Introito
Inevitable apelar al acervo que guardo en mi alma repleta de canciones. Los versos proféticos del pesimismo tanguero enseñan mucho de la condición humana, indistintamente de los desfaces ideológicos y temporales que se atraviesan: “La indiferencia del mundo, que es sordo y es mudo…” (Enrique Santos Discépolo, tango Yira)
Había publicado el 17 de septiembre de 2025 el texto PELIGROSO MOMENTO SUBJETIVO: EL FIN DEL HUMANISMO, tema que deseo seguir desarrollando por la necesidad interior que me impulsa a compartir mis reflexiones, tal vez en busca de unos iguales para la resistencia que obliga nuestra dignidad bolivariana.
(https://yldefonsofinol.
Y, aunque debería estar enfocado en la herida patriótica que nunca sanará después de la emboscada gringa del 3 de enero del año en curso, estoy pensado en Palestina, porque el genocidio “en vivo y directo” ejecutado por el sionismo contra la población indefensa en Gaza, y los planes banales del grupo Trump-Netanyahu de convertir la martirizada franja de esa ancestralidad árabe en un centro comercial turístico para la elite global, representan la más aberrante expresión de maldad y cinismo de la especie humana.
Para los perpetradores de tales crímenes imperdonables, la vida del otro es un estorbo para sus negocios. La avaricia y ambición de hegemonía los empuja a un juego macabro donde masacrar pueblos enteros, oprimir multitudes, desechar personas, destruir la convivencia, lucrarse de la guerra, subyugar al prójimo, son solo jugadas en la orgía de los capitalistas antropófagos y sus matones, proxenetas y siervos a sueldo.
La última vez que un premiado entregó su Nobel a otra persona, fue el escritor noruego Knut Hamsun, que le dio su presea al jefe propagandista nazi, Joseph Goebbels, en 1943. Ahora, una fascista subalterna, arrastrando sus carnes sin alma, regaló su -extraño- premio Nobel a otro nazi: su patrón imperialista. “La historia se repite, primero como tragedia, luego como farsa”, dijo Marx en El 18 Brumario de Luis Bonaparte (1852).
I
Nos conmovemos y hacemos propio el legado ético de José Martí: “El amor, madre, a la patria, no es el amor ridículo a la tierra, ni a la yerba que pisan nuestras plantas; es el odio invencible a quien la oprime, es el rencor eterno a quien la ataca.”
(Fragmento del poema Abdala, 23 de enero de 1869)
La madrugada del 3 de enero, más de 150 aeronaves, incluyendo bombarderos, cazas, plataformas de inteligencia y vigilancia, fueron lanzadas desde veinte bases terrestres y marítimas contra Venezuela, según el general de la Fuerza Aérea Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos. (Más algún arma desconocida, según se jactó Trump).
Par de meses antes, el imperialismo gringo desplegó en el Mar Caribe la IV Flota, con portaviones y submarinos nucleares, que involucran entre doce y quince mil efectivos militares (gubernamentales y contratistas privadas), haciendo puntería contra lanchas desarmadas de pescadores y marineros diversos, con el falaz argumento de la lucha contra el narcotráfico, 80% del cual les llega a sus calles (EEUU) por el Océano Pacífico, la mayoría proveniente del Ecuador fascistoide de Noboa Azin.
Pero la avasallante guerra cognitiva desarrollada por la transnacional antibolivariana, ya había impuesto el relato del “Cartel de los Soles” e imaginarias bandas delictivas con “millones” de integrantes “enviados” por Venezuela. Estigmatizaron una migración que ellos mismos provocaron.
Secuestraron al presidente Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores, dejando más de un centenar de héroes y mártires, cuya sangre regó la historia de sacrificios y epopeyas de nuestra estirpe bolivariana y martiana. Venezuela es hoy un país secuestrado, bajo el chantaje extorsivo de los asquerosos secuestradores. Su superioridad bélica no hace sino aumentar su minusvalía moral. Porque aquí no hay lugar para la claudicación y la rendición.
II
En un entorno adverso, por la presencia de gobiernos de derechas que son agentes sumisos del imperialismo (fascistas subalternos), y otros que se dicen “progresistas”, tibios y cobardes, se prestaron a aislarnos con desplantes y vetos, que le enviaban un mensaje fatal al enemigo estratégico de nuestros pueblos. Sin duda, esa correlación política dio luz verde a las pretensiones yanquis. Algunos llegaron a la complicidad cediendo su territorio como base para el lanzamiento del ataque del 3 de enero.
Nos toca resistir con toda la energía, la paciencia, la inteligencia, la estrategia, y con el mayor rencor contra el enemigo que mancilló nuestra Patria y que insistirá en recolonizarnos.
La reserva patriótica del pueblo bolivariano está herida, hay un dolor profundo, desasosiego, rabia contenida, perplejidad, indignación. Pero no nos engañemos, también hay gente atrapada por la pérdida de soberanía espiritual, producto de la guerra cognitiva, con una deformación malsana de su capacidad sentipensante, que es presa útil del plan enemigo.
Es éste un tiempo de mucho diálogo, mucha conversación, mucha comunicación luminosa y constructiva, en todos los espacios, territoriales y sectoriales, en los hogares, vecindarios, centros de trabajo y estudio; masificar la reflexión guiados por el pensamiento del Libertador, no incurramos en el error de querer “normalizar” la peor coyuntura, la más sanguinaria afrenta como país soberano en lo que va del siglo XXI.
III
Nuestra principal arma es la unidad. En primera instancia la unidad bolivariana como núcleo de la conducción esclarecida de la sociedad. Cerrar filas al lado de la Presidenta encargada Delcy Rodríguez, leal y valiente compañera, en el objetivo fundamental de sostener la estabilidad, la gobernanza nacional, la soberanía nacional-popular, la territorialidad integral, los derechos ciudadanos y la prioritaria liberación del Presidente Maduro y la diputada Cilia Flores para que retornen a nuestra Patria sanos y salvos a seguir construyendo un futuro colectivo digno e irreversible.
A los pueblos del mundo, especialmente a los hermanados en historia de la América mestiza y el Caribe (a Cuba nuestra vida si la requiere), agradecerles los múltiples y masivos gestos de solidaridad, y reiterar el llamado a la unión frente al proyecto de opresión que representa el fascismo imperialista global, el reino del desamor, encarnado en la repugnante figura del delincuente de lesa humanidad y criminal de guerra Donald Trump.
No perdamos de vista las pugnas inter-capitalistas e inter-imperialistas, y las antagónicas contradicciones de éstos y el surgimiento del mundo multipolar, cuyas tensiones pueden llevarnos a una conflagración de alcance planetario. Tampoco ignoramos la expresión xenófoba, racista y aporofóbica, de este nuevo fascismo en el propio territorio estadounidense, donde la represión brutal contra la población migrante -el enemigo interno- desenmascara la verdadera esencia odiadora y asesina del sistema.
En Venezuela seguiremos resistiendo con la mayor entereza como lo hicieron las huestes bolivarianas en todas las derrotas parciales que sufrieron, y tras las cuales, emergían con más bríos y fortaleza para lograr la Independencia. Desde entonces sabemos que somos “el pueblo de las dificultades” y que “el gran poder está en la fuerza irresistible del amor”.
¡Venceremos!