezclan intervención militar directa con control económico y geopolítico.

Colonialismo británico vs. expansión estadounidense

Para comprender el fenómeno actual es necesario retornar a la tradición histórica del imperialismo europeo. El colonialismo británico durante los siglos XIX y XX se basó en la conquista territorial directa, la explotación económica de recursos naturales y la sujeción política de pueblos enteros. Reino Unido controlaba vastos territorios de África, Asia y Oceanía, implantando sistemas de administración colonial que generaron siglos de injusticias y legados traídos hasta hoy.

Estados Unidos, por su parte, surgió como una potencia tras expulsar a los colonizadores europeos de su propio territorio. Sin embargo, desde el siglo XIX su política exterior comenzó a adoptar rasgos expansionistas. La Doctrina Monroe de 1823, proclamada para rechazar la expansión europea en América, terminó siendo reinterpretada como un "derecho" estadounidense para intervenir en el continente. Este discurso evolucionó en una justificación de dominio regional —como ocurrió en la crisis venezolana de 1895, donde Washington se involucró en un conflicto fronterizo entre Venezuela y Reino Unido bajo la justificación de la doctrina, sentando las bases del intervencionismo norteamericano.

El colonialismo europeo era explícito y directo; el estadounidense contemporáneo combina formas modernas de dominación, que van desde sanciones económicas, presiones diplomáticas, hasta intervenciones militares encubiertas o directas. El colonialismo ya no siempre se expresa en la anexión formal de territorios, sino en un control económico, financiero y político que subordina la soberanía de los pueblos a los intereses estadounidenses.

América Latina: una larga historia de intervenciones

América Latina ha sufrido de manera recurrente las intervenciones de Washington. Desde Cuba hasta Nicaragua, desde Guatemala hasta Chile, la historia moderna del continente está marcada por golpes de Estado, invasiones, ocupaciones militares, operaciones encubiertas y apoyo a dictaduras.

Ejemplos de esta historia son múltiples:

  • La invasión de Bahía de Cochinos en Cuba en 1961, apoyada por la CIA para derrocar al gobierno revolucionario de Fidel Castro.

  • El respaldo estadounidense a golpes de Estado en Chile, Guatemala o la participación radical en la Operación Cóndor, durante la Guerra Fría, que coordinó represiones, apoyo a dictaduras y violaciones sistemáticas de derechos humanos.

  • Las ocupaciones militares de Honduras, Nicaragua o República Dominicana durante el siglo XX; o la invasión de Panamá en 1989, cuando Washington expulsó al general Manuel Noriega para imponer su propia narrativa política.

Todos estos episodios tienen un punto en común: justificaciones de seguridad o estabilidad que encubren intereses económicos y geopolíticos. El objetivo siempre fue la subordinación del continente a los cuadros de influencia estadounidense, sin respetar la autodeterminación de nuestros pueblos.

La operación en Venezuela: un quiebre histórico

En enero de 2026, Estados Unidos ejecutó una operación militar en Venezuela que terminó con la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa, trasladándolos a territorio estadounidense para enfrentar cargos.

Este hecho, sin precedentes en la historia moderna del continente, fue respaldado por sectores minoritarios en la comunidad internacional y fuertemente criticado por otros gobiernos de la región, incluyendo Brasil y México, que denunciaron la violación de la soberanía nacional y el peligro de un precedente global. La justificación oficial — lucha contra el narcotráfico y defensa de la seguridad nacional estadounidense — fue utilizada como argumento para legitimar lo que en esencia fue una intervención militar en el corazón de América. Especialistas en derecho internacional han subrayado que no hubo mandato del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ni una legítima amenaza que justificara esta acción bajo la carta de la ONU. Además de la captura de Maduro, Washington ha buscado controlar la riqueza petrolera venezolana mediante restricciones, acuerdos y planes para canalizar las ganancias del sector energético a través de mecanismos centralizados que beneficien intereses norteamericanos.

La operación en Venezuela se ha presentado como una nueva forma de ocupación indirecta, donde el control de los recursos se convierte en el eje del nuevo colonialismo del siglo XXI.

Los métodos de dominación son distintos, pero los fines son los mismos

A diferencia del colonialismo británico, que se apoyaba en la ocupación directa, la expansión estadounidense contemporánea utiliza mecanismos más sofisticados: sanciones económicas, presión financiera, imposiciones de regímenes afines, control de recursos estratégicos y operaciones militares bajo pretextos legales que buscan legitimarse ante la comunidad internacional.

La política estadounidense actual combina varios elementos:

1. Dominio económico y financiero — sanciones, bloqueos y control de recursos estratégicos, como el petróleo en Venezuela o presión económica sobre Cuba mediante nuevas sanciones energéticas.

2. Control político indirecto — apoyar o debilitar gobiernos según su alineación con los intereses estadounidenses, sin necesidad de anexión territorial formal.

3. Intervenciones militarizadas actuales — operaciones de fuerzas especiales y apoyo militar bajo la bandera de la lucha contra el crimen transnacional o el terrorismo, como el despliegue de tropas en Nigeria para "cooperación contra amenazas terroristas".

Este último punto muestra que la expansión estadounidense ya no se limita al continente americano, sino que se extiende a África y otras regiones bajo justificaciones globales. Sin embargo, aunque el caso nigeriano responde públicamente a cooperación contra terroristas, la implicación permanente de fuerzas estadounidenses reforzaría un patrón geopolítico donde EE.UU. se posiciona como "policía global", desplazando los debates de soberanía nacional y generando dependencia militar en gobiernos que buscan respaldo frente a desafíos internos.

Groenlandia: la nueva frontera de la expansión estadounidense

Un capítulo aparte se escribe con respecto a Groenlandia, territorio autónomo bajo soberanía danesa. El presidente estadounidense Donald Trump ha expresado repetidas veces su interés en adquirir o incluso controlar Groenlandia, bajo argumentos de seguridad nacional frente a la supuesta amenaza de Rusia y China.

La reactivación de este ambicioso objetivo ha generado tensiones diplomáticas con Dinamarca, que ha rechazado explícitamente cualquier intento de venta o invasión de su territorio. Aunque la presencia de bases estadounidenses en Groenlandia data de la Segunda Guerra Mundial, como la Pituffik Space Base y otras instalaciones estratégicas que monitorean el Ártico, el discurso del gobierno estadounidense sobre Groenlandia ha pasado de cooperación militar a propuestas directas de anexión o adquisición, una idea que recuerda las etapas más agresivas del colonialismo europeo. Esta hipótesis de expansión territorial es un ejemplo claro de cómo Washington busca reconfigurar su presencia global, utilizando tanto instrumentos militares como presiones económicas (como aranceles) para tratar de subordinar territorios estratégicos sin importar su soberanía.

Resistencia en Venezuela, Cuba y México

La respuesta de los pueblos y gobiernos latinoamericanos frente a estas tendencias imperialistas no ha sido homogénea, pero sí firme en muchos casos. Venezuela, Cuba y México han manifestado su rechazo categórico a las intervenciones unilaterales.

Venezuela, tras el golpe estadounidense, ha llamado a la defensa de su soberanía y a la unidad regional frente al intervencionismo. Ha denunciado internacionalmente la violación de su integridad territorial y ha llamado a la solidaridad de los países del Sur.

Cuba, históricamente objetivo del intervencionismo estadounidense desde la Revolución de 1959, enfrenta ahora nuevas presiones económicas. La reciente estrategia estadounidense de imponer sanciones sobre países que proveen petróleo a la isla se ha traducido en un recrudecimiento de la crisis energética en La Habana, generando dudas sobre si estas medidas buscan frenar la colaboración con Venezuela o debilitar aún más al gobierno cubano.

México, por su parte, ha sido claro en rechazar el uso de la fuerza en Venezuela y ha reafirmado la importancia de una solución pacífica que respete el Derecho Internacional. Su posición representa un llamado a la autodeterminación de los pueblos latinoamericanos y a la defensa del principio de no intervención, pilares esenciales para la soberanía regional.

Consecuencias negativas del expansionismo estadounidense

Las implicaciones de esta política expansionista son profundas para América Latina:

1. Pérdida de soberanía: Los pueblos latinoamericanos pueden verse forzados a subordinar sus decisiones políticas y económicas a las agendas de Washington.

2. Fragmentación política: Las alianzas inducidas desde el extranjero pueden profundizar divisiones internas y debilitar movimientos populares y democráticos auténticos.

3. Desestabilización regional: Intervenciones militares o presión diplomática generan tensiones que pueden escalar en conflictos abiertos.

4. Control de recursos: El caso venezolano demuestra que la principal riqueza estratégica (el petróleo) puede convertirse en un vector de control geopolítico, privatizando, de facto o de iure, los recursos de naciones enteras.

5. Normas internacionales debilitadas: La violación de la carta de la ONU y la utilización de pretextos ambiguos generan un precedente peligroso para el derecho internacional.

La unidad latinoamericana como respuesta

La lección fundamental que América Latina debe extraer de esta nueva fase de expansionismo es que ningún país aislado podrá enfrentar por sí solo la presión de una superpotencia global. La respuesta debe ser colectiva y estratégica:

  • Fortalecimiento de organizaciones regionales como la CELAC y la UNASUR, con independencia de influencias externas.

  • Cooperación en defensa, economía y diplomacia, con iniciativas conjuntas frente a sanciones y presiones.

  • Promoción de mecanismos de integración económica que reduzcan la dependencia de Estados Unidos y de instituciones financieras que imponen condicionamientos.

  • Construcción de una narrativa geopolítica propia, basada en la soberanía, el respeto mutuo y la cooperación Sur-Sur.

Conclusión

La amenaza imperialista del siglo XXI no siempre se presenta con banderas y ejércitos coloniales a la vista. Estados Unidos ha demostrado que puede concebir nuevas formas de dominación — militares, económicas, políticas — que buscan integrar pueblos enteros bajo su órbita de influencia. Esta nueva fase, aunque distinta en método al colonialismo británico, persigue fines similares: controlar recursos, subordinar gobiernos, dictar agendas regionales y preservar la hegemonía global.

Para América Latina, la defensa de la soberanía significa resistir estas tentativas de control y construir una alianza sólida entre nuestros pueblos y gobiernos. Solo desde la unidad estratégica — sin renunciar a nuestros valores, culturas, historias y aspiraciones — podremos garantizar que el futuro de nuestra región lo decidamos nosotros, y no las potencias extranjeras.

Esta lucha no es solo geopolítica: es una lucha por la dignidad de nuestros pueblos, por el derecho a decidir nuestro propio destino y por la justicia en las relaciones internacionales.

 

dfonsecaperiodista@gmail.com

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