3 de enero del 2026: Acto de Guerra

Martes, 03/02/2026 05:30 AM

La historia de la infamia imperialista ha sumado un capítulo que desborda cualquier precedente de la diplomacia moderna. El secuestro del presidente constitucional de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, ejecutado durante la agresión militar del pasado 3 de enero, no es solo un crimen de lesa humanidad que dejó tras de sí el luto de más de un centenar de mártires entre venezolanos y cubanos; es, en términos jurídicos y existenciales, el acta de defunción del orden internacional basado en reglas.

Desde Moscú, la advertencia del vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso, Dmitri Medvédev, resuena como una denuncia y un alerta con una lógica jurídica implacable que en Occidente pretenden ignorar: el "robo" de un jefe de Estado es, por definición, un casus belli. 

Lo ocurrido el 3 de enero no fue una "operación de extracción" ni una "restauración democrática"; fue una agresión armada unilateral contra una nación soberana. Según la Convención de Viena y los principios fundamentales de la Carta de las Naciones Unidas, la figura de un Presidente goza de inmunidad absoluta. Al violentar esta norma, Estados Unidos ha dinamitado los puentes de la diplomacia global.

Como bien ha señalado Medvédev, el sistema de relaciones internacionales ha sido destrozado. Si aplicáramos la misma lógica a Washington —planteando el hipotético caso de que una potencia extranjera secuestrara a Donald Trump— la respuesta estadounidense sería, sin duda, el despliegue de su arsenal nuclear. La doble moral del imperio hoy se manifiesta como una patología geopolítica que amenaza la paz mundial.

Para el pueblo venezolano y para quienes defendemos la soberanía, este acto de guerra busca algo más que un cambio de gobierno: busca la aniquilación del Estado-Nación, un protectorado o un nuevo Estado Libre Asociado, para reconfigurar el llamado patio trasero del imperio estadounidense.

Entre las consecuencias de éste “particular 3 de enero”, nos encontramos con:

Violación de la Inmunidad: Se ha ignorado el estatus de un mandatario electo.

Terrorismo de Estado: La agresión dejó daños materiales incalculables y, lo más doloroso, una masacre de civiles que el mundo no puede olvidar.

Precedente Peligroso: Si el derecho internacional no puede proteger a un presidente, nadie está a salvo de la arbitrariedad de la Casa Blanca.

La comunidad internacional se encuentra ante una encrucijada. El silencio es complicidad. Caracas tiene el derecho legítimo (consagrado en el Artículo 51 de la Carta de la ONU) a la legítima defensa ante lo que es: un acto de guerra flagrante. 

La solidaridad de aliados estratégicos como Rusia y China, reafirma que el mundo ya no es el patio trasero de nadie. 

 

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