Las mil caras de la camaleónica

Domingo, 01/02/2026 06:53 AM

No les voy a mentir. Delcy Rodríguez me intriga y fascina a la vez, no precisamente porque la admire. Dios me libre de tal salvajada. Me fascina porque es camaleónica, despiadada y maquiavélica. Respira traición y mentira a tal punto que sospecho, ya olvidó cuál de sus mentiras era la verdadera; además hay que reconocerle cierto talento, el de manejar simultáneamente tantas mentiras contradictorias sin volverse loca. Es un don horrible, sí, pero un don al fin.

Solo imaginen el panorama silencioso, denso y sombrío de la sala, aquel cinco de enero posterior a la captura de Maduro, sentada en Miraflores dirigiendo su primer gabinete como presidenta interina. Los ministros la observan, algunos con evidente miedo, miradas esquivas y recelo. Pero todos, absolutamente todos pensando exactamente lo mismo: ¿Cuándo me toca a mí?

Delcy no es una persona, sino un catálogo de personajes. A Washington le sonríe y es sumisa. Fíjense que Trump la ha considerado “una persona fantástica y maravillosa” tras algunas conversaciones telefónicas entre ambos la ha calificado de “excelente”, mientras que Marco Rubio que ha dedicado gran parte de su carrera política pidiendo la cabeza del chavismo ahora negocia con ella como quien siempre supo que este día llegaría. 

Y con toda razón esperaba que llegara el día, ya que esa relación con Trump empezó en 2017 cuando Delcy, para entonces canciller de la república dirigió a CITGO a donar medio millón de dólares para la ceremonia de investidura de Trump. Mientras el pueblo se moría de hambre, en la que ha sido probablemente la época más obscura para los venezolanos, con cinismo absoluto le mandaba dinero al mismísimo Trump. Y ahora él dice: “Hemos trabajado muy bien con ella” No dijo “empezamos a trabajar”. Dijo que ya lo hacían, tiempo pasado. 

La cara de Delcy a sus ministros

A sus ministros, la astuta interina les cuenta la mentira de los quince minutos, sobre la cual alega, que después de la captura de Maduro, Estados Unidos les dio un ultimátum para colaborar o morir. Esta trama es genial y perfecta para victimizarse, y verse obligada a claudicar bajo amenaza mortal. Los ministros asienten, aplauden y toman notas. Pero en sus ojos hay otra cosa, pánico existencial y la certeza aterradora de que si ella donó medio millón de dólares a Trump mientras servía a Maduro, si cultivó esa relación durante años a espaldas de su jefe y además negoció su extracción, entonces ninguno está a salvo en esa sala.

La cara de Delcy con su hermano

A su hermano Jorge, probablemente no le miente, o le miente menos. Los hermanos siniestros tienen algo en común, son muy astutos y además los une algo que va más allá de la lealtad familiar: saben sobrevivir negociando con quien sea necesario. Me los imagino en privado, en alguna mansión lujosa de Caracas, tomando whisky importado en copas de cristal, con risa macabra. O quizás ya ni siquiera eso, dada la complejidad del asunto. Quizás ya simplemente calculan bajo silencio, sin culpa, nostalgia o algo de humanidad.

 

La cara de Delcy con Diosdado

Al matón deslenguado como suele llamarlo Jaime Bayly, le muestra una cara calculadora y fría. Delcy sabe que Diosdado tiene a los militares y a los colectivos y Diosdado sabe que Delcy tiene a Washington. Es un duelo silencioso, un juego de ajedrez. Él prometió lealtad pública, ella le sonríe en las reuniones. Pero ambos entienden perfectamente que, en este panorama, la lealtad vale exactamente lo que Estados Unidos esté dispuesto a pagar por ella. Y Diosdado, que no es tonto y que ha sobrevivido décadas en este infierno, ya reforzó su seguridad personal. Por si acaso.

La cara de Delcy al pueblo venezolano y los “Chavistas”

A estos, les miente con cinismo, descaro y sin el menor pudor. En días recientes, la hemos visto exclamando: ¡Ya basta de las órdenes de Washington sobre los políticos en Venezuela! ¡Ya basta de potencias extranjeras! la misma que está recibiendo órdenes directas, sobre reformas petroleras, ley de amnistía general para los presos políticos y el cierre del Helicoide. En una misma semana, en el mismo discurso prácticamente, grita ¡Basta de Washington! Mientras minutos después conversa con Trump vía telefónica. Parece absurdo, pero es obscenamente real. Por otra parte, a los “hijos de Chávez” que sí creyeron, y que se han tragado el cuento todos estos años les miente con mayor saña. Les dice que esto era inevitable, que fueron forzados, y algunos pocos todavía le creen. 

Pero también se miente a sí misma

También está obligada a mentirse. Necesita hacerlo, porque a mi modo de ver, absolutamente nadie, puede vivir sabiendo que traicionó, vendió, entregó a todos sin justificarse y sin racionalizarlo. Y yo me pregunto, con genuina curiosidad ¿cuál es su verdadera cara? (Ninguna y todas a la vez). Delcy Rodríguez es pura supervivencia, no tiene ideología, ni mucho menos principios, no tiene alma, solo mentiras en capas, mentiras sobre mentiras. 

Cuando la veo dar discursos siento lástima, porque ganó el poder, salvó su pellejo y negoció su supervivencia. Pero perdió algo irreparable: la capacidad de ser una sola persona. De reconocerse al espejo sin tener que elegir primero cuál de sus mil caras ponerse esa mañana.

Y eso, créanme, es una condena peor que cualquier juicio en Nueva York.

 

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