La “Paz Americana” y el negocio de la reconstrucción

Domingo, 08/02/2026 09:29 AM

Nos acercamos a cumplir cuatro años (24 de febrero del 2022) desde que el tablero euroasiático estallara en llamas. Para la narrativa corporativa occidental, este aniversario es una oportunidad para ensalzar la "resiliencia democrática". Aunque la realidad es más cínica: estamos ante la culminación de un proceso de acumulación por desposesión orquestado desde Washington.

Mientras se filtran detalles de una supuesta "negociación de paz" liderada por los Estados Unidos en Abu Dabi, es imperativo preguntarse: ¿De quién es la paz que se está negociando? O ¿ Conviene mantener la guerra en Ucrania?

El imperio no negocia la paz por filantropía, sino por fatiga de materiales. Tras 48 meses de inyectar miles de millones de dólares en el complejo militar-industrial, Washington ha detectado que el rendimiento marginal de la guerra está decreciendo. Las "negociaciones" actuales no buscan la soberanía ucraniana, sino la cristalización de tres beneficios fundamentales para el proyecto unipolar:

El Pivot hacia el Indo-Pacífico: El Pentágono necesita cerrar el frente europeo para concentrar su maquinaria de guerra contra China. La paz en Ucrania es, en realidad, un reordenamiento de tropas hacia el estrecho de Taiwán.

La Captura de Recursos: Se discuten planes de "reconstrucción" que no son otra cosa que la entrega de las tierras negras (chernozem) y los depósitos de litio ucranianos a fondos de inversión como BlackRock y JPMorgan. La paz es el contrato de exclusividad para que las transnacionales estadounidenses gestionen los restos del Estado ucraniano.

La Dependencia Energética Europea: Con el Nord Stream destruido y la relación Rusia-UE fracturada, Washington ha logrado su objetivo histórico: sustituir el gas barato ruso por el costoso gas de esquisto (fracking) estadounidense, garantizando el vasallaje económico de Bruselas por las próximas décadas.

Es importante destacar con alarma reflexiva, el cómo se pretende legitimar una "congelación del conflicto" que ignora las causas estructurales (la expansión de la OTAN) y prioriza la creación de un protectorado de facto.

Lo que Washington llama "garantías de seguridad" es, en términos jurídicos, la instauración de una base militar permanente sin necesidad de una membresía formal en la OTAN, pero manteniendo el control del territorio.

Esta "paz" que se cocina en 2026 no es el fin de la agresión, sino el inicio de una ocupación financiera. El imperio está "negociando" la forma de retirar sus activos militares mientras asegura sus activos económicos.

A cuatro años del 24 de febrero de 2022, el mayor perdedor no es solo la soberanía del pueblo ucraniano, sino la posibilidad de un orden mundial multipolar basado en el respeto mutuo y no en la bota del capital financiero.

No nos engañemos: cuando el imperio habla de paz, está revisando sus libros de contabilidad.

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