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Venezuela y la nueva Doctrina Monroe

Lunes, 02/02/2026 06:14 AM

La Doctrina Monroe (1823) y Venezuela han mantenido una relación histórica compleja, evolucionando desde un apoyo defensivo de EE.UU. contra Europa en 1895 hacia una justificación para la intervención directa. En 2026, la administración Trump, ha reinterpretado esta doctrina como un "corolario" para asegurar la hegemonía y recursos energéticos en Venezuela. La lógica indica que el poderoso y soberbio EE.UU. entendió bien tarde su crisis energética y además se equivocó en la táctica para lograr petróleo venezolano, para su industria de refinación. La doctrina Monroe, es una postura que se opone al colonialismo europeo, en el hemisferio occidental. Sostiene que cualquier intervención en los asuntos políticos en el continente de América, por parte de potencias extranjeras de otros continentes es un acto potencialmente hostil contra los Estados Unidos. La doctrina fue clave para la estrategia estadounidense en el siglo XX.    

La operación militar estadounidense, realizada el pasado 3 de enero 2026 que culminó con el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de la Diputada Cilia Flores en suelo venezolano, no fue un desvío táctico ni una decisión aislada. Fue la primera ejecución pública del "Corolario Trump", tras el despliegue caribeño. Lo cual no niega la crisis energética que vive hoy EE.UU. El presidente estadounidense James Monroe articuló por primera vez la doctrina el 2 de diciembre de 1823, durante su séptimo discurso anual sobre el Estado de la Unión, ante el Congreso de los Estados Unidos .   En ese momento, casi todas las colonias españolas en América habían logrado o estaban cerca de la independencia. Monroe afirmó que el Nuevo Mundo y el Viejo Mundo seguirían siendo esferas de influencia claramente separadas, hay quienes opinan que la Doctrina Monroe, surgió inicialmente para enfrentar a la vieja Europa. 

El capitalismo estadounidense, ya no genera valor principalmente en la esfera productiva, en su lugar lo hace mediante especulación financiera. Pero esa ficción requiere reapropiarse de espacios reales de riqueza material para sostenerse. Venezuela, con oro, coltán y múltiples minerales, biodiversidad y soberanía energética representa un territorio de rescate ontológico. Al retener valor en lugar de entregarlo según la lógica predatoria, se convierte en un obstáculo estructural que debe reintegrarse al circuito imperial, por la fuerza si es necesario. El caso venezolano, en este sentido, se hace ejemplarizante. Venezuela, al ser considerado "funcionalmente ilegítimo" por no alinearse con el orden imperial, es tratado como un Estado. Excluido del Derecho Internacional efectivo, sujeto a coerción sin que ello se considere agresión y expuesto a la violencia del poder hegemónico sin acceso a los mecanismos de protección que rigen para los Estados.

Si Venezuela, logra sostener su autonomía, otros países podrían imitarla. Por eso el cerco militar en el Caribe, y los hechos del pasado 3 de enero 2026, han buscado demostrar que ningún Estado hemisférico puede existir fuera de la órbita funcional estadounidense. La operación de ataque militar y secuestro presidencial en suelo venezolano, fue un mensaje simbólico y práctico: quien se resista será tratado como anomalía sistémica, no como interlocutor legítimo. Lo nuevo es el descaro, la ausencia de una mínima justificación legal, o siquiera el esfuerzo de enmarcar las acciones en alguna interpretación del derecho internacional, por torcida que sea. Nada de hablar de democracia, libertad o derechos humanos, para millones de venezolanos. Una intervención militar de Estados Unidos en América Latina, no es novedad. Al contrario, es una práctica que responde al principio más permanente que ha ordenado las relaciones en el continente americano. 

 

 

 

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