Vivimos una realidad distinta

Jueves, 05/02/2026 05:45 AM

"La transición no es un paso hacia la democracia; es el puente hacia la entrega de los recursos estratégicos y la pérdida total de la independencia política."

Desde aquel fatídico 3 de enero, el mapa geopolítico de nuestra región no solo ha cambiado; se ha fracturado bajo el peso de una ofensiva imperial que desafía toda lógica del derecho internacional. Lo que hoy presenciamos en Venezuela no es una "crisis política" convencional, sino una operación de ingeniería de régimen ejecutada con una brutalidad quirúrgica. 

El secuestro y la detención ilegal de la pareja presidencial no representan solo un ataque contra dos individuos, sino un atentado directo contra la soberanía nacional y la voluntad popular expresada en las urnas.

La instauración de una figura de "presidenta encargada" no es más que el reciclaje de un guion agotado, pero ahora reforzado con una agresividad militarista. Desde la perspectiva del multilateralismo crítico, estamos ante la anulación de la autodeterminación. Se intenta normalizar lo que en cualquier otra parte del mundo se llamaría, sin ambages, un golpe de Estado trasnacional.

Esta figura no responde a las instituciones venezolanas, sino a los dictámenes del Departamento de Estado, funcionando como una pantalla administrativa para justificar el despojo de activos y la intervención de la estructura estatal.

El imperio ha diseñado una hoja de ruta que intentan vender al mundo como un proceso "democrático", pero que para cualquier analista de la geopolítica antiimperialista resulta en una trampa de tres etapas claramente definidas:

  1. La Desestabilización y Captura: Iniciada con el secuestro del Ejecutivo para generar un vacío de poder controlado.

  2. La "Transición" Injerencista: Una etapa extremadamente peligrosa donde se busca desmantelar las bases del Estado social y de justicia, sustituyendo la institucionalidad soberana por organismos tutelados desde el exterior.

  3. La Consolidación del Gobierno de Derecha: El objetivo final es establecer un gobierno dócil a los intereses corporativos de Washington en un "plazo prudente", para luego convocar a unas elecciones a medida en donde la verdadera opción popular ya haya sido proscrita o asfixiada.

Frente a esta "realidad distinta", el mundo multipolar observa con cautela y resistencia. La soberanía no es negociable en mesas de diálogo impuestas bajo presión. Mientras el imperio busca imponer la unipolaridad mediante el secuestro de mandatarios, los pueblos del mundo entienden que lo que está en juego en Venezuela es el precedente para cualquier nación que decida no arrodillarse.

Vivimos una realidad distinta, sí. Una donde el enemigo ya no se oculta tras sutilezas diplomáticas, sino que actúa paradójicamente, por un lado, quiere mantener la imagen de ser el país “más fuerte” de todo el planeta tierra, y por el otro lado, actúa con la desesperación de un imperio que ve cómo el control global se le escapa de las manos. 

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